(El Mercurio).- «La baja del cobre vino tan de golpe, que prácticamente nos dejó con los brazos cruzados. Lo único que pensábamos era irnos al oro, que se estaba manteniendo a un buen precio». Así relata Adán Vélez, pequeño minero de Inca de Oro -uno de los últimos pueblos de pirquineros cerca de Copiapó-, cómo terminaron sus días explotando cobre.
Porque no sólo las arcas fiscales se vieron afectadas con la caída libre que experimentó el precio del cobre en 2008: algunos pirquineros de Atacama vieron sus ingresos disminuir en 50%.
Con esta realidad, los pequeños mineros del pueblo Inca de Oro volvieron a sus inicios y han comenzado a explotar el mineral con el cual se iniciaron en la actividad y que, de paso, le da el nombre a su pueblo.
A 100 kilómetros de Copiapó, cerca de un 40% de los pirquineros se han reconvertido al oro. Las razones están claras: el precio de este mineral subió 5,77% en 2008, a diferencia del cobre que cayó 56,4%. Sólo en 2009, el oro se ha revalorado 7,9%.
Buscando opciones
«Con la debacle del cobre tuvimos que buscar otras alternativas», cuenta José Araya, pequeño minero y presidente de la Asociación de Pirquineros de Inca de Oro. A los 15 años comenzó a trabajar como minero de oro, para luego cambiarse al cobre cuando los precios de este metal subieron. Y hoy, a los 49 años, ha tenido que volver al oro. Pero esta alternativa no le asegura los mismos ingresos que cuando trabajaba el metal cobrizo.
«Cuando el precio del cobre estaba bueno, ganaba entre $600 mil y $800 mil al mes. Con el oro, en cambio, gano unos $300 mil. Pero sigue siendo una alternativa más rentable que el cobre», explica Araya, quien vive en Inca de Oro de lunes a sábado. Los domingos visita a su mujer y a sus tres hijos en Copiapó. Ellos, aconsejados por su padre, no se dedican a la minería.
«Es muy sacrificado, yo sólo sigo trabajando en esto porque es lo único que he aprendido a hacer», reflexiona.
Esta es una de las razones que mantiene a Adán Véliz trabajando en la minería a sus 64 años, en una jornada que comienza a las 7.00 y termina a las 20.00.
«Uno adquiere además la costumbre de trabajar a la pinta de uno. Nadie te manda», agrega Véliz, quien a los nueve años se inició como pirquinero del oro. Pero, a medida que subían los precios del cobre, decidió probar suerte con este mineral. Sin embargo, al igual como para muchos pequeños mineros del poblado de Inca de Oro, la aventura del cobre tuvo su fin en los últimos meses del año pasado.
En los tiempos de precios altos, cuando explotaba cobre, trabajaba junto con tres socios. Después de pagar el arriendo de la mina, los costos de arriendo del compresor y otras máquinas mineras, cada socio se quedaba con una suma cercana a los $270 mil. Con el oro, este ingreso se redujo a $190 mil.
La transformación
El cambio de la explotación de un mineral a otro no es gratuito. Según cuenta Araya, este proceso puede llegar a durar entre 25 y 30 días. Un mes en el que no se cuenta con un ingreso. «Cuesta desarmar el circo y armarlo en otro lado», sentencia. Para buscar una veta de oro se requiere un conocimiento especializado, explica Eduardo Catalano, presidente de la Asociación Minera de Copiapó.
«Que una veta tenga minerales de color ocre no significa que tenga oro necesariamente. Para saber si tiene metal aurífero se necesitan técnicas especiales, un mayor conocimiento. El minero del oro es especializado. Por eso, no todos los pirquineros pueden cambiarse al oro», asegura.
La profesión de pirquinero estaría en decadencia, según Véliz. «Estamos pasando a la historia. En uno o dos años los pequeños mineros van a desaparecer. Porque esta profesión ya no es rentable», declara nostálgico.
Fuente / El Mercurio