El ahora consultor laboral Marcelo Albornoz estaba sumergido en las tareas propias de su estudio jurídico cuando el fallo de la Corte Suprema reavivó aquello que los gremios empresariales venían acusando por años: que la Dirección del Trabajo se extralimitó sistemáticamente al intervenir en controversias jurídicas sin tener esas facultades.
-¿Este fallo dejó al descubierto que por años la Dirección del Trabajo actuó de forma abusiva?
«No. Yo estimo que, históricamente, la Dirección del Trabajo estableció vínculos laborales en virtud de sus facultades generales. Yo lo hice y también se hizo en gestiones anteriores. Lo que hubo fue una falta de definición de la ley, de cuál es el límite de esa facultad. Esta contundente y masiva jurisprudencia adversa es consecuencia de un problema estructural: creer que toda la discusión laboral debía pasar por la DT».
-Dentro de esa lógica, ¿dotarla de nuevas atribuciones, tal como plantea el ministro Andrade, no se presenta como una necesidad imperiosa?
«La oportunidad que ha surgido es replantearse hasta dónde llegan las facultades de la Dirección del Trabajo en el ámbito de las relaciones atípicas de trabajo, en el ámbito de la simulación y de la determinación del empleador. Yo creo que la propuesta que le escuché a la directora del Trabajo de conjugar la investigación administrativa con la decisión de los tribunales es una salida adecuada ahora. Pero si el día de mañana le vamos a entregar atribuciones en materia de fiscalía, va a terminar por transformarse en una especie de ministerio público laboral. Debería estudiarse que esa capacidad de denuncia fuera una materia que asumiera la Defensoría Laboral».
-¿Por qué la Defensoría Laboral, que ni siquiera tiene definidas sus atribuciones y que opera sólo en dos regiones, podría asumir el rol de ministerio público de mejor forma que la Dirección del Trabajo?
«Porque la Defensoría Laboral es un cuerpo compuesto por abogados y la Dirección del Trabajo es un cuerpo compuesto por fiscalizadores. Pero estos temas no son de dogma. Lo que yo planteo es que la DT históricamente ha tenido una finalidad fiscalizadora, por lo tanto esa es la identidad y las facultades que deben preservarse. No vistamos un santo desvistiendo a otro. Estamos creando un santo con tantos vestidos que, al final del día, el santo no sabe cuál es la ropa que le da identidad».
-¿Quién se hace cargo durante la transición? La defensoría opera en dos regiones y la DT no tiene esas facultades.
«Desde el punto de vista pragmático, la ley deberá entregar facultades expresas a la DT. Se cerró momentáneamente la puerta, de modo que muchos trabajadores que están sufriendo este tipo de infracciones ven que su única alternativa es contratar un abogado e irse a los tribunales. Aquí se ha generado un vacío que se debe llenar».
-¿Esto sólo en transición y sin perder de vista que en el mediano plazo debiera ser la Defensoría Laboral la que se haga cargo de llevar los casos ante los tribunales?
«A mi juicio sería el ideal, pero eso depende de cuál va a ser el rol que se le va a entregar a la defensoría, porque yo todavía no la veo constituida como referente. La veo como un grupo especializado de abogados que van a defender causas de los más pobres. Eso es un avance, pero de ahí a pensar en una defensoría al estilo de países como Brasil, donde hay un ministerio público del trabajo, distinto a la dirección del trabajo, no lo veo».
-¿Es exagerado pensar que esta es la peor crisis de nuestra institucionalidad laboral?
«Lo que ha pasado es que una sola institución ha quedado chica. A veces uno ve a la Dirección del Trabajo desbordada de responsabilidades y sin una identidad marcada, que no tiene que ver con la persona que está a cargo, sino con la estructura».
-¿No le resulta llamativo que el golpe de gracia que recibió la DT haya surgido de una controversia con una entidad del Estado y no con una gran empresa privada?
«Yo lo dije desde un primer momento. Si bien es legítimo llevar los casos ante los tribunales de justicia, creo que, políticamente, en el ámbito de Codelco se debieran haber buscado fórmulas armónicas de salida. Es paradójico que la principal empresa del Estado haya, a través de los tribunales, restado una facultad históricamente importante de la Dirección del Trabajo. Hay empresas privadas que tuvieron una actitud distinta».
No vistamos un santo desvistiendo a otro. Estamos creando un santo con tantos vestidos que, al final del día, el santo no sabe cuál es la ropa que le da identidad.
Es paradójico que la principal empresa del Estado haya, a través de los tribunales, restado una facultad históricamente importante de la Dirección del Trabajo.
Fuente / El Mercurio