(Estrategia) Se aprecia, asimismo, que el flujo proveniente de impuestos a los contribuyentes distintos a la minería privada, crece de manera sostenida. El año pasado llegó al 73% del total de ingresos fiscales, mientras que en 2011 era de 69% y de 65% en 2010.
Una sólida posición financiera tuvo la caja fiscal en 2012. Además de completar un segundo año consecutivo con superávit, llegando a 0,6% del Producto, se observa que la expansión del gasto fue de 4,7%, inferior al 5,5% que probablemente creció el PIB.
Esta brecha también se observó en 2011, reflejando un estricto orden de las cuentas públicas, y posiciona al gasto fiscal como una herramienta que colabora para sostener el tipo de cambio. Ante las dificultades que impone una intervención cambiaria por parte del Banco Central, restar presión de gasto en la economía es un elemento fundamental para evitar que el dólar siga bajando. Un menor egreso también ayuda a contener la inflación y, por lo tanto, a mantener estables las tasas de interés.
Tamaño del Estado
En todo caso, el tamaño del Estado, entendido como el total de gasto público respecto al Producto, sigue siendo elevado si se compara con las cifras del período 2003-2008. Esta situación se arrastra desde 2009, año en que se incrementó en 18% –usando buena parte de los recursos provenientes del boom del cobre–, cuando el equipo liderado por Andrés Velasco optó por una política anticíclica, para contrarrestar la debilidad con que reaccionó la economía chilena a la crisis subprime. Historia aparte fue el fracaso de esa decisión, que se tradujo en un torrente de recursos despilfarrados, ya que no logró evitar la recesión.
Así las cosas, en 2012, el gasto representó 21,8% del PIB, similar a la proporción de 2011, lo que denota una mejora respecto del 23,3% del Producto que anotó hace tres años. Eso sí, en el ejercicio pasado no fue necesario neutralizar los embates externos que supuestamente vendrían desde Europa, EE.UU. y China. El contagio no se produjo, por lo que los ingresos fiscales volvieron a crecer y se situaron en 22,3% del PIB.
Sin embargo, lo mismo que motiva los halagos al disciplinado grupo de Hacienda encabezado por Felipe Larraín, genera un costo considerable para la imagen del Presidente Piñera. El afán de maximizar los ingresos mediante una exigente carga tributaria, choca con las crecientes demandas de la población por recibir los beneficios de una economía que crece pero que no chorrea lo suficiente, en especial, si se trata de la clase media, que no es blanco de las políticas asistencialistas.
Basta con constatar que los ingresos tributarios del año pasado son –en conjunto con los obtenidos en 2007– los más altos respecto al PIB, al representar un 17,8%. Además, completó cuatro ejercicios de crecimiento sin interrupción.
Se aprecia, asimismo, que el flujo proveniente de impuestos a los contribuyentes distintos a la minería privada, crece de manera sostenida. En 2012 llegó al 73% del total de ingresos fiscales, mientras que en 2011 era de 69% y de 65% en 2010.
CIFRAS
US$1.504 millones fue el superávit fiscal de 2012.
4,8% crecieron los ingresos tributarios.
73% de los ingresos fiscales lo aportan los contribuyentes distintos a la minería privada.
Fuente / Estrategia