(El Mercurio) Desde la pequeña ventana de la oficina que Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn ocupan en una cabaña enclavada en lo alto del complejo que rodea la mina San José se pueden observar todos los trabajos que -a través de seis perforadoras y la entrada principal del yacimiento perteneciente a la Minera San Esteban Primera- realizan los rescatistas. También se pueden ver las carpas desplegadas por el Ejército para las autoridades y la pequeña ciudadela que los familiares de los 33 mineros atrapados desde el jueves 5 de agosto han construido en los últimos días.
Kemeny y Bohn son los dos dueños -prácticamente en partes iguales, dicen- de la mina y ayer en la tarde, abrigados con casacas rojas similares a las que ocupan las autoridades de Gobierno, se preparaban para recibir a representantes de los familiares de los mineros, tarea que según tienen previsto debería continuarse, por grupos, durante los próximos días y tras varias críticas que los acusan -principalmente a Kemeny- de ocultarse de la prensa y de los parientes de los trabajadores atrapados.
Dicen que ya se habían reunido con algunos familiares inmediatamente después del accidente y que el hecho de que Marcelo Kemeny no se haya mostrado públicamente no significa que no haya estado todo este tiempo colaborando en las tareas de rescate. Exactamente una semana después del accidente, habla por primera vez del hecho, secundado por Alejandro Bohn, quien también es gerente general de la empresa San Esteban Primera Sociedad Anónima
«Ha habido una confusión», dice Kemeny.
«Los dueños de la empresa somos yo y Marcelo. Eso creo que ha causado confusión porque ha salido que los dueños no han estado presentes. Hemos estado siempre los dos desde el mismo momento del accidente», agrega Bohn.
Demora en el aviso del accidente
¿Cómo se enteraron del accidente?
Kemeny: Yo estaba en Copiapó, en la planta de tratamiento que convierte el mineral en concentrado. Me avisó Alejandro. Recibí el aviso de que había habido una obstrucción en la mina y que ojalá nos pudiésemos juntar allá. A las 17 horas llegué y pude ver lo que había sucedido.
Bohn: Esto fue entre las 14 y las 14:30 horas. Yo llegué aquí a las 15:30. Me iba a Santiago y era habitual que antes de hacerlo pasara por la mina. Dicen que nos atrasamos mucho en avisar. La verdad es que los eventos ocurrieron de modo en que había bastante ruido, derrame y polvo, y estas situaciones no decantan inmediatamente.
Nosotros tampoco podemos mandar a la gente que está en superficie al interior de la mina sin poder ver prácticamente nada, sería una operación insegura. Los trabajadores que estaban afuera volvieron al sector, pero como no se veía nada había que esperar y eso demoró hasta las cinco de la tarde. Recién al cuarto intento nos dimos cuenta de la magnitud del evento, que no podríamos abordar eso por nuestros propios medios y que había que avisar a las autoridades permanentes. En lo personal, también dimos aviso a las brigadas rescatistas de las minas Carola y Pucobre.
Kemeny: Nosotros debimos bajar por el camino a llamar porque aquí no había señal de celular.
¿El solo derrumbe o que no se viese nada no ameritaba haber avisado de la emergencia antes?
Bohn: Podría haber sido la caída de una roca normal o un deslizamiento de carácter menor. Se tenía que determinar qué había ocurrido exactamente antes.
Kemeny: A las 17 horas recién tuvimos el diagnóstico más concreto. No se sabía porque no había visual, no se podía saber si era A, B o C.
¿Se imaginó lo que había ocurrido?
Kemeny: No.
Se ha criticado que ustedes no han hablado con los familiares.
Bohn: Con los familiares hemos tenido contacto siempre.
Kemeny: Ese mismo día del accidente estuvimos reunidos con ellos, la madrugada del viernes. Cuando ya se había determinado que la rampa estaba obstruida, nosotros dos, inmediatamente en la garita de entrada a la mina, nos acercamos a los familiares y conversamos con ellos. Les hicimos ver lo que había ocurrido y que íbamos a hacer todos los esfuerzos.
