(El Mercurio) Con la reforma laboral en plena vigencia y el precio del cobre al alza, las grandes compañías mineras del país enfrentarán este 2018 su annus horribilis en materia de negociaciones colectivas. Hay 33 procesos agendados para este año, el doble que en el ejercicio anterior y el mayor número de negociaciones abiertas en la década.

En 2017 se realizaron en total 16 tratativas laborales en esta industria, la más relevante en términos de aporte al PIB. “El año 2018 se producirá un importante número de negociaciones colectivas en la industria, aunque no todas ellas involucran una gran cantidad de trabajadores, siendo la de Escondida una de las más importantes”, destaca el gerente de estudios del gremio Sonami, Álvaro Merino.

La cantidad de procesos colectivos previstos para 2018 también se dispara si se los compara con las tratativas que vendrán en los siguientes años. Para el venidero, el Consejo Minero prevé 20 negociaciones colectivas y otras 15 para 2020, además de ocho para 2021.

En el caso de Escondida, esta firma operada por BHP protagonizó en 2017 la huelga más extensa de la historia reciente en el sector, lo que incluso afectó la economía nacional, al contraer el Imacec en 1,3% en febrero y costar al país US$ 800 millones en exportaciones. Y como no se llegó a acuerdo, la negociación colectiva se volverá a producir a mediados de este año.

Negociar con el precio al alza

Los años anteriores fueron marcados por la crisis en la industria y por una menor conflictividad laboral. “Las negociaciones laborales entre 2015 y buena parte del 2017 se dieron mayoritariamente en un tono conservador, pues la profunda caída del precio (del cobre) después del largo ‘superciclo’, generó un fuerte impacto en los resultados de las compañías mineras y en las expectativas futuras”, explica Juan Carlos Guajardo, director ejecutivo de la consultora PlusMining. Detalla que muchos convenios se firmaron cuando la cotización del cobre estaba en baja y por ello se suscribieron por períodos cortos para, precisamente, volver a negociar cuando el precio subiera.

En este contexto de vacas flacas, los trabajadores fueron convocados a realizar un esfuerzo que ayudara a ajustar los resultados económicos de las empresas y de una u otra forma eso se alcanzó, opina este analista. Basta recordar que el presidente ejecutivo de Codelco, Nelson Pizarro, arengó en 2016 a los trabajadores de la estatal a hacer un esfuerzo porque “no hay un puto peso”.

Pero el escenario cambió. Desde el 25 de julio de 2017, el metal rojo superó los US$ 2,8 por libra -un precio sobre el cual incluso las mineras más ineficientes generan utilidades-, y al cierre de esta semana registró una cotización de US$ 3,25 por libra, 16% más que en julio pasado.

“Es esperable que ante esta nueva realidad del mercado y las correspondientes mejorías en los resultados de las compañías mineras, regresen mayores expectativas del mundo laboral minero”, señala Guajardo.

Y agrega: “Las expectativas de los trabajadores serán mayores y las compañías mineras intentarán mantener los costos bajo control, por lo que las negociaciones serán más intensas. Pero queda por ver el efecto de la reforma laboral, que aseguró el piso de los beneficios a los trabajadores y, por ende, las negociaciones podrían acotarse a incremento salarial y bonos”.

En las empresas mineras, apuestan a la responsabilidad. “Estamos confiados en que los trabajadores actuarán con realismo y moderación en estos procesos de negociación”, sostiene a su turno Álvaro Merino, de Sonami. “Si bien el precio del cobre ha experimentado una importante alza en el último año, aún su cotización sigue siendo volátil y, por lo tanto, hay que actuar con cautela”, agrega.

Joaquín Villarino, presidente ejecutivo del Consejo Minero, espera que en los procesos de negociación colectiva que tendrán lugar este año “las partes actúen con la altura de miras que exige un sector cuyas relaciones laborales pueden ser un ejemplo a imitar por los demás sectores productivos del país”. E insta a “anticiparse a las negociaciones y preparar un clima de confianza mutua”.

Sueldos 74% más altos que el promedio del país

La gran minería es el sector que mejores sueldos paga en Chile. Si el ingreso imponible mensual en Chile durante 2017 se sitúa en los $ 741.000, en la minería esa cifra es 74% más alto , es decir, cada minero impone por $1.292.000. Esa cifra es mucho mayor en realidad, acotan las empresas, porque hay beneficios en salud, educación y vivienda que no son parte del ingreso, además de bonos. De hecho, los mineros de Escondida ganan en promedio $ 3,3 millones al mes y con beneficios logran hasta $4,4 millones, según el convenio colectivo aún vigente.

Juan Carlos Guajardo hace ver que los sueldos de los trabajadores chilenos de la gran minería “no son muy diferentes de los países mineros desarrollados, en rangos de diferencias de 10% aproximadamente”, pero que donde los mineros chilenos están en déficit respecto de sus pares internacionales es en productividad.

