Una mina centenaria

Abr 30, 2015

En mayo de 1915 se inauguró la mina y sus primeras instalaciones industriales, sin embargo, la explotación de la zona del yacimiento tiene una historia aún más antigua.
Por María Celia Baros M., licenciada en Historia

La mina de cobre Chuquicamata es famosa por su riqueza minera y por sus singulares dimensiones: cuatro km de largo, unos dos km de ancho y más de un km de profundidad. Dado este tamaño ha sido estudiada por expertos a lo largo de décadas, logrando determinar su modelo geológico, definido como un cluster (agrupación de más de dos yacimientos) de sistemas porfíricos.

Así, hoy se sabe que Chuquicamata es el primero y el corazón de cinco yacimientos, junto con Mina Sur (o Exótica), Radomiro Tomic, Gaby y El Abra, todos ubicados en una franja metalogénica. Y últimamente, se han sumado los cuerpos mineralizados de Apache, Genoveva y Toki.

La generosidad de la naturaleza parece increíble, pues dio origen a un recurso como éste, cuya trayectoria se remonta más allá de un siglo.

Etapa primitiva
Investigaciones arqueológicas recientes han establecido que Calama y sus alrededores fueron habitados por comunidades de atacameños en un período tardío (900- 1400 D.C.), que se dedicaron a la agricultura, a la caza, pero también a la actividad minera, aprovechando minerales extraídos de Chuquicamata con fines metalúrgicos.

Como ejemplo, la referencia más antigua sobre Chuquicamata aparece en 1793, como la mina Choquemata, que fue objeto de litigio entre un corregidor y un aborigen por la posesión de una de sus pertenencias.

Otro vestigio fue el hallazgo del Hombre de Cobre en 1899, individuo que quedó atrapado por un derrumbe en un laboreo de la vieja mina “La Restauradora”. Su data es de 1.500 años de antigüedad, cuando en la zona se fundía cobre con métodos muy rudimentarios, pero bastante avanzados para ese período.

Etapa preindustrial
La noticia de la riqueza de la zona creció notablemente en el siglo XIX, atrayendo a cientos de afuerinos interesados en explotar el cobre que afloraba a la superficie.

Entre el fin de la Guerra del Pacífico y las últimas décadas del siglo XIX numerosos particulares se instalaron en el área de Chuquicamata, algunos asociados en compañías comerciales, para extraer cobre de unas 300 pertenencias. Paralelamente, otros establecieron fundiciones en Calama, entre ellos varios extranjeros.

Esta masiva afluencia y la abundancia de cobre llamó la atención del abogado y banquero estadounidense Albert Burrage, que en 1910 buscaba nuevos yacimientos en Sudamérica. Una vez que reconoció el lugar, compró algunas manifestaciones, contratando por su cuenta profesionales que sacaron muestras y las enviaron primero al laboratorio de Braden Copper en El Teniente, y luego a Estados Unidos, con buenos resultados. Ello permitió hacer el estudio de factibilidad de explotación a escala comercial. Luego, técnicos del staff del ingeniero consultor Pope Yeatman visitaron el yacimiento e hicieron ensayos, aprobando su explotación.

Con la idea de un proyecto de minería intensiva y moderna, Burrage obtuvo autorización para un establecimiento metalúrgico con capacidad para beneficiar 250 ton por día, pero como requería mucho financiamiento, entró en contacto con los hermanos Guggenheim, cediéndoles sus derechos en 1912.

Etapa industrial
Los hermanos Guggenheim aportaron capital suficiente para ir adquiriendo los títulos de todas las pertenencias conocidas y organizaron Chile Exploration Company en Estados Unidos. En 1913 el Gobierno chileno autorizó su funcionamiento, iniciando la construcción de una planta de óxidos para 10.000 ton diarias; una fundición para 170 tm con un horno reverbero; una casa electrolítica; una refinería y una planta de lixiviación para minerales de baja ley.

