Australia, un país que ha sabido capitalizar su riqueza mineral, está mostrando nuevamente su capacidad de innovar en políticas públicas para atraer inversión y fomentar el desarrollo sostenible.
Un reciente proyecto de ley presentado en su Parlamento propone dos medidas audaces: subvencionar la producción de hidrógeno y otorgar beneficios tributarios a la extracción de 31 minerales críticos. Más allá de sus objetivos económicos, refuerza su competitividad global frente a otras naciones como Chile, Argentina y Estados Unidos.
Un aspecto fundamental de esta política es su enfoque en atraer inversión extranjera. Los beneficios tributarios garantizan a las empresas una mayor rentabilidad durante los primeros 10 años de sus proyectos. En un escenario donde los mercados globales enfrentan una mayor incertidumbre, esta medida se convertirá en un poderoso imán para los capitales.
¿Por qué estas políticas funcionan? La clave está en la estrategia económica detrás de ellas. Al reducir los impuestos iniciales para nuevas inversiones, Australia no está perdiendo ingresos fiscales; al contrario, está asegurando la generación de un flujo de ingresos futuros que, de otra manera, no existiría.
¿Y en Chile?
Chile, actor clave en la producción de cobre y litio, podría sacar provecho de este enfoque. La actual Estrategia Nacional del Litio, con sus altas exigencias a las empresas y tasas de impuesto efectivo fuera de mercado, corre el riesgo de desincentivar la inversión en un momento crítico de la economía mundial. En lugar de establecer barreras, el país podría adoptar medidas similares a las australianas, incentivando la producción mediante mecanismos fiscales que no impliquen un costo directo para el Estado. Es decir, ofrecer beneficios tributarios iniciales para atraer capital que, de otro modo, buscaría mejores condiciones en otras partes del mundo.
La implementación de beneficios tributarios focalizados, como los que en su momento facilitó el antiguo Decreto Ley 600 en Chile, podría revitalizar sectores clave, incluyendo el litio. Este enfoque no requiere inventar nuevas fórmulas, sino aprender de ejemplos comprobados, cuyas fórmulas han demostrado ser exitosas.
Un dato interesante de la propuesta australiana es que surge de un gobierno de izquierda, apoyado por sectores ecologistas. Este hecho desmonta la idea de que reducir impuestos es una medida exclusiva de la derecha política. Al final, lo importante no es la ideología, sino aplicar políticas que funcionen para el desarrollo económico y la transición energética. Mientras Chile, optó ideológicamente en 2022 por subir impuestos con el royalty minero, Australia apuesta por incentivos inteligentes, demostrando que las decisiones económicas deben responder a la realidad del mercado, no a dogmas políticos.
El éxito australiano actual y de Chile en el pasado nos debiera enseñar que la riqueza de un país no depende sólo de sus recursos naturales, sino de cómo se los gestiona. En un mundo donde la competencia por la inversión extranjera es gigante, medidas como estas no sólo son necesarias, sino urgentes. Chile tiene el potencial, pero ¿está dispuesto a aprender de quienes ya están un paso adelante?