(El Mercurio) El derrumbe del sábado terminó abruptamente con la esperanza de un rápido rescate de los mineros atrapados en la mina San José. El inesperado escenario dejó en blanco al equipo que lideraba el ministro de Minería, Laurence Golborne.
Tras varias reuniones, el secretario de Estado telefoneó al presidente de Codelco para pedirle a su mejor hombre. Éste no dudó, y le propuso al ingeniero en minas Andrés Sougarret, quien se desempeña como gerente de la mina El Teniente, en la Región del Libertador General Bernardo O`Higgins.
El profesional aceptó de inmediato la misión de rescate. Eso sí, solicitó a 20 de sus ingenieros mecánicos para asegurar que sus órdenes se ejecutaran sin contratiempos. Sugarret tiene 23 años de experiencia y su carrera se ha destacado por la excavación en profundidad. Incluso, ha participado en labores de rescate en tres derrumbes de la mina El Teniente.
El ingeniero tomó el control de los siete expertos de varias empresas mineras, analizó los mapas para instalar las sondas, y ayer incluso ingresó a la mina para comprobar el nivel de asentamiento.
«El diagnóstico es positivo, porque pensé que me iba a encontrar con un panorama peor, y así podremos realizar labores de minería pasado el nivel de 350 metros, y eso es favorable, ganamos tiempo. De todas formas, la situación «sigue siendo de extremo cuidado», relata.
El equipo de 30 profesionales también está compuesto por expertos de distintas empresas de la zona, como Escondida y Codelco Norte. Son geólogos, rescatistas y expertos en túneles. Reunidos en las oficinas de la gerencia de la minera, por turnos van verificando la excavación de las máquinas y el avance del operativo.
Último minero accidentado confía en compañeros
Gino Cortés Calderón (40) fue el último accidentado en la fatídica mina San José antes del derrumbe que atrapó a 33 compañeros.
El pasado 3 de julio, Gino se dirigía al refugio, cerca de la base de la mina, cuando un planchón de roca cayó sobre su pierna izquierda y se la amputó en el acto.
«Nos dirigíamos a un breve descanso en el refugio, cuando cayó una enorme roca, me alcanzó la espalda, me sacó el casco y cayó sobre mi pierna», recuerda desde su habitación del Hospital del Trabajador en Santiago, donde permanece hospitalizado.
Sobre la suerte de sus compañeros es muy cauto para definirla. «Sinceramente, espero que hayan logrado escapar al refugio. Nosotros acostumbrábamos a salir de la mina a esa hora, pero por el ruido podrían haber bajado al refugio», afirma.
Sobre las condiciones de esa zona de resguardo, Cortés dice que nos son muy alentadoras. «La empresa dice que tiene de todo, pero la verdad que es como una cueva, donde hay dos bancas para sentarse y un cajón de madera, de un metro cuadrado, cerrado con candado con dos latas de conservas de jurel, un par de frazadas y un tubo de oxígeno, y nada más», cuenta.
Lo otro que le preocupa a Gino Cortés es la posible falta de oxígeno en esa zona. «El refugio era ventilado sólo por la chimenea y la entrada, y si están cerradas el aire debe ser escaso», dice.
Fuente / El Mercurio