(Estrategia).- Huberto Berg, director de Berg Consultores S.A., enfatiza que debe quedar atrás el carácter político y sesgado de esta cartera, y pasar a cumplir un rol de “unión, y no de desunión entre trabajadores y empleadores”.
—¿Cuáles serán los grandes desafíos del Ministerio del Trabajo en estos cuatro años?
—En primer lugar, cambiar la imagen establecida durante los gobiernos de la Concertación. Era un ministerio por sobre todo político, asignado al Partido Socialista, los criterios técnicos quedaban supeditados a los intereses políticos del momento o de grupos específicos afines al Gobierno. Afortunadamente, el Presidente ha dado una señal clara al designar a una persona de alta capacidad profesional y gestión comprobada, y sin visiones estereotipadas sobre las relaciones de trabajo al interior de las empresas. Ello debiera llevar a que los temas laborales se analicen con criterio técnico y visión país.
En segundo lugar, el gran desafío de convertirse en un ministerio para todos: trabajadores y empleadores por igual, cambiando la imagen de que era sólo para algunos, con un prisma sesgado, llegando a discriminar entre las organizaciones sindicales que representaban sus intereses políticos y las que se declaraban más independientes.
Incentivar una nueva cultura laboral, basada en el entendimiento y colaboración directa entre los actores del mundo del trabajo, desechando la cultura del conflicto y el enfrentamiento que algunos ex ministros del Trabajo se encargaron de resaltar. Que cumpla un rol de unión, y no de desunión entre trabajadores y empleadores.
En cuarto lugar, abordar el tema del empleo y la capacitación como prioridad de su gestión. La mejor herramienta que puede tener un trabajador para aspirar a mejores trabajos y sueldos, es que haya más oportunidades de empleo y las personas estén más preparadas para esos desafíos. Sería muy importante generar alianzas estratégicas con el mundo empresarial y las municipalidades, para generación de empleos y mejoras en capacitación y educación.
—En la Administración Bachelet se puso énfasis en fortalecer la sindicalización y la negociación colectiva. ¿Cuál debería ser la actuación en ese plano?
—Debe ser, por sobre todo, pro trabajador y pro empleador, ambos son indispensables para lograr el crecimiento y desarrollo del país, y con ello progreso y bienestar de todos los chilenos. Debería asegurarse que todo trabajador que quiera libremente incorporarse a un sindicato y negociar colectivamente, lo pueda hacer. Pero no le corresponde establecer subterfugios para que todos se vean obligados a sindicalizarse y negociar colectivamente. Debe ser una opción y no una obligación. Si el mundo sindical realmente quiere ser una alternativa, está obligado a cambiar su discurso anclado en el pasado y dedicado sólo a reclamar derechos. Modernizarse y prepararse para ser capaz de hacer propuestas concretas y constructivas, y también aportar al crecimiento de las empresas en las cuales se desenvuelve.
—¿Cómo incide en el mercado del trabajo el escenario de emergencia?
—Hay sectores afectados directamente por el terremoto que se verán con dificultades para retomar sus actividades normales, y esto generará más desempleo. Es muy acertada la decisión del Presidente, de fomentar y agilizar la posibilidad de traspaso de trabajadores al sector de la construcción, uno muy activo en los próximos años.
—¿Qué medidas adoptaría para cumplir la meta de 200 mil nuevas plazas de empleo al año?
—Mantener e incluso aumentar – si es factible– los subsidios al empleo; agilizar los trámites para crear negocios que traen aparejados nuevos puestos de trabajo, facilitándoles no sólo los trámites de instalación, sino también el cumplimiento de las distintas disposiciones y normativas, al menos durante los primeros seis meses.
—¿Y modificar la ley laboral para incentivar la contratación?
—No creo que sea el momento para introducir más modificaciones a la legislación laboral. Es el momento de generar estabilidad para que quienes estén dispuestos a crear empleos, lo hagan con la certidumbre de que no les cambiarán las reglas del juego.
—Las Pymes generan más del 80% del empleo. ¿Es posible diferenciar normas laborales para las empresas de menor tamaño?
—Es un tema que habría que analizar en detalle, teniendo el cuidado de que no se termine estableciendo por ley trabajadores de primera y segunda clase. Las diferencias podrían darse por las exigencias de documentación y trámites que a veces exigen los organismos fiscalizadores como la Dirección del Trabajo, más que establecer diferentes derechos para los trabajadores en virtud del tamaño de la empresa.
—¿Es necesario darle una orientación pro-empleo al Ministerio y a la Dirección del Trabajo?
—Absolutamente. Han parecido más entidades dedicadas a castigar y a satanizar a quienes dan empleo en Chile. Hay que cambiar definitivamente la actitud esencialmente castigadora y parcial que ha caracterizado estos últimos años, especialmente de la Dirección del Trabajo, por una dedicada a educar a ambas partes, respetando su autonomía y no imponiéndoles determinadas formas de relación. También debe fomentar el diálogo al interior de las empresas.
—Chile ingresó a la OCDE que recomendó flexibilidad laboral, y también hizo sugerencias en sindicalización y negociación colectiva…
—Para incorporar la flexibilidad laboral en Chile, es indispensable, al mismo tiempo, abordar la creación de empleos, la capacitación continua y la seguridad en tiempos de desempleo. Mientras las personas no vean que existen más oportunidades de empleo y que cuentan o contarán con herramientas para hacer frente a esos desafíos, será muy difícil introducir mayores espacios de flexibilidad. Y la sindicalización y la negociación colectiva deben ser una opción, no una obligación impuesta por el Estado.
Fuente / Estrategia