Palabras de un líder

Editorial revista MINERÍA CHILENA.

Hace pocas semanas el Instituto de Ingenieros de Chile distinguió a Diego Hernández con la “Medalla de Oro”, máximo galardón que anualmente entrega esta entidad para destacar a quienes han contribuido con su trayectoria profesional al desarrollo del país. En la oportunidad, el presidente de la institución, Tomás Guendelman, destacó los méritos de quien es hoy presidente de Antofagasta Minerals, reconocido en el sector como uno de los personajes más importantes de la industria minera actual.

Durante la ceremonia de premiación, Hernández –quien en 2009 había sido destacado también por el Instituto con el reconocimiento “Acciones Distinguidas”– profundizó en el importante rol que juega la minería como palanca de desarrollo del país, resaltando el “modelo minero chileno”, en que una empresa estatal como Codelco ha coexistido con inversiones de grandes empresas mineras nacionales e internacionales. Asimismo, subrayó el efecto multiplicador que tiene la minería, al generar encadenamientos con otros sectores económicos con los cuales ha ido conformando el cluster minero, a lo que se suma el aporte tecnológico de la actividad.

Sin embargo, como lo lamentó Hernández, la sociedad chilena desconoce –y tampoco reconoce– la contribución de la minería al crecimiento del país, existiendo una visión parcial, y más bien negativa, del sector. Esta situación amerita un trabajo conjunto de la industria para revertir la percepción que de ella tiene la comunidad, pues si bien se han producido avances en esta materia y las compañías mineras han mejorado su manera de desenvolverse en un entorno más exigente, no han logrado posicionar una imagen más favorable, que refleje el impacto positivo que ejerce la minería y lo clave que es para el tránsito de Chile al desarrollo.

Junto con este desafío, y haciendo eco de las palabras del presidente ejecutivo de Amsa, existen otros retos asociados a la pérdida de competitividad de la minería chilena, cuyas razones Hernández resume en: la caída de leyes de los minerales; alza generalizada de precios de insumos críticos (en particular la energía); deterioro del tipo de cambio; incremento de los costos de servicios de terceros; escasez de personal calificado; mayores costos laborales; más gastos derivados de crecientes exigencias en materias de medio ambiente y sustentabilidad; judicializaciones como principal mecanismo de solución de conflictos.

Frente a este claro diagnóstico, vale la pena considerar las acciones que el ingeniero sugiere para enfrentar dichos desafíos. Entre ellas: promover condiciones que faciliten la materialización de los proyectos rentables, especialmente en lo que se refiere a permisos; apoyar el incremento de la competitividad de las operaciones y proyectos mineros, asegurando la disponibilidad de insumos críticos como agua y energía en condiciones competitivas; fomentar un desarrollo efectivo del cluster minero; profundizar el desarrollo regional y la relación con las comunidades; aumentar la disponibilidad de recursos humanos para el desarrollo del sector; abordar el tema de la productividad para que la competitividad sectorial mejore; garantizar el financiamiento para la materialización de los proyectos estructurales de Codelco; y no tratar al sector minero de forma diferente a los otros sectores económicos, principalmente.

Ad portas de un próximo periodo presidencial, queremos destacar las reflexiones de Diego Hernández, esperando que el nuevo Gobierno escuche los planteamientos de la industria y en particular de quienes la lideran, y tome las acciones necesarias para revitalizar a la minería como palanca de desarrollo.

 

 

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