Posgrados en minería: desafíos futuros

Es interesante notar el aumento de la oferta de carreras de pregrado en las áreas de minería en Chile durante los últimos años, fenómeno aún no entendido y cuyas consecuencias de largo plazo son difíciles de medir. No obstante lo anterior, no es ilógico estimar que un porcentaje de los profesionales adicionales que ingresarán al mercado laboral requerirán de educación de posgrado en algún momento de su carrera profesional.

De hecho, frente a dos profesionales de similares características, tanto personales como laborales, aquel con un posgrado será probablemente preferido por las compañías al momento de contratarlos. Esto hace de la educación de posgrado una meta a alcanzar por parte de varios profesionales del área minera y, en efecto, varias compañías apoyan activamente a sus empleados en el desarrollo de estudios de posgrado.

Tanto en Chile como en Australia los posgrados en las áreas de la minería entregan no solo conocimientos, sino también la posibilidad para que estudiantes que provienen de distintas compañías y avenidas de la vida se sienten en la misma mesa a discutir acerca de las problemáticas que los aquejan diariamente. Este fenómeno no se da de manera tan natural en otro tipo de circunstancias, y si bien la industria es bastante cerrada y de alguna forma todos se conocen, al parecer no resulta tan fácil encontrar tiempo para discutir y pensar la minería que se quiere en el futuro, al menos no de la manera honesta y con altura de miras con que se hace en estos programas.

Esta naturaleza única de los programas de posgrado mineros, y que tanto beneficia a la industria, se encuentra actualmente amenazada por varios factores. El primero es el factor estudiantes, el costo de los cursos de posgrado se paga con aranceles y la fluctuación en las matrículas de nuevos alumnos afecta la sustentabilidad futura de los programas, sumando a la decisión de las casas de estudio la contratación de académicos de planta para dichos programas. Otro factor es el uso de educación en línea, para algunos la gran solución a los problemas planteados previamente, pues se argumenta que este formato flexible permite que los alumnos puedan seguir las materias a su propio ritmo, sin ausentarse del lugar de trabajo y eventualmente a un menor costo, dado el menor requerimiento de infraestructura. No obstante, este formato elimina la discusión cara a cara.

Un flujo constante de alumnos a los diversos programas en existencia permitirá que ellos se consoliden y crezcan. Este crecimiento es bueno no solo para las universidades, sino también para las compañías que operan en el país; entregará incentivos para que nuevos programas nazcan, aumente la oferta y se generen profesionales mejor preparados para enfrentar los desafíos del mañana. Este crecimiento, obviamente, ayudaría a evitar el uso de metodologías de enseñanza en línea y así, por lo tanto, permitiría seguir contando con foros de discusión que potencien la transferencia de buenas prácticas a través de toda la industria. Esta sinergia se nutre y desarrolla en las salas de clases y en la discusión cara a cara, no cabe duda. Preservarla es una responsabilidad no solo de la universidad, sino también de la industria.

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José Saavedra-Rosas, director académico (s) del Posgrado Internacional en Economía de Minerales, Departamento de Ingeniería de Minas, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile.

Director académico (s) del Posgrado Internacional en Economía de Minerales, Departamento de Ingeniería de Minas, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile.

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