¿Cuánto pueden cambiar las cosas en un año? Nuestra sociedad, definitivamente, lo ha hecho. La forma en que trabajamos se ha transformado para siempre. El clima sigue cambiando… La industria minera no es una excepción. Aunque sentimos las repercusiones del estallido social de octubre de 2019 y seguimos absorbiendo el impacto de la pandemia del COVID-19, es la necesidad de adaptarse al cambio climático y reducir emisiones lo que ha estado dando forma a algunos de los cambios más disruptivos observados por la industria en los últimos tiempos.
En el estudio sobre los Principales Riesgos y Oportunidades de la Industria Minera de EY, la Descarbonización y la Agenda Verde se ha identificado como el riesgo número cuatro. Este mismo riesgo -u oportunidad- se ha clasificado como el número tres para el sector del cobre, detrás del Futuro de la Fuerza Laboral y de la Productividad y Costos Crecientes.
En esa misma línea, según la firma de abogados corporativos Norton Rose Fulbright, el cambio climático y la sustentabilidad ambiental se han convertido cada vez más en temas de preocupación social, y muchas industrias han estado buscando oportunidades innovadoras para reducir su huella de carbono. Una de esas oportunidades puede ser el uso de tecnologías de hidrógeno, que muchos creen que pueden desempeñar un papel crucial en la transición hacia una industria más baja en carbono.
La descarbonización impulsará una demanda significativa de vehículos eléctricos y energías renovables. Por un lado, la adopción acelerada de los vehículos eléctricos de batería, que consumen entre cuatro y cinco veces más cobre que los vehículos con motor de combustión, agregará una demanda significativa para 2030. Mientras que, por otra parte, el hidrógeno se presenta como una de las estrellas entre las energías renovables. En los dos ámbitos, Chile tiene importantes ventajas competitivas.
Según la Agencia Internacional de Energía, Chile tiene un potencial de producción de hidrógeno verde de 160 Mton por año. Datos de la consultora McKinsey publicados en la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde indican que el hidrógeno producido en el Desierto de Atacama y en la Región de Magallanes tendría el costo nivelado de producción más bajo del mundo al 2030.
Si bien el hidrógeno responde a muchos de los desafíos de licencias sociales que enfrentan los operadores de minas, su implementación a gran escala aún enfrenta obstáculos en términos de competitividad de costos y accesibilidad.
Por estos motivos, la Estrategia Nacional anticipará el despliegue del hidrógeno verde en seis aplicaciones prioritarias en Chile, incluyendo el uso en camiones mineros y camiones pesados de ruta. La idea es fomentar una industria local mediante esfuerzos y regulación que incentiven la producción y que promuevan la demanda de este elemento y sus derivados.
Asimismo, considerando los costos iniciales, ya existen numerosos ejemplos en los que el hidrógeno se utiliza activamente como fuente de energía y como medio para almacenar energía renovable en la industria minera.
En octubre de 2019, Anglo American anunció el desarrollo del camión de transporte de minas a hidrógeno más grande del mundo, un gigante de 290 toneladas que se probará en la mina Mogalakwena en Sudáfrica a finales de este año. Â El sistema completo de transporte por camión de pila de combustible, que incluye un electrolizador de 3,5 megavatios para la producción de hidrógeno renovable in situ, está promoviendo el objetivo final de Anglo American: construir una mina de cero emisiones.
En Chile se espera que para 2021 esté en funcionamiento el primer camión minero que funciona con hidrógeno. El proyecto, que nació de una convocatoria realizada por Corfo, está conformado por un consorcio internacional en el que participan empresas energéticas, tecnológicas, mineras y universidades.
Cuatro gigantes mineros multinacionales explorarán el uso de hidrógeno verde en sus operaciones, con la formación de un Consorcio de Hidrógeno Verde en marzo de 2019. Anglo American, BHP, Fortescue y Hatch se han unido para buscar formas de utilizar hidrógeno verde para acelerar la descarbonización en sus operaciones a nivel mundial.
Iniciativas – locales e internacionales – existen, y es innegable que el hidrógeno verde brinda una oportunidad real para reducir el consumo de diésel y descarbonizar las operaciones del sitio de la mina, con potencial para las celdas de combustible para alimentar plantas fijas y móviles, vehículos de minería y materia prima. No obstante, los costos aún se encuentran dos o tres veces más altos que el hidrógeno gris en la mayoría de los países en la actualidad, por lo que alcanzar estos niveles más bajos requerirá el apoyo del gobierno y del sector financiero. Esa brecha debe reducirse.
Es bien sabido que los inversionistas han estado considerando los datos Ambientales, Sociales y de gobernanza (ASG) antes de tomar decisiones de inversión. En Chile, la capacidad de las mineras para acceder al capital está muy influenciada por sus relaciones con la sociedad, así como sus estrategias de reducir sus emisiones de carbono en el mediano y largo plazos.
Así que… ¿Podrían los financistas incentivar a los desarrolladores de minas a emplear tecnologías de hidrógeno para ayudar a lograr ciertos estándares de sostenibilidad específicos, que a su vez podrían resultar en reducciones significativas en el costo de sus préstamos?
¿Podrían las empresas mineras emplear un financiamiento tan sostenible para compensar las onerosas inversiones iniciales necesarias para implementar tecnologías de hidrógeno en las faenas?
¿Podrían los mercados financieros recompensar este esfuerzo a través de mejor puntaje en los índices bursátiles?
¿Podrían las políticas gubernamentales generar los incentivos –de infraestructura, tecnología y marcos regulatorios– que fomenten un ciclo virtuoso de inversión en el hidrógeno y su progresiva adopción por la industria minera, entre otras?
La buena noticia es que la Estrategia Nacional de Hidrogeno Verde prevé el lanzamiento de una ronda de financiamiento para apalancar proyectos de hidrógeno verde por US$ 50 millones, además de instancias de conexión con los actores de la industria, la academia y los centros de formación, para identificar brechas y formar las capacidades nacionales requeridas por la industria. Es fundamental que la industria minera esté representada y actúe de manera muy proactiva en estas mesas de discusión.
Con la adopción creciente del hidrógeno, ¿cuánto podrá cambiar la industria minera en algunos años más?