Bohn: Este es un tema muy sensible para nosotros. Este ha
sido un momento gravísimo y estamos consternados con lo que está pasando y nuestra única prioridad realmente han sido nuestros trabajadores y sus familias. Esto resultó ser más grande de lo que nuestra propia capacidad podía absorber y administrar. Hemos recibido mucha ayuda y asumido la tarea de coordinar las labores técnicas. Pero nosotros nunca hemos dejado a las familias de lado, sino que acordamos que las comunicaciones se iban a hacer a través del Gobierno y que éste y las municipalidades iban a hacer lo posible para ayudar a las familias, y eso nos sobrepasa a nosotros.
Kemeny: Nos vimos invadidos por un regimiento de gente de distinta especialidad y no estábamos preparados. Sólo entre domingo y lunes llegaron 130 personas.
¿Por eso no han podido estar con las familias de los mineros?
Bohn: Independientemente de eso, hemos estado con los representantes de los familiares. El sábado estuvimos con ellos para decirles, junto al Gobierno, que había habido problemas con el plan de rescate y que nuestros ingenieros trabajaban en una alternativa.
Kemeny: No es coincidencia que a las tres horas que los rescatistas abandonaron las faenas, ya estaban ingresando las máquinas perforadoras.
¿Cómo ha sido la relación con el Gobierno en estos días?
Bohn: Ha sido buena. Ha colaborado y en la medida que nos hemos dado cuenta que la situación es más compleja, el Gobierno ha tomado más espacio y coordinado más. Y hoy la capacidad casi total está en las manos de Codelco.
Kemeny: Esto ocurrió el jueves y no nos movimos de la mina. Recién bajamos el día lunes a Copiapó a cambiarnos de ropa y ducharnos.
Bohn: Ha sido muy sacrificado, muy impactante para nosotros.
Kemeny: Si bien están todos consternados por quienes están adentro, a veces también molestan las críticas que dicen que no hemos aparecido.
¿Por qué no ha aparecido ante los medios de comunicación?
Kemeny: Cuando vi las noticias me di cuenta de que había una confusión completa. A Alejandro no se le había relacionado con que era uno de los dueños.
Bohn: Marcelo estaba trabajando más con los ingenieros que yo, y yo mostré un poco más la cara de la compañía porque mi cargo es también el de gerente general, pero lo más importante es rescatar a nuestra gente.
Hubo autoridades que dijeron que usted no aparecía.
Kemeny: Claro, el subsecretario (de Minería) Pablo Wagner dijo que no había visto al señor Kemeny en toda la semana. Yo me fui a presentar. Me dijo: «Chuta, en realidad no tenía idea, nadie nos presentó». Estuvimos trabajando codo a codo toda la semana. Me dijo, «sí puede ser, pero como nadie nos presentó no tenía idea quién era el dueño». Tenía clara la cara, pero no lo asociaba al nombre.
¿Percibe que mucha gente personifica en usted al accidente, lo culpa de lo que está sucediendo? Porque es el dueño de la mina, porque se dice que no ha estado con los familiares, que escamoteaba los recursos…
Kemeny: Puede ser que eso es lo que se diga, pero no se han escatimado recursos, nos apersonamos ante la gente el primer día y yo he estado aquí en la oficina de ingeniería, con los rescatistas, con toda la gente.
Entonces, hay una confusión. Se puede culpar a uno u otro, pero cuando terminen las investigaciones podremos determinar qué pasó, pero anticiparse hoy es apresurado.
Bohn: No porque hayamos coordinado que la comunicación la iba a llevar el Gobierno significa que no estamos acá, y queremos que nuestra gente y los trabajadores sepan que tendrán nuestro apoyo incondicional.
Kemeny: Nosotros estamos aquí en la mina y vamos a seguir estando sólo por los trabajadores, no nos vamos a mover hasta que logremos rescatarlos.
¿Cómo ven el futuro de la operación de rescate?
