Familiares establecen sistema de relevos y otros dejan la mina

Autoridades buscan que los familiares no sigan llegando a la mina San José.

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(La Tercera) Tras 11 días de espera, el nuevo pronóstico de que no hay plazos ciertos para el rescate de los 33 mineros atrapados volvió a cambiar el alma y la fisonomía del campamento Esperanza.

La decepción, provocada por el bloqueo de una de las chimeneas y el retraso en las perforaciones, llevó a más de alguno a arriar la bandera. Ayer pudo verse cómo familiares comenzaban a regresar a sus ciudades. La primera señal visible fue la partida del camión Freightliner de Juan Contreras -tío de Carlos Barrios-, quien tomó rumbo al sur con nueva carga desde Copiapó. «La vida sigue», dijo amargamente antes de partir.

Los clanes se disuelven. La familia Peña, que aún sueña con volver a abrazar a Edison Peña -el «Rambo»-, también comenzó a dividirse. Carmen, Ana y José levantaron su vigilia ayer por la tarde para atender sus familias y sus trabajos en la capital.

«Los jefes no les han dicho nada, pero ellos saben que la paciencia terminará por agotarse. Los niños, en la capital, tampoco pueden quedar desatendidos», comentó Oscar Peña, quien permanecerá junto a su hermano Luis Fernando -el padre de Edison- hasta que la mina se decida a soltar a los mineros.

Otros optaron por un sistema de relevos con familiares y vecinos de Tierra Amarilla, Vallenar y Caldera.

De la misma forma, las autoridades recomendaron con mayor fuerza que permanezca en el campamento el menor número de parientes posible, e hicieron hincapié en el traslado a sus hogares de adultos mayores y niños. Las municipalidades han hecho entrega de pasajes abiertos para que la gente normalice -al menos, en principio- sus labores y problemas familiares. Asimismo, se ha puesto a su disposición teléfonos celulares para que informen a sus cercanos lo que ocurre en la mina y que éstos no se vean obligados a subir.

Según un catastro realizado por la Intendencia de Atacama, la población flotante ha llegado a casi mil personas. La mitad son familiares o cercanos de las víctimas, que van y vienen durante la semana, y otros 500 son rescatistas o voluntarios.

El problema, explicaron las autoridades, es que muchas de las familias de la zona conforman un núcleo más amplio que las tradicionales. «Les pedimos, con mucho respeto, que no venga la vecina ni la amiga», explicó ayer la intendenta, Ximena Matas.

También se han reportado problemas sanitarios.
«De acá no se puede echar a nadie. El Presidente prometió hablar con las empresas para que la gente no tuviera problemas en sus trabajos. ¿Qué más pueden hacer las familias, sino esperar?», se preguntó la senadora Isabel Allende (PS).

Desánimo

El desaliento entre la población del campamento cunde. «Hoy tuve que agarrar el ánimo a patadas para que se levantara», comentó -con sutil humor negro- el ex futbolista Claudio Acevedo, yerno de Omar Reygada, el segundo minero de mayor edad en la mina, y amigo de Franklin Lobos, otro de los atrapados.

Las escenas surrealistas de los últimos días se repitieron. Una mentalista de Villa Alemana fue detenida a la entrada de la mina, cuando se disponía a acercarse al pique. La mujer, que llegó a dedo desde el sur y que vive entre los familiares, asegura haber visto el lugar en el cual se encuentran los mineros, generando nuevas ráfagas de ansiedad entre la gente. Los evangélicos, por su parte, también siguieron su cruzada. «¿Por qué terremoto, por qué tsunami, por qué esto, Señor? Primero fue el sur, ahora es el norte», voceaba un religioso.

Pocos lo tomaron en cuenta. Las 33 familias, silenciosas y alicaídas, continúan esperando que la vida le gane al espanto.

Fuente / La Tercera

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