Gobierno de Australia se juega su futuro con establecimiento de super impuesto minero

A dos meses del desastre en la plataforma Deepwater Horizon, los expertos prevén también una migración hacia otras zonas de exploración, como Brasil, tras la moratoria decretada por EEUU. En precio, los efectos serían escasos.

COMPARTIR

(Diario Financiero) Cuando Kevin Rudd llegó al poder a fines de 2007 como el gigante que puso fin al reinado de once años de John Howard como primer ministro conservador, prometió modernizar Australia, reforzar el crecimiento del país y construir lazos más fuertes con socios comerciales como China.

Ahora, tras dos años como el primer ministro australiano más popular en décadas, su suerte lo dejó, hasta el punto en que los sondeos de opinión muestran que su gobierno laborista de centro izquierda hasta podría perder en la próxima elección, que se espera en un par de meses.

En particular, la decisión de Rudd el mes pasado de apuntar al rentable sector minero australiano, incluyendo al campeón global doméstico BHP Billiton, así como muchas empresas foráneas, con un «super impuesto a las ganancias» de 40%, le ha causado gran daño.

En los últimos días, Rudd abogó por la unidad del gobierno en medio de rumores de que podría forzarse su salida como resultado de la propuesta tributaria. «La reforma es una tarea dura, controvertida. La clave en el proceso de reformas es que el gobierno mantenga el temple», dijo.

Los votantes australianos no han desbancado un gobierno en su primer mandato desde los «30. Un cambio de poder sería notable, considerando que el país ha sorteado con éxito la recesión global.

Rudd ha sido dañado por retrocesos políticos, incluyendo la postergación de sus leyes de cambio climático, y desencuentros burocráticos por el gasto de estímulo en aislamiento para viviendas y salones de clases. Los australianos están cada vez más confundidos respecto de lo que Rudd representa y si dirige una administración competente. «Lo veo el impuesto minero como otro paso en el rechazo a Rudd que se ha estado acumulando por algún tiempo», comentó Hugh Mackay, un investigador social australiano. «Es concebible que pueda perder la elección».

Simon Crean, el ministro de comercio de Australia, admitió este mes que el gobierno había anunciado el impuesto minero sin las consultas adecuadas. «Lo que estamos diciendo ahora es resolvámoslo. Tendremos las consultas», dice Crean.

Un sondeo publicado en los diarios Fairfax de Australia la semana pasada fue lapidario. Por primera vez desde 2007, arrojó que el gobierno perdería una elección contra la coalición opositora, encabezada por Tony Abbott. La tasa de aprobación de Rudd, que cayó 14 puntos en un sondeo en mayo, justo antes del anuncio del impuesto, se hundió otros cuatro puntos a 41%. Algunos en la industria minera esperan que la propuesta acabe con el liderazgo de Rudd, y con eso el plan. Una preocupación particular es el hecho de que el impuesto se aplica a proyectos existentes donde se han gastado miles de millones con supuestos de retornos en el largo plazo. Los mineros dicen que ese punto por sí solo eleva el riesgo soberano de Australia, crea incertidumbre y daña la competitividad global de Australia. También se oponen a que el impuesto sea aplicado indiscriminadamente entre los commodities, incluyendo todo, desde la arena y gravilla, que tienen escaso margen, hasta el uranio, intensivo en capital.

Los ejecutivos de empresas mineras internacionales y extranjeras han entrado al debate. Gina Rinehart, una millonaria de bajo perfil que heredó su fortuna de su padre, el magnate minero Lang Hancock, gritó hasta quedar ronca en una protesta en Perth hace dos semanas con 2.000 manifestantes gritando «no al impuesto».

Andrew Forrest, otro millonario minero y fundador de Fortescue Metals, el tercer mayor exportador de mineral de hierro en Australia, dice que el gobierno se dirige a un «camino comunista».

Pero a medida que los mineros refuerzan su campaña, el gobierno parece decidido a implementar el tributo. En un esfuerzo por llevar su mensaje a la gente, Canberra está gastando 38 millones de dólares australianos (US$32 millones) en una campaña publicitaria, una medida que sus opositores califican de hipócrita luego de una promesa anterior del gobierno de terminar con la publicidad con fines políticos.

A medida que el debate sigue y se acercan las elecciones, que podrían realizarse en agosto, el gobierno espera conseguir más apoyo para su línea populista de que la nación merece una proporción mayor de las ganancias extraordinarias generadas por la necesidad china de los recursos naturales del país.

Canberra también quiere redistribuir la riqueza generada por el sector de recursos. Se prevé que el impuesto minero genere 9.000 millones de dólares australianos al año, pero esas ganancias serán compensadas por un recorte en la tasa del impuesto a la renta de las empresas de 30% a 28%, mayores contribuciones previsionales y un nuevo fondo de infraestructura para apoyar la inversión del sector minero.

La semana pasada Rudd dijo que si los sondeos se vuelven realidad en la elección, «Abbott se convertirá en primer ministro». Aún si el gobierno sobrevive a la elección, será improbable que tome control del Senado, la cámara alta del parlamento, lo que podría hacer que el tributo se diluyera para asegurar su aprobación.

Fuente / Diario Financiero.

Revista Digital

Lo último del mes

Lo más leído

Temas Relacionados

Revista Digital