Editorial Revista MINERÃA CHILENA
La minería sabe lo que son los retos. Estos hacen sentido a su quehacer, desde la búsqueda de un yacimiento con potencial minero y su desarrollo, hasta la operación, provecho y cierre de las faenas, muchas veces ubicadas en lugares distantes, de difícil acceso y en condiciones climáticas adversas. Sin embargo, hoy la minería enfrenta desafíos adicionales, que la obligan a ser más eficiente, más productiva, más responsable, más innovadora y creativa.
El diagnóstico es conocido: minas más remotas y profundas (con las dificultades técnicas y humanas que ello implica), leyes minerales en descenso, escasez de recurso humano calificado, menor productividad, consumo energético en alza y con altos precios; elementos que se dan además en un entorno ciudadano más demandante.
Este año se suma otro factor: la llegada de un nuevo Gobierno. Por de pronto, uno de los planteamientos de la Presidenta electa que más preocupa a la industria –y que ha motivado reacciones del sector– es la derogación del Estatuto de Inversión Extranjera (DL 600), que en palabras de Diego Hernández “ha sido una herramienta clave para la llegada y el financiamiento de inversión extranjera y su permanencia es fundamental para la continuidad de esta inversiónâ€.
Mientras el país ha retrocedido en su competitividad –fundamentalmente por mayores costos laborales y energéticos– debiera cuidarse una de las ventajas que atrae a los inversionistas: un marco legal y político estable, en un ambiente macroeconómico favorable.
Otros temas que incorpora el programa de Michelle Bachelet tienen relación con la obtención de energía a precios competitivos; la capitalización de Codelco; el fortalecimiento de Sernageomin y Cochilco; el establecimiento de un gobierno corporativo moderno en Enami; el trabajo para “una efectiva explotación†del litio; y el perfeccionamiento del sistema de concesiones mineras, para fomentar la exploración. Si bien hay consenso en la mayoría de ellos, la última propuesta despierta dudas, por la posibilidad de que en la regulación haya más trabas que incentivos.
Una arista que sin duda deberán saber manejar las compañías mineras es la variable social, toda vez que ante el arribo de nuevas autoridades pueden exagerarse las expectativas, aumentando el riesgo de movilizaciones y paralizaciones que podrían prevenirse con una mejor aproximación hacia la sociedad en general y las comunidades en particular.
Independiente de quién gobierne, la minería tiene que resolver desafíos por sí misma. Uno de suma importancia es la reducción de costos, aspecto en que, por ejemplo, Codelco ha mostrado avances (a septiembre de 2013 sus costos y gastos totales bajaron 12% versus 2012), pero todavía tiene temas pendientes que resolver como es recuperar la producción en Chuquicamata, que viene cayendo en los últimos cinco años y cuyo proyecto estructural de mina subterránea recién entraría en marcha a fines de 2018.
También las mineras deben elevar su productividad y coordinar medidas con las empresas externas y las que les suministran. Mejorar el rendimiento implica invertir en innovación, promoviendo el desarrollo local de tecnologías. Se suman a estos retos el desarrollo de mecanismos apropiados para definir proyectos, la adopción de nuevas estrategias para captar y retener talentos, poner aún mayor énfasis en la seguridad y establecer relaciones más transparentes e integradoras con la comunidad, como sugiere el nuevo enfoque de la RSE, y del cual informamos en esta edición.
En suma, hay varios pasos que dar para que la minería salga fortalecida y siga aportando al país.