Según el último Estudio de Fuerza Laboral en Minería de CCM-Eleva, la Generación Z (jóvenes nacidos entre 1997 y 2012) es la que muestra la menor brecha entre hombres y mujeres en la industria: 55,1% son hombres y 44,9% son mujeres, es decir 10,2 puntos porcentuales.
Sólo como punto de comparación, en el caso de la Generación X (1965 a 1980), la diferencia es de 75 puntos porcentuales, con 87,5% de hombres y 12,5% de mujeres, mientras que con los Baby Boomers (1946 a 1964) la distancia supera los 80 puntos porcentuales, con una participación de hombres del 91,5% versus 8,5% de mujeres.
El equilibrio que se ve hoy en los jóvenes es el resultado de años de cambios en la industria: políticas de inclusión, rediseño de roles, condiciones laborales y nuevas rutas de ingreso que han ampliado las oportunidades para que más mujeres se desarrollen en la minería.
Al respecto, Darling Carrasco, especialista en Diseño de Rutas para Operación Autónoma de Escondida en BHP, afirmó que en estos dos años trabajando en Escondida, ha podido ver de cerca cómo la inclusión y la diversidad se profundiza. “Hace más de una década se planteó el desafío de avanzar hacia el balance de género, cuando apenas el 7,3% de la dotación eran mujeres. Hoy somos el 44,3%, más de 1.700 trabajadoras en distintos roles, y cada vez es más común ver mujeres liderando equipos y tomando decisiones importantes”, dijo.
Cuenta, además, que su generación aporta una mirada innovadora a la industria minera, incorporando nuevas formas de pensar y colaborar que complementan la experiencia y los conocimientos de generaciones anteriores. “En mi rol como diseñadora de ruta, he visto como nuestra apertura al cambio y la confianza en el trabajo en equipo nos permiten abordar los desafíos desde perspectivas distintas, generando soluciones creativas y efectivas para una operación cada vez más tecnológica y dinámica”, agregó.
Esa dimensión tecnológica es clave. La incorporación de analítica de datos, automatización y operación remota dialoga naturalmente con el perfil de la Generación Z: jóvenes con habilidades digitales avanzadas, alta adaptabilidad y una fuerte búsqueda de propósito. La industria no solo atrae ese talento, se transforma a partir de él.
Este avance también responde a decisiones estructurales, afirman desde Teck. La compañía ha impulsado programas de aprendices, profesionales en entrenamiento y prácticas técnicas que permiten el ingreso temprano de jóvenes, muchas veces sin experiencia previa en minería, entendiendo que se necesitaba integrar nuevas miradas y eliminar barreras históricas de entrada y que hoy no solo las empresas seleccionan talento: los jóvenes también eligen organizaciones coherentes con sus valores.
En ese contexto, Sebastián Campos, gerente de Adquisición de Talento y Entrenamiento Latam de Teck, sostuvo que estos programas “permitieron renovar la fuerza laboral desde los primeros eslabones, abriendo puertas que antes simplemente no existían. Hoy es cotidiano recibir postulaciones de mujeres para roles operativos o de liderazgo, algo impensado hace una década”.
Además de su dominio tecnológico, esta generación está impactando la cultura organizacional. Promueve entornos más colaborativos, menos jerárquicos y con mayor apertura al aprendizaje continuo. Valoran la flexibilidad, el bienestar integral y la coherencia entre el discurso corporativo y las prácticas reales.