(La Tercera) El sigilo y el secreto eran indispensables, y por ello en Codelco buscaron fórmulas para hablar entre ellos e intercambiar correos y documentos sin revelar pistas. Con ese propósito buscaron un nombre en clave a la operación por medio de la cual intentaban entrar a Anglo American Sur. Y le pusieron AATW, sigla que significa All Around The World (alrededor de todo el mundo). Fue en los inicios de las tratativas, en 2011, cuando Codelco buscaba un financista para comprar el 49% de Anglo American Sur (AAS) y sondeó a siete multinacionales. Alrededor de todo el mundo. El 12 de octubre anunció la elección: la japonesa Mitsui prestaría US$ 6.750 millones para adquirir el 49% de AAS, dueña del yacimiento Los Bronces, en enero de 2012. Codelco le vendería luego la mitad de ese porcentaje en US$ 4.880 millones.
En su búsqueda, en Codelco identificaron a cada candidato con nombres secretos: Mitsui era Mejillones. Otra minera que estuvo a un paso de llevarse el negocio se denominó Valparaíso. En esos días, Codelco tuvo otros códigos, ideados por Francisca Castro, la gerenta de negocios estratégicos de Codelco. Su hijo veía Los Simpson en televisión cuando se le ocurrió emplear los nombres de la serie: Codelco sería Homero; AAS, Maggie, y la británica Anglo American, el señor Burns. Hasta en el directorio se habló en esas claves.
Tras el pacto con Mitsui, en noviembre de 2011, Anglo respondió a Codelco con la venta del 24,5% de AAS en US$ 5.390 millones. Argumentó que no tenía obligación de reservarle el 49% a Codelco hasta enero, pero sugirió que la mitad de ese porcentaje estaba disponible para un arreglo. La propia CEO de Anglo, Cynthia Carroll, vino a Chile a hacer el anuncio e intentó infructuosamente hablar con el Presidente Sebastián Piñera. Codelco inició una ofensiva que incluyó al gobierno y parlamentarios, y que terminó en tribunales. Estaban lejos de un armisticio.
La primera ronda
Los primeros acercamientos ocurrieron entre diciembre y enero. Reservadamente. Gerardo Jofré, presidente de Codelco, se reunió con su símil de Anglo, sir John Parker, en un hotel en Sao Paulo. Luego vinieron otras reuniones. Diego Hernández, entonces presidente ejecutivo de Codelco, se juntó con Parker, y Jofré conversó personalmente con Carroll en Buenos Aires. Los contactos cruzados entre los respectivos chairman y CEO buscaban dibujar a las partes un panorama completo, según uno de los involucrados. Otros dicen que la enemistad entre Carroll y Hernández activó esas vías.
Las posiciones, señalan en Codelco, no se acercaron porque cada cual entendió de modo distinto los caminos posibles. En Anglo dicen que Hernández se oponía a un arreglo como al actual. El directorio de Codelco decidió suspender todo contacto, mantener los juicios y reactivar la lucha.
La segunda ronda
En mayo, convencidas de que la incertidumbre de un juicio de años dañaba a todos, las partes prefirieron buscar una salida al conflicto. Diego Hernández era partidario de la negociación, pero en esas fechas optó por salir de Codelco por diferencias con el directorio.
Antes de eso, Codelco ya había nominado a Thomas Keller, sucesor de Hernández, como negociador, secundado por Francisca Castro. Y Anglo había puesto a Peter Whitcutt, director de estrategia y desarrollo de negocios, al mando del trato. La idea era que no negociara el número uno de cada compañía, pero tampoco que lo hicieran ejecutivos de rango medio. Keller siguió a cargo pese a subir al máximo puesto ejecutivo de Codelco. Keller y Whitcutt hicieron buenas migas, dicen en las dos mineras. Y acercaron las distancias. Ambos se reunirían en Nueva York, pero antes de partir, Keller se percató de que su visa a EEUU estaba vencida y cambió la locación a Londres. Ahí se pactaron los términos gruesos del acuerdo. Todo en pocas semanas. A su regreso, Keller se vino en el mismo avión que otro chileno: José María Eyzaguirre Baeza, socio de Claro & Cía., asesor de Anglo. Eyzaguirre se encontraba una vez al mes con Jofré. Pero no para hablar de Codelco. Jofré es director de Lan y el abogado trabajó con la aerolínea en su unión con Tam.
A la negociación en Londres siguieron otras entre Nueva York. Y Tokio, adonde Keller fue acompañado de Castro; Georges de Bourguignon, de Asset Chile, y Hugo Dryland, de Rothschild. Allá estaba otro chileno, Andrés Jana, el abogado que representó en Chile a Mitsui. Keller no negoció con Mitsubishi. Y Anglo tampoco con Mitsui. Cada parte se encargó de su socio nipón. En Codelco dicen que las trabas las puso Mitsubishi. Pero en Anglo justifican la posición de la japonesa: había arriesgado mucho al asociarse a la británica y enemistarse con el Estado chileno.
Codelco primero aspiraba a que Mitsubishi cediera el 12,5% a Mitsui y ambos asiáticos quedaran igualados. Codelco preservaría 24,5% y Anglo el 51%. Finalmente, Mitsubishi entregó 4,1% y Anglo el 0,9%, todo a precio de mercado. Codelco compró su 24,5% a un tercio de su valor de mercado, en US$ 1.700 millones, y recibió pertenencias por US$ 400 millones. Saldo para la chilena: beneficios por US$ 4.090 millones. Y el Fisco recibirá impuestos por US$ 1.326 millones. Codelco creará un joint venture con Mitsui que se llamará Acrux. El nombre, idea del director Andrés Tagle, refiere a la estrella más luminosa de la Cruz del Sur.
El miércoles casi nadie durmió. Esa noche, tras el directorio final, Jofré fue a La Moneda a informar a Piñera el acuerdo. El jueves se firmó y el viernes se pagó todo en la tarde. Anglo y Codelco ya eran, por fin, socios.
Fuente / La Tercera