Trabajo es trabajo. Con dos gemelos de tres años, María Aguilera no lo pensó dos veces cuando minera Pelambres pedía jóvenes para capacitarse y trabajar ahí, en su campamento. No fue fácil. La encargada no quería ingresarla, “pero el aviso decía jóvenes y le dije que me inscribiera no más”, recuerda María, que lleva nueve años en la minera de Salamanca y quien también es secretaria del sindicato de la planta concentradora.
De la capacitación contratarían a 30 personas, y aunque tuvo el mejor promedio, no la convocaron y ella tuvo que llamar para pedir explicaciones. A los pocos días ya estaba trabajando. Fue la única mujer. Hoy trabaja en la planta de flotación de cobre. “Estoy harto en terreno con casco y overol. Al principio era entretenido, pero con los años, pesan. He pedido que traigan más mujeres, me encantaría, para poder demostrar que nos la podemos”, dice María, quien reconoce que usar la fuerza bruta es lo más difícil. Lo otro complicado es la familia. Ella trabaja siete días y descansa siete y cree que sus hijos, especialmente el de cuatro años, lo resiente, “pero lo hago por ellos, por dejarles una buena educación”. Cuando está en el campamento, aprovecha de usar sauna y gimnasio de mujeres. Cuando está libre, viaja semana por medio a Valparaíso a terminar sus estudios de Ingeniería en Gestión Industrial y va Salamanca, a estar con su familia.
Fuente / La Tercera