La minería chilena frente al próximo gobierno

Otro aspecto relevante para la minería chilena es, sin duda, la mantención de las condiciones jurídicas que han probado ser las correctas para su desarrollo y competitividad internacional.

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Por Alberto Salas, Presidente de la Sociedad Nacional de Minería

(La Tercera) Dentro de apenas dos semanas, el país enfrentará una importante definición al elegir al Presidente de la República para los próximos cuatro años. Y nosotros como Sociedad Nacional de Minería, representante de las grandes, medianas y pequeñas empresas de la minería metálica y no metálica, queremos invitar al próximo Jefe de Estado y a quienes lo acompañarán en su gestión, a una reflexión que nos permita dimensionar y valorar este sector productivo en toda su importancia para el país.

La minería chilena ha crecido de manera fuerte y sostenida en las últimas décadas. Genera en la actualidad el 17,6% del Producto Interno Bruto y el 60% de las exportaciones totales, y contribuye con un 23% del total de los ingresos fiscales.

Estos indicadores en sí mismos no expresan -sin embargo- todo el crecimiento económico y social que la minería ha aportado muy particularmente a las regiones y comunidades en que realiza su labor. Un sólo ejemplo de esto es la disminución sostenida de la pobreza de la Región de Antofagasta, que pasó de un 34,2% de la población viviendo en condiciones de pobreza en 1990 a un 7,3% en 2006, y un ingreso per cápita que alcanza a US$27.000 anuales, sólo comparable con naciones desarrolladas.

Con todo, el aporte de la minería no se ha visto acompañado por una institucionalidad gubernamental lo suficientemente moderna para enfrentar los desafíos que impone una minería de clase mundial como la nuestra.

Me refiero a las entidades que se relacionan directamente con nuestra labor, como Sernageomin, Conama, Cochilco y Enami. Quiero ser muy claro en este punto, no nos motiva la crítica a la gestión actual de esos organismos ni tampoco a quienes trabajan en ellos y los dirigen.

Nuestra propuesta es que dichas entidades deben ser, con una visión estratégica, fortalecidas en los recursos económicos con que cuentan, de manera que pueden ejecutar su labor con la mayor eficacia posible en el contexto de un exigente mercado minero chileno y mundial.

Otro aspecto relevante para la minería chilena es, sin duda, la mantención de las condiciones jurídicas que han probado ser las correctas para su desarrollo y competitividad internacional. El conjunto actual de políticas públicas han proporcionado las garantías de confianza, estabilidad y seguridad, elementos claves para atraer las inversiones que en esta actividad son cuantiosas y de largo plazo de maduración. En el ordenamiento regulatorio sectorial, destaco particularmente la Ley sobre Concesiones Mineras y el Código de Minería, normativa esta última que ha establecido claramente el derecho de propiedad sobre las concesiones mineras.

Adicionalmente, han sido cruciales para la minería la estabilidad institucional, social y política del país, la protección de la propiedad privada, los equilibrios macroeconómicos, la libre competencia en todos los sectores, la apertura al comercio internacional, y las garantías de no discriminación sectorial y de estabilidad que ha otorgado el Decreto Ley 600 a la inversión extranjera.

Junto con ello, existen desafíos comunes tanto para el empresariado de este sector como para el propio gobierno, que es necesario abordar, tales como la disponibilidad de energía, los recursos hídricos y el capital humano. Sobre el primer punto, consideramos que asegurar el suministro energético a precios competitivos a nivel internacional, para el mediano y largo plazo, es una tarea prioritaria. En tal sentido, nos parece innecesario cerrarse a la opción nuclear, pues hoy es una alternativa válida. En materia hídrica, políticas públicas que incentiven el uso eficiente de este recurso y su correcta disponibilidad para todos quienes la requieren, será seguramente parte de la tarea de la próxima autoridad.

Asimismo, en materia de recursos humanos debemos tener muy claro que lo que marca la diferencia en el desarrollo de los países no es la disponibilidad de recursos naturales. Son las personas, sus conocimientos, cómo se organizan para trabajar en armonía y sus motivaciones y valores, lo que realmente importa.

En consecuencia, creo firmemente que debemos poner especial y decidido énfasis en lo que diga relación con la educación, porque de esta forma estaremos aportando a la base fundamental del tránsito de nuestra nación al desarrollo.

Fuente / La Tercera.

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