(El Mercurio) Durante la Primera Guerra Mundial, siete de cada 10 dólares exportados por Chile tenían su origen en el salitre. Los ferrocarriles recorrían miles de kilómetros del desierto de Atacama, cargados con nitratos que le daban al país el sustento productivo. Así, uno de cada tres dólares que se produjeron entre 1900 y 1920 provenía del norte, y las entonces provincias de Tarapacá y Antofagasta bullían en actividad económica.
Pero el descubrimiento del salitre sintético y la Gran Depresión hicieron sucumbir la prosperidad nortina. Solo yacimientos cupríferos específicos, como el rico filón de Chuquicamata, le dieron un empuje a la zona.
Con el correr del siglo XX, otras iniciativas se fueron agregando, pero no fue sino hasta el ciclo de precios de los minerales surgido en los últimos años, que el norte volvió a ser protagonista del avance económico de Chile.
En 1971, el año de la nacionalización del cobre, el peso relativo de las provincias nortinas sobre todo lo que producía Chile (PIB) llegó al 10,3%. Ni siquiera eran, en conjunto, superiores a la contribución de la actual región de Valparaíso (11,4%), y palidecían al compararla con la zona sur -del Biobío al polo austral-, cuya contribución al PIB nacional sumaba el 20,6% del total.
Casi todo cambió en el transcurso de 40 años.
La zona norte, que va desde las regiones de Arica y Parinacota a la de Coquimbo, representaron en 2011 el 19,6% del PIB, mientras la zona sur llegó solo al 16%.
Valparaíso ahora concentra el 8,2% del PIB nacional.
Solo la Región Metropolitana mantiene una primacía distante del resto, invariablemente concentrando casi la mitad de la producción (48,2% en 2011).
El ascenso nortino
Las cifras provienen del Banco Central, que tiene registros desde 1970 hasta el 2011. La participación de cada región se obtuvo del peso que representan en el total del país, cuando está identificado el origen geográfico de esa producción. Quedan fuera del cálculo los valores extrarregionales, IVA y derechos de importación. Para obtener los datos de 1971, el Banco Central hizo una recreación de las regiones, puesto que en esa fecha Chile estaba dividido en provincias y departamentos. La regionalización comenzó recién en 1974. Similar criterio se aplicó para el caso de las regiones de Arica y Parinacota, y Los Ríos -ambas de reciente creación-, que para el cálculo se incluyeron en Tarapacá y Los Lagos, respectivamente.
Las economías de todas las regiones se han robustecido en estas cuatro décadas, pero algunas lo han hecho con mayor velocidad que otras. El caso más notable es el de Antofagasta, que de pesar el 4,5% del PIB regionalizado chileno en 1971, contribuyó en 2011 con el 10%: así avanzó desde el sexto al segundo lugar de importancia económica.
La explicación del salto está en el ciclo positivo de precios de los minerales, que ya dura una década, comenta Miguel Atienza, investigador del Instituto de Economía Aplicada Regional (Idear), de la U. Católica del Norte.
«Otros sectores han tenido también un fuerte crecimiento, como la construcción. Pero, a mi juicio, no han influido significativamente en el aumento de participación de la región, y además es un sector que se vincula con la actividad minera. De hecho, uno de los rasgos que caracterizan la evolución de la Región de Antofagasta es la falta de diversificación de su tejido productivo en los últimos 50 años», cuestiona Atienza. La minería aporta el 66% de la actividad en esa zona.
Atacama y Coquimbo también han experimentado un incremento de sus economías. El PIB atacameño, por ejemplo, es hoy mayor al de La Araucanía, pese a que esta última doblaba al primero hace 40 años, y aún hoy tiene una población 3,4 veces mayor.
El auge minero en Atacama es un resurgimiento del ocurrido a mediados del siglo XIX, cuando la producción y los impuestos de la riqueza de los yacimientos de plata alimentaron las finanzas de los gobiernos de la época, cuenta Danilo Bruno, historiógrafo del Museo Regional de Atacama.
La participación de esta economía local puede verse mermada a futuro. Grandes proyectos presupuestados en esa zona, por diversas razones, no verán la luz. Es el caso de la planta Freirina de Agrosuper o la central termoeléctrica Castilla. Similar riesgo pende sobre Cerro Casale y la ampliación de la división El Salvador, de Codelco.
Porteños y penquistas bajan
A mediados del siglo XX, Valparaíso y sus provincias aledañas contaban con cientos de industrias y almacenes; con importantes cámaras de comercio binacionales, astilleros, maestranzas y una bolsa de valores pujante, describe el académico Leopoldo Montesino, autor de un libro sobre la historia económica y social del puerto entre 1930 y 1950. Poco de aquel esplendor queda.
La Región de Valparaíso solía ser la segunda más importante del país desde el punto de vista productivo. A mediados de los 70 significó casi el 13% de la economía nacional, pero en una década retrocedió a menos del 10%.
Ese lugar de mayor preponderancia lo comenzó a consolidar la Región del Biobío. En cualquier caso, tanto el Biobío como Valparaíso han tendido a asimilarse en su contribución a la economía nacional, y en ambas regiones la industria destaca como el rubro dominante.
«A pesar de estas similitudes, ambas regiones tienen estructuras de desarrollo distintas. Valparaíso es puerto natural de las actividades de la capital, por lo que su desarrollo está muy ligado al de Santiago y del país. En el Biobío, el desarrollo es más autónomo, por lo que el crecimiento de esta región sigue un patrón distinto».
«Las estructuras y fuentes productivas de una y otra región reaccionan de manera diferente ante el comercio internacional, que es lo que ha liderado nuestro crecimiento en las últimas décadas», analiza Claudio Parés Bengoechea, economista del Núcleo Milenio en Economía Ambiental y de Recursos Naturales, de la Universidad de Concepción.
Se va el petróleo
De todas las regiones del país, la que sufrió una mayor merma relativa en su contribución nacional fue Magallanes. La economía magallánica se basaba en la explotación primaria de los productos de ganadería lanar, cuyo ciclo empezó hacia 1880 y declinó a mediados del siglo XX, anota el historiador Mateo Martinic en un artículo académico de 2001. Los 80 fue su década más prolífica, en especial gracias a que llegó a producir sobre dos millones de metros cúbicos de petróleo y 5 mil millones de metros cúbicos de gas natural. En esa década, la región representó el 3% del PIB de Chile, pese a su escasa población. Ahora, tras el bajón productivo de los hidrocarburos, ni siquiera supera el 1%.
«No es sano para ninguna localidad, ciudad, comuna ni región del país, que Santiago siga concentrando más y más. Por lo mismo, es imprescindible fomentar el desarrollo y crecimiento de todas las regiones de Chile y poner especial énfasis en reducir las brechas entre ellas».Miguel Flores, subsecretario de Desarrollo Regional. ¿Quién mide la economía regional?
El Banco Central cuenta con las series de tiempo que permiten hacer la estimación más precisa del PIB de cada región del país. Pero no es la única entidad que hace una medición: el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) tiene el Indicador de Actividad Económica Regional (Inacer), que arroja la variación económica de cada zona en forma trimestral. Ambas entidades operaron con el año base 2003. Es decir, los cálculos se efectúan teniendo la estructura productiva de aquel año como punto de comparación.
Sin embargo, el Banco Central actualizó la base al año 2008 -que da, por ejemplo, más importancia a la minería-, y desde entonces realiza una corrección anual. El INE, en cambio, mantiene una base fija en 2003, lo que hace que sus mediciones reflejen cambios de rubros menos actualizados. Esto hace que ambas mediciones no sean comparables.
Fuente / El Mercurio