Un traspié transitorio

La reciente Conferencia Mundial del Cobre realizada por el CRU en el marco de la Semana Cesco arrojó luces sobre el actual escenario que vive la industria y el panorama que se aprecia para el mediano y largo plazo. Al respecto, las claves que marcaron las presentaciones de expertos y ejecutivos se pueden sintetizar en tres grandes temas: a) control de costos por parte de las compañías mineras; b) perspectivas para la demanda y oferta de cobre; y, en el caso particular de Chile, c) el desafío de avanzar en materia de productividad.

Con respecto al primer punto, hubo consenso en que la reducción de gastos ha sido el gran foco de las empresas, por la presión de sus accionistas. En este sentido, los expertos coincidieron en destacar que la industria ha hecho su tarea. Así, durante el pasado ejercicio las compañías mineras racionalizaron sus gastos –incluso postergando proyectos que ya no resultaban rentables– y las firmas proveedoras han debido adecuarse al nuevo escenario.

Sobre este punto, el presidente ejecutivo de Codelco, Thomas Keller, planteó que en 2013 se podía apreciar un punto de inflexión en la curva de costos por parte de las compañías mineras –de hecho, la estatal disminuyó en US$1.324 millones el total de sus costos y gastos respecto de 2012–. Y si bien esto en ningún caso significa que el ajuste del sector ha terminado, constituye una señal alentadora.

No obstante, en el caso de Chile hay aspectos que escapan a la responsabilidad de las mineras, como la escasez de agua y el elevado precio de la energía.

En materia de oferta y demanda de cobre también hubo coincidencia entre los diversos expertos: por lo menos hasta 2016 se avizora un entorno mundial superavitario, por el ingreso de producción de proyectos a firme en este periodo. No obstante, las cifras previstas son más moderadas que las de hace un año, como lo advirtió la analista del CRU, Vanessa Davidson, y por lo tanto, más manejable por el mercado. Esto, como consecuencia de la demora y postergación de algunos proyectos.

Pero a más largo plazo el escenario de oferta y demanda de cobre se revertirá a uno deficitario, brecha que se acentuaría en la próxima década; Davidson dijo que esperan un crecimiento del consumo en el orden de 7,1 millones de ton de cobre adicionales a 2023. Las razones de esto, se señaló, descansan en sólidos fundamentos. En primer lugar, pese a la ralentización del crecimiento económico de China, en términos absolutos su expansión esperada se traduce en una demanda superior del metal rojo, comparada con el dinámico decenio anterior. Además, en materia de oferta de cobre mina no se aprecian, más allá de 2016, proyectos importantes que permitan no solo incrementar la producción, sino también paliar la caída que experimentarán las actuales operaciones como consecuencia del natural envejecimiento de los yacimientos y la baja en sus leyes.

Este escenario de futura demanda deja a Chile en una eventual posición de privilegio, dado que el país posee las mayores reservas de cobre y, pese a su supuesta condición de “jurisdicción madura”, se siguen encontrando atractivos yacimientos, aunque ahora a mayor profundidad, como se destacó en el Foro de Exploraciones, que dio inicio a la Semana Cesco.

Pero para que esto se concrete, el gran desafío que enfrenta la gran minería chilena es el tercer punto que concentró el foco de atención de la semana Cesco: mejorar la productividad. Los máximos ejecutivos de Codelco y BHP Billiton fueron enfáticos en que ahora su prioridad será avanzar en esta materia, y que esperan que sus socios proveedores los acompañen.

De esta forma, el llamado “fin del súperciclo de los metales” ha obligado a la industria a mirarse al espejo y encarar sus falencias. Pero como bien ha dicho Peter Beaven, presidente de BHP Billiton Cobre, esto debe ser asumido como una oportunidad, que puede permitir a la industria en Chile salir robustecida.

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