Las oportunidades mineras

Disciplinas como la robótica, la biotecnología y las tecnologías de información, entre otras, son las que pueden responder a las necesidades de esta industria.

COMPARTIR

(El Mercurio) La naturaleza de los sistemas productivos existentes en una industria condicionan el tipo de innovaciones que pueden desarrollarse en ella. La minería es una industria de proceso, intensiva en capital y con operaciones que se proyectan con horizontes temporales extensos.

Es normal que en un proyecto minero el período de desarrollo supere los 10 años -considerando las etapas de exploración, ingeniería y construcción-. Asimismo, la vida de una gran mina puede extenderse por varias décadas, llegando incluso a superar los 100 años, producto de sucesivas expansiones, cada una con grandes inversiones.

Dado lo anterior, en esta industria se valora la estabilidad en los procesos productivos. A partir de ese estado, se busca ir generando mejoras en el rendimiento, la eficiencia y el desempeño de máquinas, equipos y activos fijos como parte de un proceso continuo de mejoras e innovaciones, que por lo general son incrementales, sin que pongan en riesgo la estabilidad del proceso. La sustentabilidad y competitividad de esta industria está fuertemente determinada por la capacidad de incorporar estas mejoras.

Rol fundamental

En este contexto, las empresas proveedoras juegan un rol fundamental en ir generando permanentemente innovaciones e ir implementándolas sin poner en riesgo la estabilidad de los procesos productivos.
El potencial de innovación y desarrollo de la minería está fuertemente determinado por la escala, diversidad y cantidad de sus operaciones, y también por la frecuencia de proyectos de inversión que permiten expandir la capacidad productiva e incorporar nuevos diseños y tecnología.
No es casualidad que a partir de los 80 haya existido un importante desarrollo de las capacidades de gestión, de ingeniería e innovación de la minería y sus proveedores.

El mayor crecimiento y frecuencia de inversiones de la historia de la minería chilena se inicia en este período. En 1981 Chile producía cerca de 1,7 millones de toneladas de cobre fino, representando algo más del 13% de la producción mundial.

Una década más tarde, en 1991, la producción nacional de cobre alcanzó cerca de 1,8 millones de toneladas (20% de la producción mundial). En 2001, sobre 4,7 millones de toneladas, el 35% de la producción mundial.
La participación se ha estabilizado en torno a este último número, consolidando una actividad de gran escala, que enfrenta desafíos de productividad y costos de creciente complejidad, lo cual ha creado un espacio único para el fortalecimiento de empresas proveedoras capaces de desarrollar tecnologías y servicios intensivos en conocimiento.
Los desafíos, tanto en operación como en inversiones, abren oportunidades únicas.

Los proyectos de inversión generan espacios únicos para introducir nuevas tecnologías y modelos de organización.

Existen importantes esfuerzos de exploración que pueden comprender sistemas complejos para caracterizar y modelar los depósitos. También se generan oportunidades en la formación de profesionales altamente calificados; por ejemplo, en la gestión de proyectos de inversión muy complejos.

Asimismo, las operaciones presentan importantes oportunidades de aprendizaje e innovación debido a la creciente exigencia de eficiencia y productividad para mantener la competitividad.

Surgen desafíos tales como mayor eficiencia energética y menor consumo de agua, modificaciones en los sistemas y tecnologías de procesamiento para adaptarse a las nuevas condiciones del mineral que se está extrayendo, mejoras en la gestión de la mantención y operación de flotas de camiones y equipos buscando una mayor disponibilidad, y mejoras en el desempeño ambiental y de seguridad.

De esta forma, la minería ha abierto posibilidades para un proceso gradual de desarrollo de empresas proveedoras de base tecnológica que creen aplicaciones específicas utilizando la geociencia, la metalurgia, la biotecnología, la electrónica, la automatización, la robótica, el modelamiento matemático avanzado y las tecnologías de información y comunicaciones, entre otras.

Así, los desafíos de la cadena de valor minero generan posibilidades de desarrollo de nichos especializados.

Los proveedores y los desafíos

Considerando la escala y complejidad de los desafíos enfrentados por la industria minera mundial, surge la pregunta necesaria acerca de cuáles son las fuentes de soluciones que permitan abordar estos desafíos y cuál es el camino para su desarrollo.

Dada la naturaleza de orden técnico de dichos desafíos, su respuesta apunta necesariamente en la dirección de aquellas organizaciones donde se encuentren las experiencias y capacidades de gestión y las competencias técnicas específicas requeridas para hacer frente a problemas complejos.

Como la industria minera no es especialista en un sinnúmero de tecnologías empleadas en sus procesos, debe buscar estas soluciones fuera de su entorno operacional. Aquí aparecen las empresas proveedoras y las universidades y centros de conocimiento, en distintos grados y niveles de especialización, como los espacios naturales donde encontrar estas respuestas.

El sector de proveedores de la minería está conformado por un amplio y heterogéneo conjunto de empresas, desde pequeños emprendimientos hasta grandes empresas.

Sus orígenes resultan igualmente variados, tanto en su génesis como en su localización geográfica. Muchas de estas empresas han surgido como emprendimientos a partir de profesionales salidos de las propias mineras, mientras que en el otro extremo están las grandes multinacionales de países industrializados.

De acuerdo con el Estudio de Caracterización de Proveedores de la Minería Chilena, publicado por Fundación Chile en noviembre del 2012, existen en el país alrededor de 4.700 empresas proveedoras. De estas, el 73% serían micro y pequeñas empresas, el 18% medianas y el 9% correspondería a grandes empresas.

En cuanto a los rubros servidos por estas empresas, el 56% serían equipos y provisiones; el 25% contratistas; el 11% servicios de ingeniería y consultoría, y el 8%, servicios de soporte.

Empleo y profesionalización

En cuanto al empleo, este conjunto utiliza cerca del 10% de la fuerza laboral del país, lo cual da cuenta de su importancia. En relación al nivel de profesionalización de estos trabajadores, es interesante notar que en las micro y pequeñas empresas, el porcentaje de trabajadores con nivel técnico o profesional alcanza cerca del 40%, mientras que el promedio a nivel nacional es de alrededor del 20%. Esto refleja un mayor nivel de capacidades de absorción de nuevas tecnologías por parte de este sector, con el consiguiente impacto en el potencial de innovación asociado.

En términos del nivel de facturación de estos proveedores, el 62% facturó el 2012 US$2,5 millones o menos, mientras que el 28% lo hizo sobre esta cifra, pero inferior a US$25 millones. El 8% facturó entre US$ 25 millones y 100 millones, y solo el 2% restante superó esta cifra.

Una mirada desde el nivel de actividad de este sector muestra que este creció en promedio 25% entre 2009 y 2010, cifra cinco veces el promedio nacional, de 5,2%. Asimismo, el número de empresas proveedoras en operación creció 35% entre el 2007 y el 2011; en este aumento destaca el incremento de 43% en el segmento de las empresas más pequeñas.

Con sesgo tecnológico

Todo lo anterior muestra un sector muy dinámico, con impacto en la creación de empleo y con un alto grado de profesionalización, en todos estos aspectos, muy por sobre el promedio del país.

Ello nos permite concluir que este sector presenta grandes oportunidades para la creación de nuevas empresas y emprendimientos, en una importante variedad de rubros y tipos de productos y servicios, con un claro sesgo hacia productos y servicios con un importante contenido de innovación de base tecnológica.

Fuente / El Mercurio

Revista Digital

Lo último del mes

Lo más leído

Temas Relacionados

Revista Digital