Fue a mediados de los años noventa cuando la minera Rio Algom detectó un espacio vacío sobre el llamado cinturón de cobre de la Región de Antofagasta, donde se encuentra parte importante de los grandes yacimientos cupríferos del país. La pregunta obvia era por qué no buscar ahí una nueva veta del mineral rojo. Había un detalle: el terreno estaba situado justo bajo la antigua carretera que unía Calama con Antofagasta. En ese mismo lugar se inaugurará el lunes 26 de marzo el yacimiento Spence, ahora en manos del gigante minero BHP Billiton.
«Por sobre Spence pasaron todos los ingenieros y geólogos de Chile. Tuvimos la suerte de que a nosotros se nos ocurrió buscar ahí», dice el gerente general de la minera, Francisco Costabal. Para ejecutar el proyecto -situado a 50 kilómetros de Calama y a 12 de Sierra Gorda-, hubo que mover no sólo el trazado de la carretera, sino también de las cañerías de agua que abastecen a Antofagasta.
Así, donde antes corrían el camino y las tuberías, hoy se aprecia el enorme hueco de la mina a rajo abierto que hace ver pequeños a los grandes camiones que transportan el mineral. Serán 200 mil las toneladas de cátodos de cobre que producirá Spence una vez que esté en régimen, un volumen un poco menor que el de minera El Abra, localizada también en la Región de Antofagasta.
Una de las particularidades de Spence es que se trata de un proyecto «greenfield», como se llama en jerga minera a aquellos que parten desde cero. El último de estas características fue El Tesoro, de Antofagasta Minerals, que entró en operaciones en 2001 y actualmente produce 100 mil toneladas de cátodos de cobre. El próximo será Gaby, de Codelco, que empezará a producir en 2008 y llegará a las 150 mil toneladas de cobre.
«Spence tiene un costo de operación competitivo (US$ 60 centavos la libra) y un costo de capital que es relativamente alto. Afortunadamente con esta coyuntura de precios tendremos la oportunidad de pagar la inversión (casi US$ 1.000 millones) en un plazo más corto de lo que teníamos pensado, lo que dejará a Spence en una posición muy sólida», dice Diego Hernández, presidente de Metales Base de BHP Billiton (ver entrevista).
Esta visión optimista es compartida en el sector. «La entrada de Spence es oportuna porque viene a satisfacer una demanda creciente. Para Chile es importante porque son 200 mil toneladas con su correlato en exportaciones y de impuestos, y contribuye a mantener la posición del país en el mercado», dice el director de Codelco Jorge Bande.
Revisión tras revisión
El bautizo de Spence tiene un origen trágico. Mientras en Chile Rio Algom celebraba su descubrimiento, en Filipinas un geógrafo de la empresa llamado Colin Spence fue asesinado. Impactados, los trabajadores propusieron darle su nombre al nuevo proyecto.
Su desarrollo fue relativamente rápido si se le compara con otros yacimientos, durante el boom minero de los años noventa, que tardaron décadas en ser explotados. Sin embargo, Spence debió superar numerosos escollos antes de hacerse realidad.
Costabal cuenta que los estudios de factibilidad fueron complejos. La tecnología disponible para los procesos de lixiviación no estaba completamente desarrollada como para aplicarla al tipo de mineral encontrado. Se construyó un túnel para obtener muestras y finalmente las pruebas metalúrgicas confirmaron que era posible manejarlo. Pero cuando todo parecía listo, el año 2000 Billiton adquirió a la canadiense Rio Algom por US$ 1.200 millones. Entonces todo volvió a fojas cero.
El nuevo dueño quiso revisar lo hecho. Cuando por fin el escenario parecía perfecto para la puesta en marcha, en marzo de 2001 Billiton se fusionó con BHP, dando origen al gigante australiano que hoy es la minera más grande del mundo. Y nuevamente se revisaron reservas y procesos de Spence.
El entorno era complejo, pues en esos años el precio del cobre estaba por el suelo. Si bien Costabal asegura que este tipo de proyectos no se decide por la coyuntura, reconoce que era más difícil justificarlo. No olvida el día en que le dieron el vamos: 21 de octubre de 2004 en Melbourne, donde están los cuarteles generales de BHP Billiton. El cobre empezaba a recuperarse y ya marcaba US$ 1,3 la libra, lejos de los US$ 3 de hoy, pero el doble de precio que el año anterior.
«Fue un gran desafío hacer la presentación y después de haber pasado revisiones y revisiones salir con un sí en el bolsillo. Me dijeron: ahí están los US$ 990 millones, adelante. Tuvimos tiempo para estudiarlo en demasía y creo que eso ha sido una de las ventajas de Spence. Sabíamos exactamente lo que teníamos que hacer», reflexiona hoy Costabal.
Ciudad Spence
La aprobación hizo poner el pie en el acelerador. El 1 de enero de 2005 comenzaron los trabajos, y en mayo del año siguiente se produjo la primera tronadura. En septiembre se empezó a procesar el mineral y el 6 de diciembre pasado «cosechó» el primer cátodo.
Para conseguirlo, los siete ejecutivos «fundadores» -que eran los únicos trabajadores de la empresa- llegaron a contratar, en el peak de la construcción, a 8.500 personas, de las cuales permanecerán unas mil. Como las labores se realizan durante las 24 horas en una zona aislada, se construyó una verdadera ciudad, que llegó a albergar a 5 mil huéspedes. Incluye un campamento provisorio, con conteiners habilitados como piezas, y otro permanente, con 500 habitaciones unipersonales. Las construcciones buscan tener un toque de las antiguas salitreras de la zona, levantándose en torno a patios interiores.
El perfil de los funcionarios es bastante particular: 70% es de la región y 10% son mujeres, cinco de las cuales operan los gigantescos camiones Caterpillar de 240 mil toneladas. Además, 70% no tenía ninguna experiencia al ingresar, lo que se traduce en que la edad promedio sea de 31,5 años (Costabal es el mayor). En el resto de la industria ésta es de 44 años. La idea, cuenta el ejecutivo, era partir con personas que fueran como «un papel en blanco», de modo de transmitirles fácilmente la cultura de la empresa, que él llama «BHP Billiton way».
La preocupación por la seguridad es uno de los aspectos que más les interesa transmitir. Y basta dar una vuelta por Spence para notarlo. No sólo por los implementos especializados de los mineros, sino porque desde la entrada hay revisión con detectores de metales, rayos equis y anuncios de alcoholemia. Los automóviles circulan con todos sus pasajeros con cinturón de seguridad pese a que nunca superan los 50km/h y los peatones no pueden caminar libremente sino por líneas establecidas. Si uno se aparta un centímetro alguien reacciona inmediatamente alertándolo.
Con 4.9 millones de horas/persona trabajadas, Francisco Costabal asegura que el accidente más grave ha sido una quebradura de pierna. Un récord que lo tiene orgulloso.
Fuente / Qué Pasa