El pasado 25 de junio, durante la Asamblea Anual Ordinaria de Socios 2026 de la Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería de Chile (AIC), Hugo Andrade Alvarado asumió la presidencia del gremio para el período 2026-2028, en un escenario marcado por el desafío de recuperar la inversión, agilizar la tramitación de proyectos y responder a las nuevas exigencias que enfrenta el desarrollo de infraestructura y la industria minera.
Andrade es ingeniero civil hidráulico de la Universidad de Chile, con más de 30 años de experiencia en el sector, y actualmente se desempeña como gerente general de Shimin Ingeniería. En un escenario marcado por el desafío de recuperar la inversión y agilizar la ejecución de proyectos, el ejecutivo plantea que la ingeniería consultora puede cumplir un rol activo como facilitadora del crecimiento, aportando su experiencia técnica a la discusión regulatoria y a la construcción de procesos de permisos más eficientes y predecibles. A ello se suman los desafíos asociados a la transformación digital, la incorporación de inteligencia artificial y el uso de datos para elevar la productividad del sector.
En minería, el nuevo presidente de la AIC destaca las oportunidades que abre una cartera de inversiones que supera los US$104.500 millones para el período 2025-2034, pero advierte sobre retos como el recambio generacional y la disponibilidad de profesionales especializados. Asimismo, aborda el aporte que puede realizar la ingeniería frente a desafíos como el cambio climático, la gestión del agua y la descarbonización, en conversación con Revista MINERÍA CHILENA.
- Asume la presidencia de la AIC en un escenario desafiante para la inversión y la infraestructura. ¿Cuáles serán las prioridades de su gestión?
Efectivamente, asumo la presidencia en un escenario desafiante, pero también con señales que muestran una intención transversal en la recuperación de la inversión en el país. Como gremio que representa a empresas presentes en todas las etapas del desarrollo de proyectos —desde la ingeniería preinversional hasta la de detalle y la gestión de obras—, creemos que debemos jugar un rol activo como facilitadores del crecimiento y la inversión.
Una de nuestras principales prioridades será aportar, desde la experiencia técnica de nuestros socios, a la mejora de la regulación ambiental y de los sistemas de permisos. Hoy avanza en el Congreso la llamada «megareforma», que ya introdujo cambios relevantes —como la reducción del plazo para invalidar autorizaciones sectoriales de dos años a seis meses — y consideramos que la mirada de la ingeniería consultora puede seguir contribuyendo a que el país cuente con procesos más eficientes y predecibles, sin renunciar a los estándares ambientales y sociales que la ciudadanía exige.
- ¿Qué cambios regulatorios considera indispensables para agilizar la tramitación y ejecución de los grandes proyectos de inversión en Chile?
En la AIC existe amplio consenso en que los procesos de evaluación y permisos deben ser más ágiles, sin sacrificar la calidad de las decisiones. El desafío es equilibrar los intereses de inversionistas, comunidades, organismos públicos y medio ambiente. Para ello es fundamental contar con procesos claros, jerarquías de revisión bien definidas, ponderaciones explícitas y plazos exigibles para todos los actores involucrados.
Las discusiones que se han generado respecto de las tramitaciones medioambientales como consecuencia de la mencionada megareforma, confirman que es posible avanzar hacia una institucionalidad más eficiente y predecible sobre la base de la discusión y el diálogo entre los distintos actores. La experiencia de nuestras empresas asociadas, con especialistas en todas las áreas de la evaluación ambiental y de permisos, está disponible para seguir aportando a esa discusión.
- ¿Cómo están incorporando las empresas consultoras la transformación digital y qué impacto espera que tenga en la productividad del sector?
Los estándares en esta materia están todavía en construcción y existen maduraciones muy distintas entre las consultoras. Aun así, se distinguen con claridad tres líneas de desarrollo. La primera, y probablemente la más antigua —parte de la esencia misma de «hacer ingeniería»—, es el desarrollo de software y aplicaciones que aportan eficiencia y calidad a cálculos y diseños; con la irrupción de la inteligencia artificial, ese campo se ha vuelto mucho más ambicioso y expansivo.
La segunda línea tiene que ver con el manejo de datos: hoy existe mucha mayor oportunidad de contar con bases más completas y extensas, y de analizarlas para obtener conclusiones y proyecciones que superan con creces lo que era posible hace pocos años. La tercera se relaciona con ganar eficiencia y calidad en la revisión y generación de entregables —estudios, análisis y diseños—, apoyándose en herramientas digitales, aplicaciones e IA. En conjunto, estas líneas deberían traducirse en mayor productividad y en estándares de calidad más consistentes entre las empresas del sector.
- Ante la cartera de proyectos mineros prevista para los próximos años, ¿está la ingeniería chilena preparada para responder a esa demanda?
La ingeniería chilena cuenta con capacidades técnicas de primer nivel, pero enfrenta desafíos relevantes para responder a una cartera de inversión minera que, según Cochilco, supera los US$104.500 millones para el período 2025-2034, y que podría ampliarse aún más considerando las perspectivas de demanda global por los minerales en los que Chile tiene una posición estratégica.
Uno de los principales desafíos es el recambio generacional. Existe una importante experiencia acumulada por profesionales que participaron en los grandes ciclos de inversión de las últimas décadas, y hoy el reto es transferir eficazmente ese conocimiento a las nuevas generaciones. Los profesionales jóvenes llegan con sólida formación y un gran dominio de herramientas digitales, pero es fundamental fortalecer los procesos de mentoría y aprendizaje práctico para potenciar sus capacidades.
Un segundo desafío es aumentar la disponibilidad de profesionales altamente calificados para acompañar el crecimiento esperado de la actividad. De hecho, un estudio de fuerza laboral de la industria minera proyecta cerca de 36.900 nuevos trabajadores requeridos entre 2025 y 2034, de los cuales un 87% correspondería a reemplazo por jubilaciones y el resto a crecimiento por nuevos proyectos, lo que confirma que el desafío de capital humano es tan urgente como el de la propia cartera de inversiones. En este ámbito, vemos con optimismo los esfuerzos que están realizando universidades, institutos, establecimientos educacionales y distintos actores de la industria para promover las carreras vinculadas a la ingeniería y al desarrollo de proyectos.
- ¿Cómo puede la ingeniería consultora ayudar a la minería a enfrentar desafíos como el cambio climático, la gestión del agua y la descarbonización?
La ingeniería consultora tiene un rol fundamental en estos desafíos. Hoy existen especialistas, metodologías y herramientas que permiten incorporar de manera cada vez más rigurosas variables como el cambio climático, la gestión hídrica y la descarbonización en el diseño y la operación de los proyectos. Asimismo, existe una valiosa capacidad de generación de conocimiento en universidades y centros de investigación que la ingeniería consultora puede transferir e incorporar a las soluciones que desarrolla para la industria.
Sin embargo, es importante comprender que este tipo de análisis requiere recursos, información, tiempo y capacidades técnicas especializadas. Si queremos soluciones robustas y sostenibles, estos aspectos deben incorporarse desde las etapas tempranas de los proyectos y valorarse adecuadamente por parte de toda la industria, porque la sostenibilidad futura de la minería dependerá, cada vez más, de decisiones de ingeniería tomadas correctamente desde las fases más tempranas de los proyectos.