(La Tercera) Por primera vez y a un mes de que quedaran a 700 metros de profundidad en la mina San José, familiares pudieron entablar comunicación por audio y video con los mineros atrapados.
La esperada video-conferencia se concretó gracias a la instalación de un sistema de fibra óptica, que permitió ver imágenes y escuchar a los mineros, aunque éstos no podían ver a sus familias en la superficie.
Sólo el minero Ariel Ticona no se mostró, algo que había hecho antes, por lo que sus parientes restaron importancia al hecho.
Para hoy (ayer) se espera que comience a operar la máquina T-130 y que corresponde al Plan B. El Plan C -la petrolera de Enap-, en tanto, se espera que esté funcionando para Fiestas Patrias.
Visita de uruguayos
Ayer (sábado), los trabajadores atrapados también se comunicaron con cuatro de los 16 rugbistas uruguayos que en 1972 sobrevivieron a 72 días de aislamiento en la Cordillera de los Andes, tras un accidente aéreo.
Llegaron a la mina San José para dialogar con los que consideran sus pares contemporáneos. Las circunstancias fueron otras, pero la incertidumbre de si saldrían con vida fue compartida.
En el breve diálogo, los uruguayos dijeron a los mineros que lamentaban que no pudieran estar fuera para el Bicentenario, pero que sí lo estarían para Navidad. Estos, por su parte, respondieron que esperaban abrazarse en la superficie.
El empresario Ramón Sabella, «Moncho», fue uno de los que se presentó cerca de las 13.00 de ayer en el campamento Esperanza, que recibió la visita de decenas de familiares de los trabajadores aislados: «Son viejos zorros, conocen su medio, saben manejarse dentro de las minas».
Lo acompañaban José Luis Inciarte, José Pedro Algorta y Gustavo Zerbino, quien recalcó que para los mineros, escuchar el trabajo de las sondas «debe haber sido más o menos lo que sentíamos nosotros al ver pasar los aviones».
Los uruguayos también subieron al cerro donde están las 33 banderas chilenas y colocaron una de su país. Al respecto, Zerbino añadió que «tenemos que celebrar que ellos están vivos. No hay tiempo para deprimirse».
Fuente / La Tercera