(El Mercurio) La minería está desde que Chile es Chile. Y quizá de antes. Pero la gran industria minera del cobre, podría decirse, partió mucho después, hace 109 años, cuando las grandes faenas decidieron crear lo que hoy se conoce como campamentos mineros.
Estos asentamientos partieron cuando la Braden Copper Company estableció en 1905 Sewell para la explotación de cobre.
Esta ciudad dedicada solo para concentrar a los trabajadores de la mina en sus cercanías fue la primera de una serie que continúa hasta hoy.
En estos años, explica el doctor arquitecto Eugenio Garcés, el desarrollo de este tipo de lugares ha sido muy disímil: Lota, por ejemplo, devino en ciudad, mientras que Sewell no perduró.
Los más modernos, como Doña Inés de Collahuasi (1999), están enfocados en ser unidades como hotel, que permiten una población flotante cercana al yacimiento.
Hoy, dice Garcés, autor principal de Las Ciudades del Cobre, el modelo lleva a asentamientos que operan en función al trabajo más que a la vida cotidiana de los mineros.
Están diseñados para turnos mineros, sin familias y pensado en un equipamiento suficiente para el descanso de los trabajadores que se exponen a largas jornadas.
Hoy, dice el experto, estamos lejos de la perfección, y el desarrollo de los campamentos sigue enfrentando grandes desafíos, por el agotamiento de faenas, la generación de nueva.
Fuente / El Mercurio