Tal como a demasiadas mujeres, me tocó ser la primera. Si bien hay muchas más importantes – la primera doctora, la primera ingeniera, la primera presidenta – tuve el honor el año 2011 de ser la primera fiscal en una faena de Codelco desde su creación en 1976, en su novel División Gabriela Mistral. Hoy tengo el enorme privilegio de ser la primera mujer en la historia en ocupar el cargo de fiscal en la Empresa Nacional de Minería, creada en los años 60.
Si bien estar en esas posiciones en las dos empresas públicas mineras claves para el desarrollo del país me llena de orgullo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en la Minería es indispensable y justo que cuestionemos críticamente “indicadores†como este.
Vuelvo a mi historia. Ingresé a estudiar Derecho en los ‘90. Ya en esa época en la escuela había absoluta equidad de género. Con ese dato sobre la mesa es imposible no preguntarse por qué, más de 30 años después, en dos relevantes empresas del Estado, nunca hubo una mujer dirigiendo sus estrategias jurídicas.
El punto es que no existe una respuesta razonable. Fue simplemente un sesgo de género que perjudicó a quizás cuántas colegas tan o más capacitadas que yo para cumplir un cargo de alta dirección en una industria altamente compleja.
Aquí debo hacer una afirmación de justicia. Debo reconocer el valor de la decisión política como factor indispensable para modificar el rumbo de la cultura. Quiero reconocer el valor de la minería pública y privada chilena que, contra la corriente histórica y la comodidad de buscar entre los que han estado siempre, han hecho el cambio, están dejando atrás los sesgos de género y han abierto sus puertas a cada vez más mujeres en la industria.
Valoro y me conforta profesionalmente haber sido “la primera†o “la únicaâ€. Conozco de voz y emoción directa de muchas mujeres que se desenvuelven en el mundo de la minería, lo que significa para ellas. Sin embargo, confío y trabajo día a día, al igual que muchas, porque esa sensación me dure sólo un instante, el más breve posible. El valor de nuestra posición, nuestra apuesta, y nuestro más ferviente compromiso, está precisamente en lo contrario. Que desde la única, se sumen muchas. Que llenemos todos los cargos, todas las posiciones, todos los espacios que, por sesgo, no hemos ocupado.
Me honra ser la primera…más me honrará cuando vengan todas.
Por último, quiero hablarles de mi sueño. Los discursos y logros de una conmemoración como esta se van a medir en indicadores. La primera, celebré yo. Veremos titulares como “El 40% de nuestra dotación son mujeresâ€, “hemos aumentado en un 15% el primer semestreâ€, “más de la mitad de ese directorio está ocupado por mujeresâ€, “3 de 8 cargos de primera línea son mujeresâ€. Y creemos que sacamos cuentas alegres, porque es verdad, hemos avanzado. Pero en realidad, lo que espero en un futuro cercano es que nos dejen de contar como números y porcentajes. Y que naturalmente ocupemos tantos espacios como merezcamos, que la equidad se manifieste en todas y cada una de las instancias de la industria de la minería.