El cobre vuelve a ubicarse en niveles históricamente altos. A inicios de febrero, la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) elevó significativamente su proyección para 2026, situando el precio promedio en US$4,95 la libra, reconfigurando así el escenario económico del país.
En su “Informe de Tendencias del Mercado del Cobre” del cuarto trimestre de 2025, el organismo estima que la oferta mundial alcanzará 23,73 millones de toneladas en 2026 (2,2% más que en 2025) y 25 millones en 2027, con un crecimiento adicional de 5,4%. Chile mantendría el liderazgo global, con cerca del 24% de participación y volúmenes de 5,6 millones de toneladas en 2026 y 5,97 millones en 2027, equivalentes a incrementos de 3,7% y 6,4%, respectivamente.
Para 2026 se anticipa un déficit moderado de cobre refinado de 238 mil toneladas, mientras que en 2027 el balance pasaría a un leve superávit de 51 mil toneladas.
El impacto en las arcas fiscales
Uno de los impactos más inmediatos del alza del precio del cobre se observa en la recaudación fiscal asociada a la minería —incluyendo royalty e impuesto a la renta—, en la medida en que los mayores precios se traduzcan en utilidades más elevadas.
La vicepresidenta ejecutiva (s) de Cochilco, Claudia Rodríguez, explicó que “la recaudación fiscal tiende a aumentar cuando sube el precio del cobre, porque crece el valor de las ventas y, si los costos no suben en la misma magnitud, mejora la rentabilidad de las empresas. Por ello, el efecto depende de dos variables clave: el volumen producido y vendido (toneladas comercializadas) y el margen (precio menos costos). A igual producción, un mayor precio eleva ventas y utilidades, incrementando la recaudación por tres canales: impuestos generales a la renta (Impuesto de Primera Categoría y, según corresponda, tributación final), royalty minero, y aportes de Codelco vía excedentes/transferencias al Fisco”.
Este efecto se ve reforzado por el marco normativo vigente. En este marco, la Ley de Royalty Minero —vigente desde 2024—, establece para la gran minería un “esquema que combina un componente ad valorem (1% sobre ventas) y un componente sobre la rentabilidad con tasas progresivas, junto con un límite de carga tributaria (royalty + impuesto a la renta + impuestos finales) sobre la renta operacional minera. En términos simples, cuando el precio sube, aumenta la base sobre ventas y suele aumentar también la base sobre rentabilidad, por lo que el royalty y los impuestos a la renta tienden a crecer; si la producción cae o los costos aumentan significativamente, el efecto se atenúa”, agregó Rodríguez.
En términos prácticos, el impacto puede dimensionarse con cifras concretas. El gerente general del Consejo Minero, Carlos Urenda precisó que, “cada centavo de dólar adicional en el precio promedio anual de la libra de cobre aporta al Estado entre US$30 millones y US$50 millones”.
Sin embargo, el mayor flujo de recursos también abre el debate sobre su administración en el tiempo. Urenda advirtió que “esta situación de precios altos debe ser abordada con prudencia y visión de largo plazo, considerando el carácter altamente cíclico de los valores de los commodities y que también las empresas mineras enfrentan actualmente importantes alzas de costos”.
Oportunidades de inversiones
Más allá del efecto inmediato en la recaudación, el ciclo actual también incide en las decisiones estratégicas de las compañías.
El desafío para Chile es aprovechar este ciclo de precios altos con una mirada de largo plazo. La estabilidad regulatoria, un marco tributario claro y el buen uso de los recursos fiscales serán claves para transformar los mayores recursos derivados del cobre en inversión, desarrollo e innovación.
Daniela Desormeaux, directora de Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco), sostuvo que los altos precios del cobre “hacen más atractivos los proyectos mineros, ya que, al momento de realizar los análisis económico-financieros, permiten justificar iniciativas que se encontraban en el margen, especialmente aquellas con mayores costos operacionales. Si este escenario de precios se consolida como algo más permanente (como se estima, dadas las condiciones positivas del mercado), se transforma en un incentivo relevante para el desarrollo de nuevos proyectos”.
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