El boom de precios del cobre tiene entre sus ganadoras a compañías de la talla de Antofagasta PLC, Minera Escondida o la estatal Codelco. Pero no son las únicas. La lista también incluye a un no despreciable puñado de inversionistas chilenos que por estos días tienen muy buenas razones para estar contentos.
Uno de ellos es Mohamed Duk Castro (67 años), dueño del 95% de Sierra Miranda, un holding cuprífero con base en la Región de Antofagasta, cuya facturación bordeará este año los US$ 110 millones. La historia de este minero que fue dueño de Lomas Bayas y que comenzó como distribuidor de cervezas en el norte, sin embargo, es prácticamente desconocida.
Hoy Sierra Miranda hace noticia porque acaba de terminar un proyecto de ampliación de su capacidad productiva que la llevará a producir cerca de 14 mil toneladas de cobre fino en este ejercicio; lejos de las 8.000 toneladas de hace dos años.
Para lograrlo, Duk -presidente y gerente general de la firma emprendió un millonario proyecto de crecimiento, que incluyó la ampliación de sus plantas de chancado y lixiviación ubicadas a 75 kilómetros de Antofagasta. A comienzos de esta década no habría podido hacerlo, dada la deprimida situación del metal rojo en los mercados internacionales, la misma que llevó al cierre de faenas industriales y mineras en la zona y a la desaparición de algunos actores por efecto de la crisis.
Duk, cuentan en la industria, fue de los pocos en sobrevivir a esa depresión. Como dice un antiguo amigo suyo, el empresario antofagastino Radomir Petricio, “su sello ha sido la perseverancia. En una época en que mucha gente de la minería se arruinó y el cobre no se levantaba de los 60 centavos de dólar por libra, él pasó por momentos difíciles y supo salir adelante. Y ahora está aprovechando la bonanza”.
Su padre, Selim Duk, fue un inmigrante árabe que combinaba sus actividades en el comercio con una incipiente incursión en laminería.
Mohamed Duk siguió sus pasos y en sus primeros años laborales se dedicó a la distribución de cervezas para CCU, en la zona de Pampa Unión, cuentan cercanos. Luego entró de lleno a la producción de metales.
En una entrevista dada a la revista de Sonami -gremio que lo premió en 1999 como empresario destacado- él mismo recordaba que sus primeros pasos en el sector, en 1974, los dio vendiendo minerales mixtos a la Enami, desde la mina La Compañía.
Poco tiempo después, le compró a la entidad estatal una planta y la instaló en la zona de Sierra Gorda, en la Región de Antofagasta. Ese fue su punto de partida para crecer y buscar nuevas propiedades. La primera de ellas fue la mina Faride, bautizada así en honor a su hija, quien hoy comparte la propiedad de Sierra Miranda con un 5% de las acciones.
Palo al gato
Su buen ojo, como él mismo ha dicho, lo llevó a fines de los 80 a adquirir la mina Lomas Bayas, en US$ 1 millón, el que prometió cancelar a su antigua dueña, la familia Sotomayor, a lo largo de tres años. Pero cuando le quedaba la mitad por pagar, en 1992, Duk vendió el yacimiento y las pertenencias, emplazadas en 2.000 hectáreas, a Mantos Blancos. El precio: US$ 8,5millones.
“La única vez que he ganado plata en la minería es vendiendo”, reconoció en la misma entrevista.
Sin deudas, Duk siguió buscando dónde invertir. Así llegó a Minera Doña Ada, que recién en 2001 cambió su nombre por Minera Sierra Miranda y que a fines de los 90 producía en torno de 5.000 toneladas de cobre fino por año.
Duk ha reconocido que no le tenía mucha fe al proyecto, pero todo indica que su opinión ha cambiado. No es para menos. Ocho años después su tamaño es tres veces mayor y sus posibilidades de crecer son amplias, cuentan ejecutivos de la firma.
En total, la compañía abarca 17 mil hectáreas en la zona de Sierra Miranda y reparte su producción entre soluciones de cobre, que vende a Mantos Blancos, y cobre fino y cátodos, que comercializa a través de un contrato con la multinacional BHP Billiton.
Recién a fines de 2007 comenzó a exportar por cuenta propia a Europa y EE.UU., mientras en el sur se encuentra desarrollando un proyecto forestal en sus propios campos.
El negocio hípico, su otra pasión
Mohamed Duk es un nombre tan imperdible en la hípica antofagastina, que en la región se dice que la actividad del hipódromo local se mantiene, en buena medida, gracias a él. Radomir Petricio, ex presidente de la institución, cuenta que Duk no sólo es accionista de la institución hípica, sino que también es dueño de la mayor parte del plantel de caballos que corre por las pistas del club y que es tanta su pasión por este deporte, que de su propio bolsillo ha financiado algunos de los proyectos que ha emprendido la entidad.
La ligazón de este empresario con el Club Hípico de Antofagasta también tiene otras explicaciones. Ali Duk, su hermano, fue durante muchos años un conocido preparador y propietario de fina sangre en el recinto fundado en septiembre de 1908. Tras su muerte, a causa de un cáncer, el hipódromo instauró un clásico que lleva su nombre y que se disputa a fines de noviembre.
Fuente / La Tercera