(El Mercurio) Un taller de 200 m2 es la nueva ruta a la cual una sexta máquina perforadora apunta en la búsqueda de los 33 mineros atrapados.
Si bien los otros cinco equipos tienen como meta llegar al refugio que está a 700 metros de profundidad desde la entrada al yacimiento, esta nueva perforadora trabajará en el supuesto de que los operarios se encuentren en el otro recinto.
Pese a que los trabajos de sondaje van en los tiempos previstos, ayer un traspié en el principal equipo obligó a detener su avance. A los 300 metros de perforación, los ingenieros constataron que la máquina se había desviado de su ruta.
El monitoreo que hacen los equipos cada 30 metros permitió advertir la variación que, de haber continuado avanzando, habría llegado al nivel del refugio con 14 metros de distancia, impidiendo el eventual contacto.
«Las cosas avanzan de acuerdo a lo programado, pese a que la máquina tuvo un retroceso importante. Esto (el sondaje) va a tomar varios días, una semana como indiqué el domingo», explicó el ministro de Minería, Laurence Golborne.
El orificio que realiza la máquina será reorientado mediante una perforadora de diamantina y luego la máquina retomará su camino.
Mientras tanto, las otras perforadoras continúan su camino para llegar al refugio, contactarse con los trabajadores y asistirlos (ver infografía).
Paralelamente a estos trabajos, Andrés Sugarret, quien coordina al equipo de rescate, ingresó a la mina para verificar la estabilidad del cerro y la factibilidad de continuar el rescate mediante el ducto de ventilación, socavado el sábado.
Según explicó el experto, la mina se habría asentado y es necesario estabilizar niveles superiores (500 metros de altitud). A partir de ese punto se podría llegar a la zona donde estarían los operarios.
La reevaluación del rescate por el ducto de ventilación se baraja, ya que la construcción de un túnel desde la vecina mina San Antonio podría tardar meses, según precisó el ministro Golborne.
Turnos
Desde El Teniente llegaron mineros que estudian la reacción del cerro ante los trabajos.
Especialista: «Explosiones de roca se pueden controlar»
Cuando se perfora un cerro para extraer mineral, se generan espacios vacíos como en un queso gruyer, por lo que la roca necesita reacomodarse para resistir el peso del cerro.
«El material circundante a la excavación recibe una sobrecarga al sostener el resto de la montaña; cuando no da más, explota, se despedaza y cae», explica Raúl Castro, ingeniero especialista en minería subterránea de la U. de Chile. Eso sería lo que dejó a los 33 mineros sin salida.
En 2007 una explosión de roca le costó la vida a Manuel Villagrán en la mina San José.
«Es como preparar un sándwich en pan de molde y con mayonesa», ejemplifica Mario Durán, director del Centro de Minería de la UC. «Si se aprieta el sándwich, la mayonesa sale por todos lados, lo mismo pasa con la roca al quedar bajo mayor presión».
Por ello, es común que en explotaciones subterráneas se produzcan estos fenómenos por lo que deben ser monitoreadas, dice Castro.
«Al producirse la grieta, la roca vibra al igual que lo hace la tierra con un terremoto. Ello se puede medir con instrumentos y así alertar a los encargados de la mina; ello da el tiempo suficiente para evacuar a los trabajadores». Otra forma de aminorar las explosiones es fortificar los túneles, explica Durán.
Luego del mayor accidente minero de Chile en El Teniente, a mediados del siglo pasado, «las medidas de seguridad en la gran minería se intensificaron», asegura Durán. «Antes de iniciar la explotación se debiera hacer un estudio geomecánico para caracterizar la roca y determinar cuánto refuerzo tendrán que tener los túneles. El problema es que la regulación chilena no exige estudios previos ni el monitoreo de los yacimientos durante su explotación», concluye el experto.
Fuente / El Mercurio