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Consejo Minero ganó premio Avonni 2013

El CCM -el primer Consejo de Competencias del país- y el desarrollo de sus inéditos productos marcan un cambio de paradigma en la vinculación del mundo productivo con el mundo de la formación para el trabajo.

(Consejo Minero) En ceremonia realizada al fin de la tarde de ayer, el Consejo de Competencias Mineras (CCM), del Consejo Minero, obtuvo el Premio Nacional de Innovación Avonni 2013. Lo hizo en la categoría Minería y Metalurgia, aunque se reconoce que su innovación tiene un alcance que trasciende ampliamente a esta industria y que constituye un aporte de fondo al mejoramiento de la educación técnico-profesional en el país.

El CCM -el primer Consejo de Competencias de Chile- y el desarrollo de sus inéditos productos marcan un cambio de paradigma en la vinculación del mundo productivo con el mundo de la formación para el trabajo. Esta iniciativa surgió a partir de la constatación de que la educación técnico-profesional no prepara cuantitativa ni cualitativamente el capital humano que la minería necesita para expandirse y aumentar su productividad.

La innovación consiste en haber creado un sistema colaborativo que da señales (estándares, herramientas) desde la industria minera al mundo de la formación para el trabajo, para que prepare profesionales y técnicos en perfiles críticos, con las competencias y en la cantidad que se requieren. Trabajan en ello 11 empresas de la gran minería, en colaboración con otras compañías del sector minero, con proveedores, con el mundo de la educación y con el sector público. La Fundación Chile desempeña un rol relevante como asesor experto.

“Recibimos este premio con gran alegría, como reconocimiento al trabajo conjunto e innovador de la gran minería, al alero del Consejo Minero, orientado a generar en Chile una vinculación sistémica entre el mundo productivo y el de la formación técnico-profesional”, señaló Joaquín Villarino, Presidente Ejecutivo del Consejo Minero. “La obtención del premio Avonni, que este año tiene el carácter de Premio Nacional de Innovación, es un importante incentivo a que sigamos trabajando en esta línea, para formar personas con alta empleabilidad, en este caso, en minería, para beneficio del sector y del país en general”, agregó.

Nunca antes una industria en Chile había publicado información agregada, sistematizada, actualizada y detallada sobre requerimientos proyectados de capital humano por perfiles de cargos; o definido y comunicado las competencias laborales requeridas para desempeñarse en los procesos medulares de su cadena de valor; ni explicitado conocimientos, habilidades y rutas de aprendizaje para el desarrollo laboral de sus trabajadores. Las herramientas para entrenamiento y certificación del CCM son también innovadoras, dado que se basan en mejores prácticas internacionales, son adaptadas a la realidad chilena y se agregan elementos locales.

Creación de valor compartido

El CCM es un caso emblemático de creación de valor compartido. Bajo este modelo, los centros de educación y capacitación pueden mejorar la calidad de la formación para los interesados en desempeñarse en el sector; se optimiza el uso de los recursos invertidos en educación y capacitación, tanto por parte de las familias como del Estado y de las empresas; se incrementa la empleabilidad de los egresados; y se amplían las oportunidades para que personas vulnerables, mediante becas focalizadas del Estado y de algunas empresas, aprovechen al máximo las oportunidades laborales que genera el desarrollo minero. Y gana también el sector minero, porque logrará saldar la brecha de capital humano que existe para las mineras y sus contratistas, con la calidad y en los tiempos requeridos.

La alternativa a este trabajo colaborativo era buscar soluciones por empresa ante la escasez de capital humano bien calificado, formando o complementando la formación de sus propios trabajadores. Algunos esfuerzos de capacitación individuales son compatibles con el CCM, pero ese tipo de formación disgregada resulta sistémicamente ineficiente e insuficiente para solucionar el problema de base, porque no crea necesariamente la masa crítica de personas calificadas que la industria requiere, ni contribuye a una oferta robusta y de clase mundial de enseñanza técnico-profesional para minería y, por extensión, para otras industrias del país.

El modelo del CCM, que está siendo ahora replicado por otros sectores productivos, es compatible con la competencia entre las empresas por atraer y contratar a los egresados adecuadamente preparados.

Fuente / Consejo Minero

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