Las «contradicciones» de Calama: La ciudad donde se goza (y sufre) el boom minero

Hay empleo, grandes tiendas y mucha gente dispuesta a comprar, pero faltan viviendas y servicios. También escasean las alternativas de distracción.

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(La Segunda) Unas treinta personas esperan en la fila formada desde temprano fuera de las oficinas de Extranjería en Calama. Aunque las puertas están cerradas y para evitar aglomeraciones se dan horas por teléfono, más de 150 extranjeros llegarán en el día, en busca del ansiado permiso para quedarse y trabajar.

Junto con el florecimiento del gran comercio, el efecto más visible del boom minero en Calama es el explosivo arribo de inmigrantes. Hace pocos años en la ciudad había básicamente chilenos y bolivianos (o sus descendientes). Hoy también es habitual ver peruanos, ecuatorianos y en especial colombianos, que ya se ubican en el segundo lugar de solicitudes de visas.

El último censo dice que Calama tiene 138 mil habitantes (sólo 1.500 almas sobre 2002), pero en la zona están convencidos de que son muchos más. De hecho, el alcalde, Esteban Velásquez, asegura que la población flotante que va y viene al ritmo de las faenas mineras llega a unas 60 mil personas, con todo el «estrés» que implica para el sistema.

Emplazada a los pies de la cordillera y pegada a la frontera, esta es una ciudad extrema: un oasis que atrae, pero también un espejismo que no cumple todo lo que promete.

El auge minero trajo a la empresa privada, que respondió más rápido que la infraestructura pública. El mall con más de 130 tiendas recibió el año pasado a 12 millones de visitantes. Y el casino de juego crece sobre el 10% anual.

En contraste, la ciudad sufre serias deficiencias en vivienda y salud. Edificar es caro y hace tres años no se entregan soluciones habitacionales. A la par, la construcción del nuevo hospital está detenida y hay una severa falta de médicos especialistas.

«La Segunda» viajó a Calama para conocer a fondo la realidad de este nuevo «El Dorado» ubicado en pleno desierto de Atacama, donde tal como en la leyenda, son muchos los que buscan el tesoro.

Allá supimos cuál es «el secreto mejor guardado del norte», según cuentan algunos profesionales. «Un abogado puede cobrar hasta un millón y medio por un divorcio de común acuerdo, casi diez veces lo que piden en Santiago. Vale la pena el sacrificio».

Eso, sin mencionar los sueldos que se pagan en la gran minería y que funcionan como una suerte de gigantesco imán.

«Deficiencia de infraestructura pública»

En Calama la vida es cara. Un kilo de pan puede costar $1.300. Pero «hay dinero y gente dispuesta a pagar», dicen en el comercio.

En 2009 abrieron la cadena Mall Plaza y el Casino Sol. Pronto los supermercados llegaron al mismo sector, a 15 minutos del centro. En pocas cuadras hoy se concentran grandes locales de todas las cadenas.

«Los privados construyen rápido, entonces ahí se notó más la deficiencia de la infraestructura pública», dice el alcalde Velásquez (Indep., fue reelecto en la lista del Pro).

En agosto se cumplen cuatro años del inicio del movimiento social que unió a miles de calameños y alertó a Santiago del descontento que se gestaba hace décadas. La bandera de lucha ha sido que el 5% de los recursos del cobre quede en la zona. Para el alcalde, es el pago por los efectos de la minería en la ciudad: «Contaminación y recarga de los servicios, en especial por la masiva llegada de contratistas. Los atendemos en nuestro hospital, a ellos y sus familias, para que vayan a producir para las mineras».

En la comuna están dos de las divisiones más productivas de Codelco: Chuquicamata y Radomiro Tomic. Pero, según el alcalde, «en los últimos cinco años hemos generado US$ 18 mil millones en utilidades, y de eso acá queda cero», reclama.

Otra característica es que la fuerte demanda de mano de obra de la minería ha dejado vacantes en sectores como el comercio o la construcción. Hoy la norma imperante es que los trabajos menores y servicios sean ocupados por extranjeros, mientras los chilenos ocupan los puestos mejor remunerados.

Fuente / La Segunda

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