«Ni por todo el oro del mundo volveré a entrar a esa mina»

El trabajador figuró inicialmente como el 34º operario afectado por el derrumbe. Hoy reza por sus compañeros.

COMPARTIR

(El Mercurio) «Salvarme fue un milagro de Dios», dice emocionado Willian Órdenes Berríos (27), quien salvó de quedar atrapado en la planta San José junto a 33 compañeros. El jueves pasado tenía que ir a la faena, pero el destino quiso que se quedara dormido, por lo que no alcanzó a tomar el bus que lo llevaría al yacimiento, en donde integraba el turno que hoy cumple una semana atrapado.

Por eso, en una primera instancia, su nombre figuró con el N° 34 en la lista de los mineros afectados.

«Me quedé dormido. Tenía que levantarme a las 5:30 horas, a esa hora sonó el despertador, lo apagué, pero recién desperté a las 7:10 y el bus partió a las 6:00 a la mina. La verdad, fue milagro de Dios», narra en su casa de Tierra Amarilla.

«Una vecina fue a buscar a mi señora, porque escuchó en la radio mi nombre, que estaba en la lista de atrapados. Grande fue su sorpresa al encontrarme en la casa. Así me enteré del accidente. Fue terrible y de inmediato me acordé de mis compañeros. Me emocioné bastante al pensar en ellos», cuenta Órdenes.

Y añade: «Mucha gente comenzó a llamar a mi familia, pensando que yo estaba atrapado, pero no fue así».
El día anterior, su jefe preguntó en la mina quién quería hacer un sobretiempo de trabajo, ya que varios mineros descansaban el jueves. Órdenes se ofreció.

«Quería ganar un dinero extra y el sobretiempo es bien pagado en la mina, así que le dije a mi jefe que iba ir a trabajar al otro día. Me inscribí en el turno y por eso aparecí en las primeras listas que se entregan de los atrapados», recuerda.

Esperanza y deber

Sobre la suerte de sus compañeros, el minero no pierde de la fe: «Yo sé que están vivos, son viejos guerreros, no se van a rendir nunca», dice optimista.

Cuenta que el temor siempre rondó entre los trabajadores de la planta. «Era una mina que crujía siempre. El día anterior al derrumbe, yo sentí un crujido muy grande y con mis compañeros corrimos hasta el refugio. Ahí nos quedamos hasta que pasó la emergencia», afirma.

Pese a todo, dice que volverá trabajar en una mina. Y lo fundamenta: «Es mi deber. Tengo que alimentar a mi familia y no hay otra forma de trabajar aquí».

De todas formas, tomará providencias: «Ni por todo el oro del mundo volveré a entrar a esa mina», le recalca a su esposa, Daniela Villegas, «porque hay cosas en la vida que no se transan».

La madre de Órdenes, Nelly Berríos, apunta a la voluntad divina: «Dios quiso que no fuera trabajar. Es algo milagroso».

Fuente / El Mercurio

Revista Digital

Lo último del mes

Lo más leído

Temas Relacionados

Revista Digital