(El Mercurio) Soportó estoico las extenuantes horas del rescate. Rió y lloró frente a los mineros que ayudó a sacar del fondo del pique de la mina San José y ante las cámaras de TV que llevaban la imagen a todo el mundo.
Poco le importó…
Porque había conseguido lo que soñó tantas veces durante 69 días: ver a los 33 trabajadores reunidos con sus familias, como le pedían los propios trabajadores por videoconferencia cuando les indicaba las labores que debían realizar.
André Sougarret, el gerente de la mina El Teniente, el yacimiento subterráneo más grande del mundo, terminó anoche más que satisfecho la «pega» más importante de su vida.
-¿Cómo vivió la jornada final del rescate?
«Fue una jornada muy extensa, 26 horas ininterrumpidas de trabajo, sin descanso y sin dormir, pero con una emotividad que todo el mundo vio. Siento la satisfacción de haber cumplido con la misión que me fue encomendada».
-Se le vio muy emocionado con la llegada a la superficie del minero Richard Villarroel ¿Por qué lloró en ese momento?
«Siempre había estado en mi mente cumplir con los deseos que tenían los mineros del volver a estar junto a sus familias. En la familia Villarroel vi reflejado lo que yo tenía en mi mente, y la verdad es que ver a Richard me llegó mucho al alma. Cuando dijo que estaba feliz, porque vería nacer a su hijo, me emocioné… Son palabras que llegan al corazón».
-¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de esta jornada?
«En el inicio, con la presión de comenzar luego el rescate, tuvimos algunas dificultades. Nos costó colocar el cable de izamiento, perdimos mucho tiempo en eso. También se nos trabó la puerta y tuvimos que destrabarla a martillazos».
-Hubo un momento tenso cuando descendió el primer rescatista y se cortó la transmisión por videoconferencia…
«Sí, en uno de los descensos cayó una piedra sobre la fibra óptica, lo que interrumpió la comunicación con la mina. Hubo nerviosismo, pero teníamos comunicación por citófono y la videoconferencia la manejábamos sólo como una alternativa».
-Los últimos ascensos de los mineros fueron muy expeditos… ¿En qué momento se tomó la decisión de aumentar la velocidad de la cápsula Fénix?
«Partimos con velocidades más lentas en el primer tercio de mineros, con una velocidad de 0,8 metro por segundo, porque debíamos ver varias dificultades que teníamos en un comienzo: el tubo, la roca, la curvatura, cambio de diámetro, en fin. Varias circunstancias que queríamos controlar para hacer un buen atrapamiento de los mineros. Luego, con los trabajadores del segundo tercio, aumentamos la velocidad a 1 metro por segundo y al final llegamos hasta 1,2 metro por segundo».
-¿Cuál es su mensaje a su equipo más cercano de trabajo, entre ellos a René Aguilar?
«Voy a estar eternamente agradecido de todo mi equipo, que trabajó durante estos días sin parar para el rescate. Tuvimos que desarrollar distintos planes, alternativas, muchas discusiones, pero por sobre todo, el trabajo lo hicimos todos juntos para poder alcanzar el objetivo final. Dimos lo mejor de nosotros, por eso tengo la convicción de que cada uno de ellos creía en la misma meta, que era sacar a los mineros sanos y salvos».
-¿Qué recuerdos va a atesorar de estas vivencias?
«La imagen que nunca olvidaré son los abrazos y besos de los mineros con sus familias, después de tanto tiempo separados. Para mí fue una experiencia única. Hubo desconfianza en un inicio, pero logramos establecer lazos de confianza con los mineros, especialmente a través de las videoconferencias. Al final logramos lo que queríamos: el reencuentro de las familias».
-¿Su labor concluye con el rescate de los 33 mineros?
«Mañana (hoy) igual tenemos que venir a la mina para ir cerrando los distintos planes, despedirnos de las distintas empresas que trabajaron allí, cerrar las puertas y desmantelar todo lo que hemos construido en este tiempo, que no es poco».
La emoción de Cecilia Morel
«Uno trata de contener a las familias, porque son las que están viviendo más fuertemente esto. Pero había momentos en que uno igual se quiebra. En mi caso me impresionaba más el lazo maternal o paternal, más que el de pareja. El de pareja era como para celebrarlo, gozarlo, era lindo. Pero la emoción más fuerte era al ver a madres con hijos jóvenes o a los niños chicos con sus papás», dijo Cecilia Morel, esposa del Presidente Piñera.
«Fue una misión país y lo que hemos logrado este año supera cualquier tema de subdesarrollo, por lo menos a nivel humano», añadió.
Morel señaló que lo vivido sirvió para ratificar la preponderancia de la familia como pilar de la sociedad. «Había algunas que seguramente habían tenido discusiones o que habían estado quebradas. La fuerza de la vida las hizo reaccionar para volver a valorar la importancia de ese miembro».
La esposa del Presidente sostuvo que si bien fue una de las situaciones más fuertes que le ha tocado vivir, no se compara con el cataclismo de febrero. «El terremoto tiene consecuencias a nivel de familias y del país a más largo plazo. Este fue un episodio muy traumático, pero estuvo acotado a dos meses, aunque va a dejar grandes lecciones».
Fuente/El Mercurio