En el marco del II Workshop PerProMin – Permisos para Proyectos Mineros 2026, Raúl Becerra, jefe de Evaluación y Fiscalización Ambiental del Departamento de Conservación y Protección de Recursos Hídricos de la Dirección General de Aguas (DGA), expuso sobre los principales aspectos a considerar en la evaluación ambiental de proyectos. El encuentro, cuya segunda versión tiene como lema «Permisología que fluye como el agua», es organizado por B2B Media Group e iMercados, con el auspicio de Minería y Medio Ambiente (MyMA), y que se realizó en el Hotel Best Western Premier Marina, en Las Condes.
Durante su exposición, Becerra explicó el rol que desempeña la DGA en la evaluación ambiental y destacó la complejidad que supone analizar los potenciales efectos de los proyectos sobre los recursos hídricos. “El tema de los recursos hídricos para nosotros, como dije antes, obviamente es muy importante y es súper complejo”, afirmó.
Durante su presentación, el representante de la DGA explicó el rol que desempeña el organismo en la evaluación ambiental y destacó la complejidad que supone analizar los potenciales efectos de los proyectos sobre los recursos hídricos: “El tema de los recursos hídricos para nosotros, como dije antes, obviamente es muy importante y es súper complejo”, sostuvo Becerra, quien agregó que “nosotros abarcamos un montón de disciplinas que necesitamos entender y que necesitamos manejar para poder anticipar los efectos potenciales de un proyecto cuando está en la evaluación”.
En ese ámbito, detalló que el análisis involucra materias como hidrología, hidrogeología, calidad de aguas, diseño de obras, transporte de contaminantes y diferentes tipos de modelación, entre otras disciplinas.
Anticiparse a la evaluación
Al abordar sus recomendaciones, Becerra puso inicialmente el foco en la necesidad de conocer los criterios y documentos técnicos que utiliza la institución. “La recomendación importante es que tienen que conocer y aplicar todo el lineamiento que tiene el servicio”, manifestó.
En particular, hizo referencia al Manual de Normas y Procedimientos para la Conservación y Protección de Recursos Hídricos y a otros documentos de la DGA, que permiten conocer los aspectos que analiza el organismo, los antecedentes que habitualmente requiere, los criterios técnicos utilizados y el nivel de detalle esperado.
En este punto, Becerra reconoció que la difusión de este tipo de documentación constituye un desafío. “La DGA quizás no cuenta con la misma visibilidad que el Servicio de Evaluación Ambiental cuando publica sus guías”, comentó.
Junto con ello, otra de las recomendaciones planteadas durante la exposición fue considerar anticipadamente la mirada del evaluador. Para ello, la presentación llamó a revisar, antes del ingreso de una Declaración o Estudio de Impacto Ambiental, la interacción del proyecto con las aguas superficiales y subterráneas, su forma de abastecimiento, los eventuales efectos sobre la cantidad o calidad del recurso y la posible afectación de terceros u objetos de protección ambiental.
A lo anterior se suma la necesidad de verificar que los impactos significativos estén correctamente identificados y que las medidas propuestas respondan adecuadamente a ellos.
Consistencia de los antecedentes
Otro aspecto destacado fue la gestión de la incertidumbre y la consistencia de la información que forma parte del expediente ambiental. En esta materia, la presentación enfatizó que las observaciones no necesariamente se originan por la ausencia de antecedentes técnicos, sino que también pueden responder a problemas en la forma en que estos son expuestos o a inconsistencias entre distintos documentos.
De esta manera, la recomendación apuntó a revisar integralmente los antecedentes antes de su presentación, evitando contradicciones entre la descripción del proyecto, sus estudios técnicos, los permisos asociados y la evaluación de sus potenciales impactos.
Este criterio de consistencia también fue abordado por Becerra al referirse a la coordinación interna de la institución. “Nosotros que vemos la parte ambiental somos un equipo distinto del permiso sectorial, pero obviamente representamos al mismo servicio y tenemos que proceder de manera coordinada”, expuso.
Modelos como herramienta
El uso de modelos numéricos fue otro de los puntos abordados durante la exposición. Al respecto, Becerra enfatizó que su finalidad debe estar vinculada directamente con la evaluación de los efectos que podría generar una iniciativa.“No nos interesa que el modelo numérico como tal sea perfecto, que explique todo lo que sucede en la cuenca, sino que lo que queremos es que nos ayude a responder esta pregunta, la de predicción de impactos a raíz del proyecto”, precisó.
En ese contexto, explicó que el modelo numérico debe sustentarse en un modelo conceptual capaz de representar adecuadamente el comportamiento del sistema hidrogeológico. “Probablemente le ponemos mucho más foco al modelo conceptual que al modelo numérico”, sostuvo.
Asimismo, Becerra llamó a mantener coherencia entre ambas herramientas y las características de la iniciativa evaluada. “Ojalá le pongan el mayor foco a la consistencia, nuevamente voy a utilizar esta palabra, entre el modelo conceptual, modelo numérico y el desarrollo de su proyecto”, expresó.
Entre los elementos considerados relevantes para este análisis se encuentran la identificación de hipótesis, parámetros, fuentes de incertidumbre y limitaciones del modelo; la realización de análisis de sensibilidad; y la presentación clara de resultados y simulaciones predictivas, vinculándolos con los impactos identificados.
Diálogo temprano
Como última recomendación, la presentación puso énfasis en generar instancias de conversación con la DGA desde etapas tempranas de los proyectos, con el propósito de favorecer una mejor comprensión de sus características antes de iniciar formalmente su evaluación.
En esa línea, se planteó la posibilidad de solicitar reuniones tempranas para presentar las iniciativas y sus principales componentes, abordar dudas técnicas preliminares y, cuando resulte pertinente, realizar visitas a terreno.
De acuerdo con lo expuesto, comprender un proyecto desde sus primeras etapas puede contribuir a identificar anticipadamente riesgos y brechas, hacer más eficiente su posterior revisión por parte de la DGA y focalizar las observaciones, disminuyendo la incertidumbre en fases posteriores de la evaluación.