Bohn: Esta es una tarea que hemos definido como compleja pero técnicamente viable. Queremos mantenernos en un escenario optimista. Los mineros somos gente trabajadora y solidaria y nos gustaría que dentro de todo el sufrimiento que esto significa para nosotros como empresa, las familias de los trabajadores atrapados y el país, nos gustaría rescatar el optimismo y reenergizarnos en torno a seguir buscando soluciones y a nuestros trabajadores. No podemos dejarnos abatir por las circunstancias; este es el minuto en el que no podemos flaquear.
Kemeny: Estoy sumamente afectado. Nací y viví en torno a la minería y me he dedicado a esto toda mi vida. Y verme enfrentado a esto me tiene sumamente afectado. Yo sé lo que es estar adentro de una mina.
¿Había entrado a esta mina en el último tiempo?
Kemeny: Hace menos de un mes atrás estuve con mis dos hijos hombres, de 15 y 9 años, y llegamos hasta el último nivel de la mina. O sea, temor no había. ¿Entraría yo con ellos si supiera que hay algo irregular dentro? Y estuve en mayo y junio con ellos. Hubiésemos sido los primeros en parar la operación si hubiésemos tenido el más mínimo indicio de algo irregular.
Bohn: Lo que está descartado por completo es que tuviéramos información técnica proporcionada por técnicos o ingenieros que nos dijeran que esto se iba a caer. Crear esta caricatura de que nosotros hacíamos entrar a la gente sabiendo que era peligroso es una caricatura. Yo también entraba todas las semanas hasta el fondo de la mina y eso lo saben los trabajadores.
La reapertura de la mina
Ha aparecido en la prensa que usted está muy complicado con deudas.
Kemeny: Es conocido que tengo una serie de morosidades que aparecen en Dicom y eso tiene una explicación sencilla. En 2007 la empresa tuvo complicaciones económicas. Opté por postergarme en beneficio de la empresa y los trabajadores. También se habló de cheques protestados y eso no es cierto.
Se ha hablado de presiones políticas para reabrir la mina.
Bohn: La reapertura sigue la lógica que establecen el Sernageomin y las autoridades. Los empresarios no podemos influir en eso. Hay una metodología, informes que se exigen. La reapertura de la mina se hizo a partir de varios documentos. Tal vez el más importante es un informe geomecánico, que nosotros contratamos en forma externa a la empresa E-mining Technology, que es una firma de alto prestigio que podía hacer un informe de calidad como el que necesitábamos. Y ellos se demoraron varios meses en hacer el estudio. Ese análisis no indicaba un peligro como el que estamos viviendo, es decir, la pérdida de unos pilares de seguridad. Se centró principalmente en lo que al Sernageomin le preocupaba en esa época, que era el método de fortificación que utilizaríamos en las galerías. También define el método de explotación, lo valida, el método de los pilares.
-E-mining Technology trabajó con ustedes después, cuando se reabrió la mina San José.
Kemeny: Trabajó por un tiempo.
¿No ven una irregularidad?
No, vinieron a hacer su pega y terminamos.
¿Se cumplieron las recomendaciones?
Bohn: Se hizo el estudio y se entregó. Recuerdo incluso que hubo una presentación en que estuvo la plana mayor de Sernageomin de la época y los expertos fundamentaron ese planteamiento. Desde entonces hemos aplicado ese método de fortificación en la mina, en todas las galerías en que estamos trabajando. Eso implicó contratar maquinaria, cuadrillas especiales de fortificación, invertir fuertemente en los materiales que se hacen para fortificar y la verdad es que hasta el accidente grave que ocurrió en junio (en que el minero Gino Cortés Calderón perdió una pierna), el sistema funcionó bien.
¿Y por qué se produjo el accidente entonces?
Ese accidente puntual se produjo porque en un proceso normal que estaba escrito en nuestros procedimientos internos, que se han entregado a los trabajadores, dice que nuestros métodos son mallas, planchuelas y pernos que aprietan todo eso para generar una estructura firme de la galería. Esa vez se retiró una malla porque estaba demasiado cargada con piedras, pero no se repuso a tiempo.
Entonces, hubo un error de procedimiento pero no de fortificación. Simplemente se generó la falsa sensación de seguridad y hay mineros que con los solos pernos se sienten seguros. Ahí quedó la ventana de un posible problema.
