(El Mercurio).- De las seis ministras recién asumidas, tres ocuparon altos cargos gerenciales en empresas. De las 11 subsecretarias, diez han desempeñado puestos directivos o gerenciales en el sector público y privado.
Nada raro en un país que acaba de despedirse de su primera Presidenta con 84% de adhesión, y que cada día ve a más mujeres que ocupan altos puestos. La presencia femenina nadie la discute, pero, ¿y la valoración de su trabajo?
El psicólogo Antonio Mladinic, director de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica, y la tesista de magíster Lorena Godoy se propusieron investigar cuánto afectaban los estereotipos y roles de género en la evaluación recibida por un hombre y una mujer gerentes. Para eso, entregaron a 242 ejecutivos y ejecutivas una misma historia, pero que para unos era protagonizada por una mujer gerenta mientras que para la otra mitad la figura central era un hombre.
Su conclusión: pese a que se esperaba que los hombres evaluarían mejor a su congéneres, eso no ocurrió. Es más, no hubo diferencias entre la valoración que los 242 encuestados hicieron del hombre y de la mujer gerentes. Para ambos fue buena. «Cuando es absolutamente claro que la mujer es eficiente, sin posibilidad de ambigüedades, no hay espacio para la discriminación», explica Antonio Mladinic.
La encuesta indagó en aspectos laborales y personales. En los primeros, preguntó acerca de aumentos de salarios, o si recomendaría a esa persona para que ascendiera en la empresa. Y en lo personal, si entablaría una amistad con ella o si le pediría consejo.
«Al comparar la evaluación en el ámbito personal con el laboral hay diferencias significativas», explica Lorena Godoy. «Hombres y mujeres reciben una valoración personal más baja que la laboral».
Lorena Godoy cree que lo interesante es que esa menor valoración personal tiene consecuencias distintas para las gerentas que para los ejecutivos.
«Se espera que ellas tengan más capacidad para relacionarse con otros; entonces, si es mal evaluada en ese ámbito puede tener un efecto más negativo que para un hombre, porque se entiende que carece de un rasgo que por su género debería tener», agrega la psicóloga, cuya tesis fue publicada en el último número de la revista Psykhe.
Generación de cambio
Al analizar los resultados de este estudio, Antonio Mladinic y Lorena Godoy hacen varias observaciones. Una es que a la hora de la evaluación laboral, los sesgos de género se redujeron porque la descripción del hombre y la mujer gerentes no daba pie a ambigüedades.
Además, se entrevistó a un grupo de profesionales, mayoritariamente con cargos de dirección y con una edad promedio de 35 años. «Es gente con experiencia en un mercado laboral más mixto, que escuchó discursos empresariales que valoran la presencia de la mujer, y, generacionalmente, pertenecen a un grupo que ha sido parte de un cambio fuerte, que ha visibilizado y sanciona la discriminación de género», añade Lorena Godoy.
Teresa Valdés, socióloga e investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer, coincide con este punto y agrega otra observación: «La mujer que resultó bien evaluada laboralmente es una que adoptó las maneras masculinas de ejercer liderazgo».
Al igual que los investigadores, advierte que esta buena valoración se hizo sobre un caso experimental, y que ahora sería interesante poder realizarlo con casos reales y en situaciones laborales cotidianas.
Fuente / El Mercurio