Los 33, sus sueños y futuro: quieren volver a sus casas, capacitarse y regresar a las minas

La mayoría afirma que esta actividad es su vida y que no teme volver a los piques. Siempre y cuando exista seguridad.

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(El Mercurio)«Perdimos nuestra fuente laboral, después de todo, quedamos cesantes (…) Hay que ponerse en el puesto que nos toca, que es ser mineros, trabajadores de Chile». Entre jugar a ser técnico del equipo que se presentó en el Estadio Nacional, firmar autógrafos y disfrutar su fama, Mario Sepúlveda se detiene un minuto y pone los pies en la tierra.

Tal como él, la gran mayoría de los mineros sabe que en un tiempo más, la ansiedad de la gente, los medios y hasta el acoso de algunos cercanos cesará y con ello podrán volver a su vida normal. Esta semana siguen celebrando, pero ya pronto esperan dar vuelta la página de la que hasta ahora ha sido la historia más impactante de sus vidas.

«Con esto ahora se cierra el ciclo. Tenemos que darles tiempo para volver a la normalidad. Cada uno tiene sus espacios y lo importante es que no pierdan el núcleo que es su familia», dice André Sougarret, jefe del equipo que los devolvió a la superficie.

Y tal como comenta «el jefazo» (como lo han llamado los mineros), el grupo ya tiene claro qué hará ahora. «Vamos a ser mineros otra vez, no de San José, pero de una faena donde nos llegue una oferta buena». La decisión de Carlos Bugueño se repite en la gran mayoría de los 33 rescatados, que afirman que lo suyo es la mina.

Según cuentan, quieren estar con los suyos, quedarse en sus ciudades de origen, volver a sus actividades y así retomar lo que dejaron el 5 de agosto.

«La mina nos dio la posibilidad de tener un sustento para nuestra familia y sabemos que ésto (la fama) nos va a dar poquito. Porque no somos actores de cine ni héroes, sino que somos víctimas de unos empresarios que por no invertir en la seguridad hacen sufrir a mucha gente», reflexiona Franklin Lobos, recogiendo las bondades y desazones de la vida del minero.

En sus planes, algunos ya tienen ofertas, mientras que otros apuestan por las oportunidades. Así lo apuntan los primos Pablo y Esteban Rojas, quienes dicen que les gustaría capacitarse y postular a Codelco. La conclusión, como dice Juan Illanes, es que hay que seguir trabajando porque «esta burbuja terminará reventándose y el mercado minero es muy interesante».

Los que no volverán a un pique

Mario Gómez es el mayor de los 33 mineros. A sus 64 años seguía una activa labor que lo tenía lejos de su familia y en especial de su esposa, Lilianett. Fueron sus frases para ella las primeras en conocerse en todo el mundo, el día en que se hizo el contacto con el refugio.

Y desde que salió de ese lugar, su mujer no lo ha dejado. Junto a ella en todo momento, Mario afirma que su futuro ya está claro: descansar y disfrutar de los suyos. «Ya pronto estaremos tramitando la jubilación, y ahí a descansar», explica sonriente.

El caso de Raúl Bustos es parecido. Afectado por el terremoto, maremoto y el encierro en la mina San José, la vida le dio una nueva oportunidad con los suyos. Viajó a Talcahuano para estar con su familia, mientras toda la atención estaba en Copiapó. En esa ciudad, la Armada le ofreció trabajo en Asmar.

«Y es bueno, porque es tranquilo, cerca de la familia», dice, terminado el partido de fútbol jugado ayer en el Estadio Nacional.

Para Edison Peña, las oportunidades son variadas. Afirma que no teme regresar a un pique, pero asimismo dice que su familia no quiere que regrese. Por eso cree que no volverá, más aún ahora, que tiene dos ofertas -que no detalla- y comprende que lo que le sucedió dejará secuelas. «Estaba muy acelerado y estaban encontrando (los médicos de la ACHS) que me estaba yendo mal», cuenta el corredor, que luego de ser internado en el Hospital de Copiapó ahora ve la vida con más calma.

Fuente / El Mercurio

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