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¿Es un problema el leve cambio en la matriz exportadora de Chile en 30 años?

Si bien la apertura comercial iniciada a mediados de los 70 tuvo un efecto diversificador en un principio, las siguientes tres décadas reflejan una composición similar de la estructura de envíos nacionales, con el cobre mandando sin contrapeso.

(Pulso) Cada vez que el precio internacional del cobre sufre una caída importante en el mercado global, las alarmas se encienden de inmediato en nuestro país. Asimismo, en cada período en que el metal rojo aumenta su cotización, todos sacan cuentas alegres y se piensa en grande.

¿Por qué? No es una novedad que el cobre ha sido en las últimas décadas el producto más rentable de nuestro país, generando parte esencial de los ingresos fiscales de la nación. No en vano, es llamado ‘el sueldo de Chile’, considerando que somos el mayor productor del mundo de esta materia prima.

En ese sentido, si bien la reducción de aranceles iniciada en 1976, hasta llegar a uno parejo de 10% en 1979, tuvo un efecto diversificador en la composición de los envíos entre los años 70 y 80, con un surgimiento más importante del sector industrial (pasando de 14% a 33% de participación), lo cierto es que en los 30 años posteriores la matriz exportadora chilena no ha mostrado mayores cambios, manteniéndose muy concentrada en recursos naturales y, en particular, en cobre.

De acuerdo con el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco, esta situación es muy diferente de lo que ha ocurrido con otros países como Irlanda, en mayor medida, y México en menor, aunque asegura que no ha sido un problema sólo de nuestro país, sino que de Latinoamérica en su conjunto.

Este, a su juicio, es uno de los principales desafíos para el Chile que viene y para su camino hacia el desarrollo, por lo que ha advertido sobre la necesidad de avanzar hacia producciones de mayor valor agregado.

Al respecto cabe destacar que de acuerdo a los datos recogidos por Direcon, mientras en 1984 los envíos de cobre representaban el 45% del total, en 2013 ese porcentaje incluso avanzó, registrando un 52%.

En tanto, las exportaciones industriales mantienen una presencia similar, con 33% hace 30 años y 35% en la actualidad.

Asimismo, respecto a los productos, si bien algunos han cambiado su posición de relevancia según sus montos, entre los principales envíos siguen apareciendo los mismos bienes, como la celulosa, el hierro, y alimentos, además del cobre obviamente.

De todas formas, cabe destacar que de acuerdo a Direcon, el desempeño del sector exportador chileno en cuanto a valor ha sido excepcional, constituyéndose en uno de los motores del crecimiento del país, ayudando a sostener tasas de expansión del PIB incluso superiores al 6% durante un período prolongado.

Qué hacer y quién

En general, siguiendo la línea de Velasco, entre los expertos, si bien reconocen y celebran los beneficios que han significado los envíos cupríferos, advierten la necesidad de diversificar la estructura exportadora del país, aunque dicha visión tampoco es unánime.

Alejandro Fernández, economista y socio de Gemines Consultores, señala que “hay que aprovechar y seguir aprovechando, y está bien que así se haya hecho, las ventajas naturales que el país tiene en minerales, y particularmente en el cobre”.

Sin embargo, reconoce que “es una realidad que si uno analiza la evolución de la estructura exportadora desde que se abrió la economía en los años 70, la conclusión es que hemos avanzado muy poco y que sigue habiendo una estructura extremadamente cargada hacia los recursos naturales y con baja agregación de valor”. El peligro de ello, a su juicio, es que “en la perspectiva de pretender llegar a ser un país desarrollado, eso es claramente insuficiente e inadecuado”.

Comparte el diagnóstico Joseph Ramos, economista de la Universidad de Chile, quien sostiene que “si bien algo de diversificación ha habido, aún hay una dificultad en ir más allá de los recursos naturales. La verdad es que 40 años atrás casi todo era cobre. Hoy, si bien pesa, también aparece lo forestal y lo frutícola. Entonces, lo que sí es cierto, es que un 80% de nuestras exportaciones se basan en recursos naturales, y eso no ha cambiado básicamente”.

Para ambos, las soluciones para una mayor diversificación es una labor que debería ser mancomunada entre el Estado y el sector privado.

Desde el Ejecutivo, reconocen el escenario, y apuntan a avanzar hacia un mayor valor agregado en los bienes exportados.

Andrés Rebolledo, director de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon), afirma que “sin duda hay desafíos aún por abordar. Aunque en estas décadas han emergido sectores exportadores muy importantes, seguimos muy dependientes de los envíos mineros, por lo que debemos continuar perseverando en el esfuerzo público-privado por generar cambios en la estructura productiva y en la canasta exportadora”.

En esa línea, añade que “la idea es que podamos asegurar la incorporación de conocimiento, valor agregado, tomar en cuenta las cadenas globales de valor, entre otros aspectos, para que Chile siga con un modelo exportador competitivo en los exigentes mercados internacionales”.

Para agregar valor, Ramos apunta a que “se puede ir desde un apoyo más blando, por ejemplo que el Comité de Inversiones Extranjeras apoye los clústers que agregan competitividad en los recursos naturales, hasta los más agresivos, como cofinanciando los estudios de factibilidad para esas empresas que quieran instalarse en Chile, cofinanciar la capacitación, o hasta darle exenciones tributarias a las primeras que se instalen”.

En tanto, Fernández considera que “el mercado lo hace muy bien cuando toma como referencia los precios y la abundancia de factores que hay en la economía, pero lo que se requiere y que el sector privado no puede hacer, es tener la capacidad de cambiar los precios relativos y generar rentabilidad para actividades exportadoras que tengan mayor valor agregado y nos saquen un poco de esta dependencia de los recursos naturales”.

En esta línea, Roberto Paiva, director de ProChile, asegura que “gracias al trabajo constante que hemos desarrollado en las últimas décadas con nuestros sectores productivos, el mundo reconoce hoy a nuestro país no sólo como exportador de cobre, sino que como un proveedor de vinos de alta calidad, así como de alimentos confiables y con alto valor agregado, que realiza un manejo responsable de sus productos del mar y acuicultura, que lo han convertido en líder en muchos mercados”.

Por ello, apuesta a que la idea es que ahora los exportadores chilenos conquisten el mercado latinoamericano, donde existen grandes posibilidades de crecer en otras direcciones.

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