Sin embargo, poner en marcha un proyecto minero de gran envergadura no fue fácil. Como los experimentos dieron cuenta de un enorme depósito de sulfatos y óxidos en forma de pórfido de cobre, su naturaleza requirió conocimientos de geología, así como desarrollo de ingeniería y metalurgia. Y lo más importante fue encontrar un método para tratar mineral de baja ley a gran escala y en forma rentable. Así, el mineral de Chuquicamata fue el primero de los cobres porfíricos en ser lixiviado.

Por lo anterior, el descubrimiento de este depósito para el mundo causó inusitada expectativa. El periódico “The Engineering & Mining Journal” siguió de cerca los trabajos de construcción, y en 1914 afirmó que ya era “the largest known copper deposit”.

Casi sin contratiempos, la mina y sus primeras instalaciones industriales fueron inauguradas en mayo de 1915, por el Presidente Ramón Barros Luco que, mediante un timbre a distancia desde La Moneda, puso en marcha las operaciones haciendo contacto con la central eléctrica Tocopilla.

Primeros equipos mineros
La mina comenzó a desarrollarse en 1912 usando inicialmente perforadoras para trabajo subterráneo, ya que hubo que tronar algunos piques y túneles viejos para abrir los primeros bancos. Luego fueron utilizadas perforadoras de golpe a vapor y de golpe eléctricas hasta los años 1950, cuando cambiaron a perforadoras de rotación.

Las primitivas tronaduras se hicieron con pólvora negra, dinamita y luego con oxígeno líquido que era fabricado en una instalación especial en la mina, calculado para zonas más duras. Después se introdujeron nitrato de amonio y/o de sodio e hidrogel con detonantes eléctricos y guías.

En 1922 se formó el primer banco o cantera que dio forma al típico anfiteatro de Chuquicamata.

El carguío empezó en 1914 con palas de ferrocarril a vapor, siendo movidas mediante rieles al interior de la mina. La primera pala eléctrica entró en servicio en 1917 y la empresa siguió comprando este tipo de equipos por su bajo consumo de petróleo y aceite. Como dato, dichas palas fueron traídas de la construcción del Canal de Panamá.

Hubo hasta 17 modelos diferentes de palas -desde Bucyrus hasta Komatsu- que funcionaron incluso con diésel.

A medida que la extracción fue adquiriendo envergadura, destacó la “Pala Mundial” como símbolo inconfundible del yacimiento. Era la pala mecánica más grande del mundo, de 450 toneladas de peso y 26,5 metros de alto que operó entre 1949 y 1971. La capacidad de su balde era de 11 yd3 y se movía también sobre rieles de ferrocarril, hasta que dejó de funcionar por defectos mecánicos y eléctricos.

La "pala Mundial" en exhibición como reliquia  después de dejar de operar.

El transporte de mineral y de material estéril era vaciado a carros metaleros de 60 y 70 ton cortas siendo arrastrados por locomotoras a vapor y luego eléctricas. También se usaron carros lastreros de 20 y 30 yd3; más tarde se agregaron de 40 yd3.

En la década de 1960 comenzó la introducción de camiones Dart de 15, 25 y 30 ton cortas, y posteriormente de 70 ton. En los años 1970 se incorporaron camiones Lectra Haul de 100 ton cortas y camiones Wabco, alcanzando una flota de 65 unidades.

A manos del Estado
Sin duda un hito que marcó la historia del yacimiento, y de la minería en el país, fue la “chilenización” y “nacionalización” del cobre llevadas a cabo entre 1967 y 1971, y con las cuales Chuquicamata pasó a poder del Estado chileno. En 1976 fue incorporada a Codelco, que continúa con su explotación hasta la actualidad.

Otros momentos trascendentes de la vida productiva de Chuquicamata fueron: el plan de expansión que significó invertir y construir una planta para tratamiento de sulfuros, inaugurada en 1952, seguido de la producción de molibdeno como subproducto.

Y vinculado a ello, también, el desarrollo de exploraciones que descubrieron los sectores de lo que después sería Radomiro Tomic, en 1952, y La Exótica, en 1957. Incluso se llevaron a cabo los primeros estudios para cambiar la explotación a mina subterránea en 1962.

En fin, más que 100 años, la mina Chuquicamata es milenaria, por lo que en esta fecha se conmemora el primer siglo de su etapa industrial.

Por María Celia Baros M.
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