(Estrategia).- El economista y socio de Rojas y Asociados valora la premura con que ha actuado la actual administración, agregando que en los proyectos de Ley de Donaciones y de financiamiento para la reconstrucción se procuró flexibilizar posiciones.
—A dos meses de vigencia de la actual administración, ¿qué destacaría en la gestión?
—Es demasiado temprano como para evaluarlo por alguna política particular o de manejo macro. Uno, eso sí, puede reflexionar sobre cómo se ha enfrentado la emergencia derivada del terremoto y, en ese sentido, su administración ha tenido una premura razonable. Los proyectos de ley de donaciones y de financiamiento para la reconstrucción van en la línea de poder flexibilizar las posiciones, quizás sacrificando planteamientos del programa de Gobierno para que se tramiten con rapidez. Considerando eso, me parece que se ha hecho un buen trabajo.
—¿Subrayaría otras acciones?
—Valoro la preocupación por los equilibrios macro, con una combinación en las fuentes de obtención de recursos.
—En ese tema, finalmente en la propuesta que se envió al Congreso se prescindió de la depreciación acelerada. ¿Qué opina de ello?
—Al no estar, la reasignación de gasto tiene una justificación mayor y es más recomendable que elevar tributos, opción que, con todo, se apoya por el poco margen que hay para una reasignación más fuerte. De todas formas, el paquete se cerraba con ese instrumento que quedó fuera y que podía evitar o subsanar un eventual impacto dañino del alza del impuesto de primera categoría en la inversión.
—¿La capitalización podría verse afectada?
—No necesariamente, dado que el incremento de ese gravamen es transitorio (…) No hay evidencia cierta de que la ausencia de la depreciación acelerada implique una gran caída de la inversión a raíz del aumento tributario. Sin embargo, lo favorable era la compensación que ofrecía, que hacía previsible efectos positivos en la variable de análisis. Hoy, las consecuencias son más ambiguas.
—¿Pierde fuerza y equilibrio la iniciativa en su globalidad al excluir tal punto?
—No. Tiene un componente de diagnóstico y enfoque respecto a la distribución de las fuentes de financiamiento (…) No es un elemento que tenga la importancia como para decir que si no va, el plan se cae. No es esa la lectura.
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—¿Qué podemos esperar en materia de crecimiento para este año?
—En el primer trimestre se creció mucho menos de lo anticipado, en torno a 1,2%. En el segundo cuarto, el PIB escalará entre 3% y 3,5%, por lo que a junio el Producto ascendería aproximadamente 2,5% o no más allá de 2,8%. Por otro lado, la factibilidad de que la economía se agilice entre julio y diciembre, nos permite prever una expansión con más impulso, quizás de alrededor de 6% en ese lapso. Así, en 2010 nos expandiríamos entre 4% y 4,5%.
—¿Y cuál es su diagnóstico en cuanto a IPC?
—Hay varios factores que atender. Tenemos una inflación acumulada de 1,4%; un aumento de los precios internacionales de los combustibles; las tarifas del transporte público han avanzado, y se están cerrando algunas brechas (de capacidad). A diciembre, el indicador estaría cerca de 3,5%.
—Dicho esto, ¿qué rol le cabe al Banco Central en un contexto de reconstrucción?
—Me parece que va a comenzar a mover la tasa de interés cuando vea con seguridad que se empieza a retomar un cierto dinamismo. Creo que, en forma correcta, el ente rector estima que el desempeño se va a mantener flojo en abril y mayo y que, posiblemente, desde junio habría un comportamiento más definido. De ser así, desde julio o agosto tendría certeza de cómo se está respondiendo. Pienso que va a iniciar el ajuste monetario no más allá de agosto, terminando el año en torno a 2,75%. En marzo de 2011, estaría algo por encima de 4%, pues las presiones van a ser más significativas, con un desembolso relativamente alto a nivel local y de más consumo en el mundo, por lo que nuestras exportaciones debiesen estar en buen pie.
Fuente / Estrategia