En 2007, cuando murió un trabajador accidentado y el Servicio Nacional de Geología y Minería cerró la mina San José, ¿también hubo un problema con la galería?
Bohn: El 2007 también fue un problema de la galería.
¿Y los cambios se hicieron después de la reapertura?
Bohn: Lo que ellos pedían era el estudio geomecánico potente y bien fundamentado, que hiciera una recomendación de las galerías. Hubo presentaciones, discusiones y, como decía, se determinó que estaba bien. Nosotros no sostuvimos esas conversaciones a nivel técnico. ¿Por qué no sostuvimos esas conversaciones a nivel técnico? Porque no somos expertos geomecánicos. Para eso contratamos compañías expertas. Y lo que nos competía era implementar las recomendaciones, y que es lo que hicimos.
¿Qué le parece que se hable de presiones políticas en la reapertura de la mina?
Bohn: Eso me lo asignan a mí porque yo firmé la solicitud. Presumir que tengo la capacidad política para influir en el cambio de un director regional de Sernageomin que además creo que llevaba como diez años…
Kemeny: Somos una hormiga, no tenemos capacidad para eso. Si miran los informes, la fecha de inicio y la fecha de reapertura de la mina te puedes dar cuenta que esto siguió su tiempo normal de aprobación, pasando cada uno de los documentos necesarios. Si hubiese habido algo malo, no habría sido más de un año. Aquí no hay nada de corrupción, hay un estudio bien hecho, documentado, que se entregó a los profesionales de Sernageomin, que serán muchos, pocos, bien o mal pagados, pero tuvieron todo el tiempo del mundo. Esto es una sorpresa muy desagradable. Estamos muy afectados, la vida de todos nosotros ha cambiado de forma dramática. Nosotros también tenemos familia, hijos, señora, tíos y abuelos y estamos tremendamente afectados. No podemos flaquear, pero hay un lado humano que está muy tocado por todo lo que ha sucedido.
«No hubo falla geológica»
¿Esa situación podría haber sido una alerta de lo que ocurrió ahora?
Bohn: Hay varias cosas que están empezando a aparecer. No hemos querido todavía llegar a la conclusión final porque estamos sabiendo progresivamente lo que sucedió adentro. Sí me gustaría indicar que hemos hablado con los geólogos y, por lo que nos han informado, no se produjo una falla geológica en las piedras. Hay declaraciones que señalan que la había y que el derrumbe de esto era inminente. Eso yo lo quiero descartar porque la información que tengo a la vista es que este no es el caso. El accidente está más relacionado con que un pilar de seguridad, aunque suene irónico, habría cedido y al hacerlo provocó un derrumbe mayor. Son pilares de roca, no construidos.
Vincente Tobar, ex superintendente de seguridad de la mina, dijo que ustedes ahorraban recursos para la seguridad.
Bohn: Es una persona de bastante edad, que hace tiempo que no entraba frecuentemente a la mina. Creo que, tal vez, también se transpira por sus propias heridas y problemas. Él decía que para ahorrar, en vez de usar pernos de 3,5 metros utilizamos pernos de 2,5 metros. Eso es una ignorancia importantísima que debo aclarar. El informe geomecánico recomienda esos dos largos de pernos. Explícitamente hace énfasis en que los de 3,5 metros se ponen en las crucetas, en las galerías de acceso a los niveles. Pero el método de fortificación contempla los dos tipos de largo del perno. Y lo que ha sucedido ahora es totalmente distinto.
«»El subsecretario Pablo Wagner dijo que no había visto al señor Kemeny en toda la semana. Yo me fui a presentar. Me dijo: «chuta, en realidad no tenía idea, nadie nos presentó». Tenía clara la cara, pero no la asociaba al nombre».
Marcelo Kemeny
«»Hace menos de un mes estuve con mis dos hijos hombres, de 15 y 9 años, y llegamos hasta el último nivel de la mina. O sea, temor no había. ¿Entraría yo con ellos si supiera que hay algo irregular dentro? Y estuve en mayo y
junio con ellos».
Fuente / El Mercurio