(Codelco División Chuquicamata) La sede de la junta de vecinos Verde Esperanza tiene un amplio antejardín. Cuatro niños corren detrás de una pelota. Otros más, se pelean un lugar del taca – taca, que está justo al lado de la puerta principal.
Al mirar hacia el interior, se divisan claramente cuatro mesas grandes, ordenadas en forma de «ele». Sobre ellas, máquinas de coser y muchos carretes de hilo, de diversos colores y tamaños.
Ada Ramírez, es la presidenta del sector y fue la encargada de canalizar la inquietud de sus vecinas, que vieron en un taller de costura y cortinaje, una gran oportunidad para salir adelante. «Queríamos fortalecer de alguna forma la inserción laboral de las mujeres de nuestro sector. Ellas están aprendiendo porque saben que de aquí saldrán con nuevas opciones para ayudar a sus familias», explicó la dirigente.
El camino no fue fácil. Ya lo habían intentado sin éxito en más de una oportunidad. Luego de una larga espera, supieron del fondo concursable Calama Participa de Codelco Chuquicamata y postularon para comprar las máquinas de coser que tanto necesitaban.
«El año pasado sufrimos una decepción porque teníamos este proyecto y no lo pudimos financiar. Éramos veinte vecinas y cada una debía tener su propia máquina, lo que era imposible porque acá casi todas las mujeres son de escasos recursos. Pero afortunadamente eso cambió y hoy vemos como el sueño del taller por fin se hizo realidad», señaló Ada Ramírez.
Aprendizaje
Aunque sólo llevan tres semanas de clases, las alumnas han logrado un rápido aprendizaje. Su objetivo es elaborar sets de cocina, de baño y cortinas, y exponer estos productos a la comunidad con el fin de comercializarlos.
En eso están las cerca de veinte alumnas que se atrevieron en este desafío y que trabajan los miércoles y viernes, bajo la atenta mirada de su profesora. «Este proyecto tiene muy entusiasmadas a las vecinas. Estamos trabajando a conciencia y logramos conformar un grupo donde algunas alumnas algo sabían de costura y otras absolutamente nada. Lo bueno es que se ayudan entre ellas y se ha formado un grupo muy unido», señaló Mónica Basián, monitora de manualidades a cargo del curso.
Loreto Vargas, sabe que el desafío es complejo. Aprende desde cero y con una sola idea en la mente. «Quiero ser un aporte en mi casa. Si bien yo hago todas las cosas domésticas, nunca he podido aportar económicamente para que mi familia esté mejor. Con harto esfuerzo se puede sacar esto adelante», enfatizó la vecina.
Así como Loreto, sus compañeras aseguran que el taller es muy provechoso, porque les permite dejar de lado por algunas horas su rol de dueñas de casa, el único que conocían hasta el momento. Ahora continuarán trabajando y si todo sale como está previsto, realizarán una exhibición el próximo treinta de noviembre, ocasión donde podrán mostrar a la comunidad todo lo que han aprendido.
Fuente / Codelco División Chuquicamata