“Sólo a partir de 2012, se podrá contar con la seguridad necesaria en el abastecimiento eléctrico, suministro que también se debiera poder obtener a costos más competitivos que en la actualidad», así lo anuncia en un acabado informe la Comisión Chilena del Cobre Cochilco, donde se estableció los riesgos a los que está expuesta la minería nacional ante las carencias de electricidad que se presentan, no obstante señalan no se ha advertido una merma significativa en los procesos, dado que se está buscando todas las formulas posibles para mantener el abastecimiento de que requiere, sin embargo ello ha significado elevar significativamente los costos. En definitiva, establecen, «la energía es un insumo crítico para la producción minera».
Señala el estudio que hoy «cuando el país enfrenta un escenario complejo en términos de disponibilidad de energía eléctrica, por una parte, y de precios de combustibles en elevados niveles, por otra, es indiscutible la necesidad de un seguimiento y evaluación que permitan definir y evaluar los riesgos asociados y las acciones para evitar que se produzcan mermas productivas.
En un trabajo elaborado por la entidad se aborda esta temática.
Niveles de riesgo
«Al revisar la correlación positiva entre producción de cobre y consumo de energía en el período 1995-2006, se constata que la tasa de crecimiento de consumo de electricidad (8,4% anual) ha sido mayor que la tasa de crecimiento de la producción de cobre (7,2% anual). Distinto es el caso de los combustibles, cuyo consumo por la minería, durante el mismo período, ha sido sustancialmente más lento (3,7% anual). Como consecuencia de estas tendencias, la producción de cobre depende hoy más de la disponibilidad de electricidad de lo que dependía hace 12 años».
El importante vínculo entre producción de cobre y consumo eléctrico también se evidencia al consignar que la minería del cobre representa casi un tercio (32,7% en el año 2006) del consumo eléctrico total del país. Un análisis por sistema eléctrico indica que esta participación es por cierto mucho más elevada en el SING (82,2%) que en el SIC (17,1%) lo que se explica en forma importante por la distribución geográfica de la producción minera en Chile (el 62,8% del total de cobre producido en Chile se produjo en el área del Sistema Integrado del Norte Grande).
Considerando estas diferencias en términos de participación de la minería del cobre en el SING y en el SIC, como también que la situación de «crisis» en ambos sistemas responde a factores levemente distintos, es que se hace necesario abordar la primera pregunta en función de si se trata de operaciones mineras asociadas al SING o al SIC.
En el caso del SING, fueron las empresas mineras las que en el pasado generaron un incentivo para la ampliación de la capacidad de generación eléctrica empleando preferentemente el gas natural (GN) argentino. Esto, si bien redundó en una significativa disminución del valor de la electricidad en el Norte, también provocó que se registrara una sobre inversión en la capacidad de generación eléctrica entre los años 1998 a 2002, debido al interés de varias empresas eléctricas por ganar la creciente demanda de las compañías mineras. Tanto en el SING como en el SIC, las restricciones al suministro de GN argentino, a partir de abril de 2004, provocaron cambios drásticos en la matriz de energía primaria utilizada. En ambos sistemas, la participación del gas natural disminuyó mientras que la participación del diesel y carbón+petcoke aumentaron significativamente. Este cambio respondió a una acción de emergencia de las generadoras ara evitar la insuficiencia eléctrica, las que primero reactivaron centrales de generación a carbón en ambos sistemas, y luego, tras agudizarse la crisis del GN, comenzaron a operar las centrales duales con diesel.
Una alternativa
La operación con diesel como medida de respuesta ante la crisis del GN permite contar con la necesaria generación eléctrica que la minería requiere en sus operaciones actuales. Sin embargo, se trata de una alternativa que por las dificultades que a continuación se explicarán, no brinda espacios para el crecimiento del sector.
Por una parte, la utilización de este combustible impone limitaciones a la capacidad de generación eléctrica en las centrales de ciclo combinado.
Afortunadamente esta restricción no es «activa» en el caso del SING pues, como se señaló previamente, hay una sobre capacidad instalada en ese sistema.
Un segundo elemento es que la utilización de diesel en las centrales duales incrementa los riesgos de fallas imprevistas. Este riesgo es difícil de minimizar y ha mostrado estar presente como en el caso de la central Nehuenco I que está detenida desde fines de 2007 a raíz de un incendio cuando operaba con diesel.
Además de estas dificultades operacionales, la utilización de diesel en reemplazo de GN puso de manifiesto en un comienzo una serie de insuficiencias logísticas para el abastecimiento regular del combustible por el súbito aumento de los volúmenes a manejar. La logística del diesel requirió habilitar muelles de desembarque y estanques en Mejillones y un oleoducto entre Quintero y Quillota, para hacer más eficiente el transporte de este combustible y minimizar el uso de carreteras. Las dificultades logísticas iniciales han sido superadas y hoy ENAP ha asegurado la disponibilidad del diesel tanto en el Norte como en la Zona Central.
La consecuencia más significativa de la crisis del GN ha sido el aumento de costos en la generación eléctrica al ser el diesel un combustible bastante más caro.
En consecuencia, el señalado crecimiento esperado del sector minero sólo será posible si se adoptan medidas que vayan más allá de aquellas que ya se han implementado y que han permitido administrar la crisis actual.
Fuente / El Mercurio de Calama