Patricio Valenzuela, ahora se atreve con el cemento

Apunta a convertirse en el cuarto actor de esta industria en Chile.

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La industria de Cementos San Juan, en la comuna de San Antonio, es el proyecto que tiene a este empresario chileno de cabeza en el último tiempo. Y es que no es fácil incursionar en una industria muy concentrada, donde sólo tres consorcios -Melón, Polpaico y Bío Bío- se han repartido el mercado.

En conjunto con socios españoles de Valencia, que aportan la esquiva materia prima, El Clinquer, calcula producir un 8% del cemento que el país requiere. Entre 2004 y 2006 había intentado algo parecido en Puerto Ventanas, pero los obstáculos de la industria se lo impidieron.

Con inversiones diversificadas en el rubro inmobiliario en EE.UU., España y Chile; industrial, con Cementos San Juan y embotelladora de vinos; gastronómico, con restorantes en BordeRío y exportaciones de uva, este empresario múltiple, ingeniero civil de la UC, comenzó su primera empresa en el área de la computación aún siendo universitario.

Al poco tiempo partió con el negocio inmobiliario, formando Covalco, en 1981, junto a dos compañeros de colegio, Eduardo Valdés y Jorge Echeverría.

Luego de miles de metros construidos, hace un año decidió vender su parte a sus socios, para concentrarse en Ingeval, la empresa que formara con sus hijos, y desde la que sigue en el rubro inmobiliario, aunque ahora sólo como inversionista.

Contesta una y otra vez el celular y prende un cigarrillo tras otro. Sorprende por el entusiasmo que le pone a sus palabras, incluso ahora, en medio de la crisis que golpea a parte importante de sus inversiones en EE.UU.

En 1999 partió a Estados Unidos decidido a emprender proyectos en grande. Y con la premisa básica de crecer con otros y muchas ilusiones en la maleta. «Es que cada lugar tiene sus propios códigos, y nadie mejor que los que allí viven para reconocerlos. Yo no transo en que hay que estar asociado con un local». Si no, hay que conformarse con jugar siempre de visita.

Convencido de que el «know how» adquirido en Chile era un buen pasaporte de entrada, junto a Lauris Boulanger, socio americano, y al grupo Guzmán y Larraín, socio chileno, creció rápidamente. Al cabo de cuatro años ya tenía ocho proyectos en desarrollo, principalmente en Palm Beach, Tampa y Fort Lauderdale.

A su juicio, la crisis subprime pudo evitarse. «Es una irresponsabilidad grande, con mayúscula, de todo el sistema americano (…) Acá se produjo una mentira colectiva, donde todos los agentes mentían o se creían la mentira. Pero principalmente fueron los bancos los culpables. Promovieron la propiedad, la sobrevaloraron e incentivaron al comprador a endeudarse. Todos cayeron en la mentira: el comprador, el tasador, la prensa, los bancos…».

Considera que lo más grave es la desconfianza que se ha apoderado del mercado, «porque el 50% de estas crisis son psicológicas (…) Las variables económicas no pueden hacer nada frente a un mercado optimista o pesimista».

Y el costo de esa irresponsabilidad ha sido grande. «Es que en cuestiones financieras la confianza es la que manda. Habiendo potenciales compradores, gente que tiene su trabajo estable y su capacidad de pago, dudan tanto del sistema, de que los bienes inmobiliarios sigan bajando, que entonces, dejan de comprar».

Valenzuela es pragmático a la hora de buscar soluciones a la crisis. «Lo que estamos haciendo en Estados Unidos es enfrentar el problema. Bajar precios, capitalizar más la empresa, paralizar una construcción que está por comenzar. Pero el 80% del tsunami te va a pasar igual por encima». Por ahora, unos 80 millones de dólares en obras esperan que vengan tiempos mejores. «En vez de dólares, tenemos metros cuadrados», dice con fuerza.

En España, mucho menos golpeada por la crisis, los negocios son más lentos pero más estables. En Logroño tiene Mecanizaciones Alavesas, una industria de maquinaria embotelladora de vino, «que es la mejor de La Rioja». Además, con familiares vascos está desarrollando proyectos inmobiliarios en Bilbao y Málaga.

En Chile es uno de los socios que compraron Marbella, «con el objeto de transformarlo en el mejor resort del país, que es lo que se merece». Con Ingeval está desarrollando un gran proyecto de casas en Chicureo y edificios en Santa María y Marbella. Además, exporta uva de mesa y tiene bosques de eucaliptos. Hace cinco años, con el fin de explorar nuevos negocios, entró al rubro gastronómico. Hoy es dueño de tres restaurantes en BordeRío: El Apero, El Pecatore y La Tabla.

Fuente / El Mercurio

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