“Las cifras de la Comisión Nacional de Productividad chilena son claras. Los trabajadores mineros chilenos tienen rendimientos menores en comparación a otros países mineros. En promedio, las operaciones mineras internacionales realizan la misma labor en 37 horas-hombre, menos que el promedio nacional, que es de 67 horas-hombre”, sostiene.

Esto se explica principalmente porque en Chile hay muchos “tiempos muertos” donde no se utilizan los equipos, pues la productividad de los trabajadores chilenos es similar a la internacional cuando el equipo está operando. Existe un desafío enorme de organización industrial y gestión, así como cultural, para mejorar la productividad minera en Chile, y en ello será necesario un entendimiento común entre trabajadores y empresas, señalan los expertos.

PARA EL AÑO VENIDERO, el Consejo Minero prevé 20 negociaciones colectivas y otras 15 para 2020, además de 8 para el 2021.

Adiós a la política de “no hay un puto peso”: Codelco cambiará los parámetros de los procesos

Cuando en agosto de 2016 el presidente ejecutivo de Codelco, Nelson Pizarro, dijo: “¡viejo, no hay un puto peso!”, en referencia a la política de control extremo de costos, marcó la pauta de cómo iban a ser las negociaciones colectivas de ese año y de los venideros: cero reajuste en los contratos y bonos de fin de conflictos modestos, de menos de $4 millones, es decir, el 40% respecto de los montos históricos. Pero el alza del cobre ya cambió este escenario. La estatal acaba de cerrar anticipadamente la negociación con el Sindicato Unificado de Trabajadores de Andina, con un bono final de $8 millones, aunque sin reajustes.

Según conocedores de la industria, es probable que la política de cero reajustes se revise y que los bonos suban, aunque no a los promedios históricos, que en algunas divisiones se acercaban a los $20 millones. Hay que considerar que en el año 2017, la cuprera estatal logró utilidades sobre los US$ 2.500 millones, lo que abrirá el apetito de los sindicatos.

Este año, Codelco tiene negociaciones en todas las divisiones. Pero el proceso más duro que viene es en El Teniente, donde vencen los contratos colectivos de Caletones, El Teniente, los sindicados 5 y 7, además de Sewell y el sindicato Mina Unificado. En total, más de 3 mil trabajadores estarán negociando su convenio en el mismo mes, octubre de 2018.

Daniel Sierra, vicepresidente de Recursos Humanos de la estatal, señala que aún restan 14 negociaciones colectivas en la cuprera. Y explica que la empresa, con la debida antelación, “prepara cada negociación colectiva y los equipos que representarán los intereses de la corporación ante los sindicatos”. Agrega que ya se han definido marcos de negociación que consideran los desafíos de competitividad de nuestro negocio y la realidad particular de cada división y que se validan oportunamente con el directorio. “Esperamos que los movimientos sindicales también asuman estos procesos con la misma seriedad que han manifestado hasta ahora”, dice Sierra.

Sindicato de Escondida se abre a negociar anticipadamente

Cuarenta y cuatro días de huelga enfrentaron los trabajadores de Minera Escondida el año pasado, en un proceso en el que no se llegó a acuerdo y obligó a extender el convenio colectivo hasta este año, que expira el 1 de agosto próximo.

El sindicato de la mayor faena cuprera del mundo y operada por BHP Billiton pedía, inicialmente, un reajuste de 7% de su salario, la mantención de los beneficios en salud, educación y vivienda para los trabajadores actuales y futuros, el respeto a los tiempos de descanso y un bono de fin de conflicto de $25 millones. Pero aunque bajaron sus aspiraciones, nunca acercaron posiciones con la empresa, en especial por el bono de fin de conflicto.

La movilización dejó esquirlas en todo el mundo sindical. Hace una semana, el sindicato de Minera Escondida decidió escindirse de la Federación Minera, que agrupa a los gremios de las grandes empresas privadas. Las razones esgrimidas son confusas, pero al interior de las organizaciones sindicales señalan que lo principal es el peso que tienen en el sindicato de Escondida los asesores legales externos -entre ellos, el abogado Marco López- y la posición más dialogante de otros dirigentes, como Gustavo Tapia, presidente de la Federación Minera, quien estima que los bonos de fin de conflicto no son el objetivo último de la negociación colectiva y que los trabajadores debieran aspirar a incorporar beneficios permanentes en educación, vivienda o pensiones.

Paralelamente, se está formando un nuevo sindicato de trabajadores escindido del Sindicato N° 1, dirigido por un ex dirigente, Pedro Marín. En los próximos días se sabría si tienen el quórum mínimo para erigirse como organización sindical en Escondida.

Más allá de esto, el presidente del sindicato N° 1 de Escondida, Patricio Tapia, señala que “estamos preparados tanto como para una negociación reglada como para una negociación anticipada con la empresa”. Respecto de las condiciones de reajuste y bonos, aún están en definición con las bases del sindicato.

En las próximas semanas se iniciarían los primeros acercamientos con la compañía en relación con la definición de servicios mínimos, que también suponen una negociación compleja.