Adaptación: El cambio climático ¿Cuándo me golpea a mí?

La adaptación ante eventos extremos se presenta como una estrategia de gestión de riesgos y desastres que, a la larga, protege la inversión y la operatividad.

En el actual contexto de cambio climático, la minería se enmarca en la urgente necesidad de disminuir su huella de carbono con compromiso serios al año 2035 en los alcances 1, 2 y 3.  Sin embargo, es necesario y estratégico cuestionar los paradigmas actuales de la sustentabilidad en un nuevo escenario global.

Hoy, la industria se ha focalizado intensamente en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Sin embargo, esta apuesta por la mitigación y la trazabilidad ha dejado en segundo plano una dimensión crucial: los proyectos de adaptación. ¿Qué ocurre cuando se prioriza la reducción de la huella de carbono, pero se ignoran las iniciativas que permitan afrontar, de manera proactiva, los efectos ya palpables del cambio climático? ¿Qué costos puede traernos esta visión monolítica de un problema sistémico?

Asimismo, se observa una visión reduccionista del recurso hídrico. El agua es tratada principalmente como un insumo que se consume, olvidándose que su verdadera esencia radica en su dinámica circular: los Ciclos Hidrológicos.

Es fundamental restaurar estos ciclos, promoviendo procesos naturales en el suelo: infiltración, retención y evaporación (mediada por la vegetación). Sólo así se pueden favorecer las precipitaciones y recuperar la nieve en los glaciares, elementos vitales no solamente para el equilibrio ecológico, sino también para la continuidad operativa de las faenas mineras.

Si bien el cambio climático se justifica habitualmente como una responsabilidad social y ambiental, en el ámbito minero cobra una dimensión económica ineludible. La adaptación ante eventos extremos se presenta como una estrategia de gestión de riesgos y desastres que, a la larga, protege la inversión y la operatividad. Es paradójico que se dediquen grandes recursos y esfuerzos al control y reducción de emisiones, mientras que se invierte escasamente en la adaptación ante problemas reales. Elevadas isotermas en precipitaciones pueden propiciar aluviones, y fenómenos de precipitaciones extremas en la cordillera pueden desencadenar inundaciones en los valles inferiores, poniendo en riesgo tanto a las comunidades como a las operaciones mineras.

El cambio climático no es un problema que debamos medir de manera global. Éste se manifiesta en eventos extremos que generan desastres locales en comunidades reales. La pregunta es: ¿Cuándo me toca a mí? ¿A tu operación minera? Reflexionar sobre estos desafíos es crucial para equilibrar la inversión entre mitigación y adaptación, apostando por una minería resiliente y verdaderamente sustentable.

Revista Digital

Diego González, consultor en Creación de Valor Territorial y Comunidades

Consultor en Creación de Valor Territorial y Comunidades.

Lo último del mes

Lo más leído

Revista Digital