Karen Poniachik, quien asumió hace un mes como ministra de Minería y Energía de la presidenta Michelle Bachelet, sostuvo en la Quinta Conferencia Mundial del Cobre del CRU Group que en este período boyante de la industria del metal, las compañías deben enfrentar una serie de desafíos para anticiparse a una eventual falta de reservas o de producción.
’’Hay que guardar para los tiempos difíciles (…) Hay que explorar para seguir creciendo (…) Ahora es el momento de invertir los excedentes en explorar, porque ¿de qué vamos a vivir en 100 años más si hoy no hacemos lo necesario?’’, preguntó la ministra a los asistentes a la conferencia.
Según cifras citadas por Poniachik, la inversión en exploración cayó de 7.000 millones de dólares en 1997 a 2.000 millones en el 2002 y aunque ha crecido en el último tiempo, añadió que aún no alcanza los niveles de mediados de la década de los 90.
La industria minera chilena, que genera el 36 por ciento de la producción mundial de cobre y representa el 47 por ciento de las ventas globales del metal, ha enfrentado una serie de conflictos laborales y medioambientales en el último tiempo.
Y en ese contexto, la ministra instó también a las empresas a otro desafío: hacer esfuerzos por resguardar la seguridad de los trabajadores, sean propios o contratistas, y a desarrollar la actividad de manera sustentable con el fin de resguardar el recurso minero, que no es renovable, y no esperar que una ley los obligue a hacerlo.
’’Dentro de los efectos negativos de esta fiebre del cobre, está la explotación a cualquier costo (…) Tenemos que explotar nuestro cobre de manera sensata, racional y sustentable’’, agregó Poniachik.
La estatal chilena Codelco, la mayor cuprífera del mundo, encaró en el verano pasado una serie de movilizaciones de trabajadores contratistas que exigían un trato de parte de la empresa similar a la de sus propios empleados, conflicto que aún no se resuelve.
Paralelamente, la mayor minera de oro del mundo, la canadiense Barrick, no ha podido iniciar oficialmente un gigatesco proyecto de oro y plata en el norte de Chile debido a las consecuencias ambientales que, según las comunidades vecinas y movimientos ecologistas, podría acarrear su explotación.
Fuente/La Segunda