(Pulso) La paralización de las exportaciones desde Grasberg, la primera mina de oro y la segunda de cobre en el mundo emplazada en Indonesia, tenía en la cuerda floja a su controladora, la estadounidense Freeport. En un conflicto que se expendió más de lo esperado inicialmente, el viernes ambas partes llegaron a un acuerdo, al menos, de manera temporal.

“Hemos emitido el permiso, recibimos el documento completo en línea hoy, incluyendo las recomendaciones de exportaciones del Ministerio de Energía para 1,113 millones de toneladas de concentrado de cobre”, dijo Oke Nurwan, director general de comercio exterior del Ministerio de Comercio de Indonesia.

En los detalles, el acuerdo expira el 16 de diciembre del próximo año y considera una autorización para exportar 1,1 millones de toneladas métricas.

De esta forma, la autoridad pone punto final al último episodio que enfrentó al gobierno con Freeport, surgido de las regulaciones que comenzaron a regir a principios de este año.

En las nuevas reglas el gobierno establecía que se podía continuar con las exportaciones hasta 2020 bajo condiciones que incluían la conversión de un contrato de trabajo a una licencia de operación especial, el compromiso de terminar la construcción de la fundición en cinco años y el pago de los derechos de exportación que determine el Ministerio de Hacienda. Esto no fue aceptado por la empresa, por lo que se frenaron los envíos a partir del 19 de enero.

Esto obligó a la empresa, la mayor productora de cobre del mundo que cotiza en bolsa, a reducir la producción y disminuir el número de trabajadores de la mina.

En este marco, sus acciones han experimentado un descenso de 8,5% en el año, llegando al precio de US$12,07.

Además, Deutsche Bank cambió su recomendación de los papeles de Freeport para dejarla en venta y redujo el precio objetivo de la acción desde US$12,9 a US$9,1, justamente por las dificultades que se presentaron para llegar a un acuerdo con la nación asiática. Y aunque el banco reconoce a Grasberg como una mina de alta calidad, larga vida y de bajo costo, destaca los continuos aumentos de riesgos de propiedad y operativos.

Por otra parte, Rio Tinto había proyectado que su producción de cobre este año quedaría entre las 525.000 y 665.000 toneladas, pero la semana pasada rebajó su pronóstico en 12% hasta un rango entre 500.000 y 550.000, tanto por el paro de seis semanas en Escondida como por el conflicto en Grasberg, minas en las que tiene una participación de 30% y 40%, respectivamente.

No todo está resuelto

David Wilson, director de Metals Research and Strategy en Citi Research también hizo sus cálculos y considera que la última previsión de producción de Freeport, de entre 280.000 y 580.000 toneladas, no se podrá alcanzar. “Estoy seguro de que no serán 580.000, sino mucho menos”, indicó a PULSO.

Además, sostuvo que “la mina ha estado desconectada, sin poder producir ni exportar concentrado por bastante tiempo. Ahora le dieron una licencia temporal de exportación, pero ninguno de los problemas subyacentes se ha resuelto”.

Según Wilson, Freeport es presionada para que venda una participación en la empresa a una entidad de Indonesia, respecto a lo que todavía no hay un acuerdo.

Por otra parte, se asoma un conflicto con el sindicato de Grasberg, que planea realizar una huelga en mayo en protesta contra despidos y separación de empleados, que se dieron en el contexto de la paralización de los envíos.

“Espero hasta tres interrupciones en Grasberg este año, cuando termine la licencia a fines del tercer trimestre”, agregó el analista de Citi Reserach.