(El Mercurio) «Hubo un sismo, el más grande del último tiempo (…) cambiaron las condiciones y es necesario reconstruir gran parte del país». Todas estas afirmaciones han sido el sustento de quienes están a favor del aumento al impuesto específico a la minería, el royalty . Pero para el profesor de la Universidad Católica Marcos Singer, nada de esto es cierto. Las condiciones para modificar el impuesto que grava a las mineras no han cambiado.
Con el terremoto existe una nueva excusa. Una que permite abrir la discusión y estudiar el aumento del mismo.
A juicio de Singer, evaluar si es que conviene o no cumplir con el compromiso de no subir el impuesto a las empresas mineras, sin duda implica una pérdida de tiempo para el Estado. Porque la respuesta para el Estado es simple y obvia: conviene aumentarlo.
Sin embargo, si estudiamos el comportamiento de las empresas mineras y del Estado, tal como se hace en la teoría de juegos, de la cual Singer acaba de lanzar el libro «Una práctica teoría de juegos» (Ediciones UC), las decisiones se realizan evaluando los costos y beneficios en el largo plazo, y no en el instante.
Tal como sucede en una matriz de pagos de teoría de juegos, se obtiene la mayor ganancia cuando no se cumple con lo que se promete. Pero la ganancia se da sólo en el corto plazo, ya que si el Estado, y en general las empresas o personas, no cumplen, el día de mañana estas conductas serán anticipadas por la contraparte en una siguiente negociación. Y en el caso de las mineras, tendrán nulos incentivos para invertir.
Para el académico, esto explica la reticencia de las compañías mineras para un alza temporal de los impuestos, ya que aquellas alzas impositivas clasificadas como temporales nunca lo fueron. «Sin embargo, Chile tiene un gran capital de confiabilidad que debe cuidar. Si no se cumplen los acuerdos, se acabó la confianza y con ella los incentivos y la seguridad de las empresas para invertir en nuestro país», afirma el Singer.
Así, el acuerdo del royalty se hace bajo incertidumbre, y ésa era la certeza que tenía el Gobierno al prometer la invariabilidad del impuesto.
Fuente / El Mercurio.