Desde hace miles de años que el ser humano se ha interesado por la observación de los astros y su estudio científico, a partir de la contemplación del cielo nocturno. Con un clima despejado durante la mayor parte del año, la zona norte de Chile es un lugar privilegiado para el estudio del espacio. Es por eso que diversas entidades internacionales han instalado observatorios astronómicos en nuestro país, alcazando los US$5.000 millones de inversión, con 22 observatorios establecidos o en construcción, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conycit).

Un factor crucial para asegurarse de tener óptimas condiciones de estudio astronómico, es conservar un nivel de contaminación lumínica adecuado. Este es un aspecto consagrado en el Decreto N°43 del Ministerio de Medio Ambiente (MMA), regulación que se estableció a partir de la revisión de una normativa más antigua, el Decreto N°686 de 1998, perteneciente al Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción.

Diseñar luces con tonalidad autorizada por la norma y posicionar la luminaria de modo que no impacte directamente al cielo es necesario para cumplir con los estándares establecidos.

Protección del cielo

Vicente Armstrong, consultor lumínico de Cielos Oscuros, asegura que “la actividad minera muchas veces se encuentra en lugares remotos, lejos de las ciudades, generando nuevos focos de emisión y afectando áreas anteriormente libres de contaminación lumínica”. Armstrong forma parte de la consultora Cielos Oscuros, conformada por astrónomos e ingenieros de Obstech, empresa privada a cargo del observatorio El Sauce, situado en la Región de Coquimbo. La agrupación ha asesorado a algunas compañías mineras en materia de iluminación.

De acuerdo con el experto, la actual norma de emisión que está en vigencia no discrimina la tecnología que da funcionamiento a una luminaria, es decir, no importa si es LED, filamento incandescente, descarga de alta intensidad, entre otras. Lo crucial en este caso es controlar el espectro de emisión de la luminaria, es decir los colores presentes en la luz, lo que se garantiza a través de la certificación de laboratorio. Además, no basta con comprar la luminaria correcta, ésta además debe estar bien instalada.

Un buen ejemplo de tecnología es el nuevo tipo de luz LED que se llama PC-Ambar. Consiste en un revestimiento que cubre el LED y hace que tenga un color poco contaminante, parecido a las de sodio de baja presión, pero contando con las ventajas del LED: bajo consumo y la capacidad de controlar su intensidad. Estas luminarias se han instalado en las Islas Canarias debido a que ellos cuentan también con instalaciones astronómicas importantes.

Contaminación lumínica de faenas

El director de la Oficina de Protección de la Calidad del Cielo del Norte de Chile (OPCC), Pedro Sanhueza, agrega que la Regulación de la Contaminación Lumínica, el DS043/2012 MMA, “considera cada luminaria como un emisor y obliga, entonces, a cumplir con un grado de emisión de luz hacia el cielo nocturno y con un cierto contenido espectral, limitando las fuentes de luz blanca, concentrándose en aquellas cálidas, en vez de las fuentes frías”.

En el caso del aporte en contaminación lumínica por parte de faenas mineras, el director de la OPCC enfatiza que los mapas del Dr. Fabio Falchi muestran que esta actividad provoca una porción significativa de emisión de luz hacia el hemisferio superior, a veces es similar a ciudades completas. Tal es el caso del complejo Zaldívar/Escondida o de Chuquicamata en la Región de Antofagasta.


     Nivel de iluminación presente en principales observatorios astronómicos chilenos. Foto: Gentileza OPCC,

Certificación en laboratorio

Lo que se controla es el espectro de emisión de la luminaria, es decir, los colores presentes en la luz, lo que se garantiza a través de la certificación de laboratorio.

En ese sentido, el director de la OPCC enfatiza que las certificaciones para luminarias y proyectores según el D.S. 043/2012 MMA, ocurre en” los laboratorios de fotometría de la Universidad Católica de Valparaíso y LENOR, entendemos también CESMEC”. Después se debe proceder a la correcta instalación de estos equipos, en ángulo recto y con fuentes cálidas o ultra cálidas.

El especialista añade que la tecnología de iluminación que se utiliza para cumplir la normativa vigente y para proteger el cielo nocturno es ampliamente usada Chile y en otros lugares con cielos nocturnos patrimoniales, como Hawái (EE.UU.) y en las Islas Canarias (España). Se trata de luminarias o proyectores con 0% de emisión de luz hacia el cielo, instaladas en 0° respecto de la horizontal, y con fuentes de luz cálida de no más de 3.000 grados Kelvin.

Desafíos y avances normativos

Si bien, Chile ya cuenta con la normativa del Ministerio de Medio Ambiente, de acuerdo con Pedro Sanhueza ahora está en proceso legal de revisión por el MMA y es posible -y deseable- que las restricciones espectrales sean aún más específicas a partir de su aprobación. Se trataría de fuentes más cálidas, esta vez de la familia ámbar: PC ámbar, ámbar con filtro, ya sea en el refractor o en cada óptica. La OPCC está trabajando con la Compañía Minera Los Pelambres en el puerto de Punta Chungo, instalando estas luminarias, con fabricantes nacionales. También se ha estado trabajando con la Minera Teck en el mismo sentido, en la faena Carmen de Andacollo.

Vicente Armstrong considera que la implementación de los sistemas de iluminación ha sido lenta. “El recambio de luminarias en las regiones astronómicas ha sido insuficiente dados los plazos establecidos, por lo que la gran mayoría de las instalaciones exteriores se encuentran fuera de la ley”, acota.

El experto añade que con la tecnología existente y pleno cumplimiento de DS43, la contaminación disminuiría bastante, pero si pretende llegar a la menor contaminación lumínica posible, tendríamos que utilizar tecnologías ligadas a las llamadas “Smart Cities”, es decir alumbrados adaptativos y gestionados remotamente, para que la iluminación se realice únicamente dónde y cuándo sea útil. Además, se debería hacer que la ley sea diferenciada por distintos tipos de zonas de conservación, ayudaría a preservar de mejor manera las áreas de interés científico y ecológico. Esto ya ha sido implementado en otros países con muy buenos resultados, según expone Armstrong.