(La Tercera) «¿Aló?», preguntó, con voz ansiosa, el ministro de Minería, Laurence Golborne, a través del citófono enviado hasta las profundidades de la mina San José.
«Aquí, mina», le respondió una voz 700 metros más abajo. «Hola… sí, lo escucho», alcanzó a decir Golborne antes de que lo interrumpieran los vítores del equipo encargado de las labores de rescate.
«Los estamos escuchando todos, fuerte y claro», prosiguió el ministro, «¿quién habla?». Ahí surgió la voz de quien ha sido clave en la organización de los operarios: «Está hablando el jefe de turno, Luis Urzúa».
Golborne, a continuación, le explicó con quién se encontraba «para proveerles ayuda inmediata» y le preguntó «¿cómo se encuentran?, ¿cómo están?».
«Correcto», dijo Urzúa, confirmando la comprensión de la interrogante, «estamos bien, con ánimo, esperando que nos rescaten». Esos 34 segundos de conversación bastaron para alejar buena parte de la angustia acumulada desde que se supo del accidente en la mina San José.
Siguió poco más de un minuto, en el que el ministro entregó instrucciones y relató el ánimo del país entero. Hasta que lo interrumpieron los aplausos de los mineros atrapados. Y la voz de Urzúa que, antes de pedir nada por él y los suyos, consultó por la suerte de otros trabajadores: «Nosotros teníamos unos compañeros que iban saliendo hacia afuera (…) y un chofer, no sabemos si salió o no salió»,
«Salieron todos ilesos, no hay ninguna fatalidad que lamentar», explicó Golborne, desatando el júbilo entre los mineros. A continuación, les informó del campamento instalado por sus familiares, provocando una nueva explosión de alegría. Siguió una descripción del estado de los familiares y palabras de ánimo: «Queremos llegar a ustedes a la brevedad».
La conversación prosiguió con el relato de Luis Urzúa de cómo intentaron alcanzar la superficie: «Subimos hasta el 235, subimos por una chimenea, pero como no teníamos más escaleras abortamos la situación».
El jefe del equipo de rescate, André Sougarret, les explicó que es imposible subir por allí y les pidió que se alejaran de ese lugar. «Lo importante es que ustedes estén desde el taller hasta el refugio, esperando que lleguemos».
«Ya, correcto», fue la disciplinada respuesta de Urzúa.
Después habló Cristián Barra, funcionario del Ministerio del Interior, quien transmitió los saludos del Presidente Sebastián Piñera, los que fueron recibidos con aplausos. «Déles nuestros saludos correspondientes a nuestro Presidente y a toda la gente que ha hecho oraciones para que nosotros estemos bien», respondió Urzúa.
Laurence Golborne retomó la palabra y pidió un «ceacheí» para saludar a los mineros. Concluido el grito, desde el fondo de la mina subió un coro que dejó a todos arriba silentes y emocionados. Los mineros cantaban, con voz fuerte, el himno nacional.
Entrevistas médicas
Luego, el médico Jorge Díaz, de la Asociación Chilena de Seguridad, entrevistó uno por uno a los mineros, solicitando información sobre su estado de salud. Se les dividió en dos grupos, de 16 y 17 personas, y se les recomendó someterse a rutinas. Mientras un grupo duerme, el otro debe estar despierto.
Después del feliz contacto con los mineros, Golborne confirmó que la totalidad de ellos se encuentra en buenas condiciones de salud. «Están bien, todos sanos. No han tenido ningún inconveniente, salvo uno que tiene dolor de estómago y otros que dicen tener mucha hambre, por razones obvias», dijo el secretario de Estado.
Se les enviaron 33 dosis de suero glucosado para evaluar la tolerancia oral de los mineros al líquido. También se remitió omeprazol al minero que se quejó de dolores estomacales, soluciones hidratantes orales y complementos nutricionales balanceados.
En el campamento, en tanto, ayer fue una jornada de remanso. Merecida, justa y necesaria. Por primera vez desde el jueves 5 de agosto, los familiares de los 33 mineros comprendieron el significado de la palabra certeza.
Luis Urzúa, el jefe de turno
El líder de los mineros atrapados es Luis Urzúa, jefe de turno, topógrafo, 54 años y oriundo de Vallenar. Antes trabajó en el pique Carola Agustina, de Tierra Amarilla, localidad donde dirigió un equipo de fútbol. Es primo de un concejal de Vallenar, Sergio Iribarren.
Urzúa organizó al grupo durante estos días e instó a los mineros a racionalizar la comida, consistente en atún, galletas, duraznos en conserva y leche. Normalmente, debía alcanzarles para tres días. También hicieron una excavación para extraer agua y durmieron no en el refugio, que tiene problemas de ventilación, sino en la rampa.
Urzúa instauró turnos de vigilancia para alertar al grupo sobre eventuales derrumbes o intentos de rescate. Tuvieron luz para sus cascos, la cual extrajeron de las baterías de los vehículos que quedaron atrapados en el interior.
Fuente / La Tercera