En un contexto global marcado por la digitalización, la automatización y las transiciones energéticas, la innovación se ha transformado en la principal vía para que las pymes puedan crecer, diversificar y permanecer competitivas. Pero la innovación no siempre parte de un laboratorio o de un algoritmo sofisticado. A veces comienza con una pregunta simple: ¿cómo puedo hacer esto mejor?
Pero, por si usted no lo sabía, la innovación está dentro de nosotros y de nuestras organizaciones. Utilizando una analogía, la innovación es como un músculo de nuestro cuerpo. Existe, ocupa un sitio, pero aún no sabemos cómo ocuparlo.
Para que la innovación florezca en el seno de nuestras organizaciones, necesitamos identificarlo, entrenarlo y hacerlo crecer.
Las pequeñas y medianas empresas (pymes) tienen un enorme desafío en materia de innovación. Aunque son el corazón latente de nuestra economía nacional (representan el 97% del tejido empresarial chileno, ni más ni menos), solamente el 10% de ellas está innovando (según la ENI 2021-22).
Esta es una brecha que atenta contra la competitividad de nuestra economía y, sobre todo, contra la productividad, estancada hace ya dos décadas, tal como nos dice la Comisión Nacional de Productividad (CNEP).
Si queremos enriquecer la calidad de nuestra economía, si queremos que Chile se integre a la economía moderna para construir un futuro próspero, debemos entrenar el músculo de la innovación.
Algo muy positivo de las pequeñas y medianas empresas, a diferencia de las grandes corporaciones, es que tienen la ligereza y la agilidad suficientes para aplicar cambios en su gestión diaria, algo que puede ser utilizado a su favor al momento de avanzar en procesos de innovación.
Cada vez que asesoramos a una empresa, siempre les decimos lo mismo. Antes de comprar el primer software o implementar un nuevo proceso, primero haz un autodiagnóstico para saber en qué estado de progresión te encuentras. Este autodiagnóstico debe involucrar a las diversas áreas de tu empresa. Solo así podrás identificar claramente dónde están tus oportunidades de mejora.
En este proceso, te podrás sorprender: muchas veces, las brechas no son tecnológicas y ni siquiera económicas, sino de gestión o culturales.
El siguiente paso es dejar la improvisación e intentar transitar hacia un modelo paso a paso, con una hoja de ruta personalizada, con acciones concretas y alineadas a tus objetivos de negocio.
Y finalmente, es necesario que tu empresa y tu equipo entren en contacto con el ecosistema. No hay mejor manera para asimilar una nueva cultura que involucrarse con quienes promueven esa cultura. Si quieres innovar, participa en eventos de innovación, interactúa con personas afines, comparte tu experiencia y las buenas prácticas de terceros. Esto, que muchas veces puede malinterpretarse como un ejemplo de hacer “vida socialâ€, es un elemento clave del proceso de innovación, potencia tu Networking
Relacionarse y colaborar con expertos y pares no sólo inspira y ayuda a validar ideas (como conectar con un experto en logística), sino que también otorga visibilidad en el ecosistema empresarial. Esto puede atraer a potenciales socios tecnológicos, inversionistas y nuevas perspectivas para avanzar en tu negocio.
Allá fuera están ocurriendo muchas cosas y necesitas que tu cuerpo empresarial esté sano y entrenado. Si queremos que se libere el potencial del 97% de nuestras pymes nacionales, debemos entender que la innovación es un músculo, que necesita atención. Así lo han comprendido empresas vinculadas a la economía circular (F4F, Elementum, BLUETEK, T-Phite), gestión de procesos y deep-tech (BeeOK, AGROSPACE, Wibax) o deep tech (Casa Nativa, Good Meal). Así como no podemos subir un cerro sin piernas fuertes, tampoco podemos esperar resultados sin una rutina de gestión estratégica que nos lleve a la cima.