(El Mercurio) Con llantos, desconsuelo y abrazos, los 28 rescatistas de élite reaccionaron al recibir la noticia de que la operación se aplazaba indefinidamente.
Tenían todo listo para intentar llegar a los 33 mineros, e incluso unos momentos antes habían recibido una arenga, que advertía que el ingreso era inminente.
Mientras eso sucedía, a veinte metros de la «zona roja» -lugar donde acampan los equipos- el ministro de Minería, Laurence Golborne, entregaba la información a la prensa sobre la suspensión del rescate.
Cabizbajos, los especialistas recordaban que ayer fue el último día de reclutamiento para las labores, que son comandadas por el experto en la materia Patricio Cerda, de la división Andina de Codelco.
A medida que iban incorporándose recibían capacitación y detalles de lo que podrían encontrar en el ingreso a la mina a través de la chimenea. Finalmente, el grupo estuvo conformado por personal proveniente de mineras privadas, estatales, el GOPE de Carabineros y bomberos de Diego de Almagro.
Nada podía fallar. Esa afirmación se la repetían incesantemente durante cada entrenamiento y cada clase en una sala de reuniones. El compromiso era total.
En un principio se determinó que la mejor forma de ingresar sería a través del método Rapel (bajando semisentados colgando de un arnés) con herramientas para apuntalar las grietas del conducto. Esta operación estaba completamente confirmada hasta anoche, cuando el ingeniero Andrés Sougarret, gerente de minas de El Teniente, cerró toda posibilidad de ingresar por esta vía, debido al peligro que significaría para los rescatistas.
Tras confirmarse la suspensión del procedimiento, los tres jefes de las cuadrillas, que estaban listas para ingresar, fueron llamados de emergencia. Se les comunicó que el acceso por la chimenea era una misión imposible.
Los líderes, de forma inmediata, partieron a sus grupos y les comunicaron la noticia.
«No hubo palabra que diera consuelo», dijo uno de los coordinadores en la emergencia.
Luego se reunieron todos formando un círculo en el que, abrazados, sólo hubo una consigna: «Los vamos a rescatar, los vamos a rescatar, los vamos a rescatar como sea».
Esa arenga selló un nuevo compromiso del grupo, donde se juramentaron no bajar los brazos, seguir entrenando y capacitándose, a la espera de que las autoridades den luz verde a la misión.
Fuentes cercanas al grupo comentaron que mientras esperan los nuevos resultados y análisis para un eventual ingreso, potenciarán un solo objetivo: mantener los intentos a través del sondaje. Porque si no hay una búsqueda, no puede haber rescate.
Rapel
Este método pretendían ocupar los rescatistas para ingresar a la mina a través de su chimenea.
Fuente / El Mercurio